Gobierno exige el fin de protestas; los opositores, decididos a continuar su lucha

 8 junio, 2013
 Gente que se opone a los planes del gobierno de Erdogan se concentraron ayer en un parque en la ciudad de Ankara para escuchar las interpretaciones de este violinista. | AFP
Gente que se opone a los planes del gobierno de Erdogan se concentraron ayer en un parque en la ciudad de Ankara para escuchar las interpretaciones de este violinista. | AFP

Estambul. EFE. Tanto el Gobierno turco como los “indignados” que ocupan la plaza Taksim de Estambul, apostaron por el enroque ayer, sin ceder en sus posiciones, con la exigencia del Ejecutivo del cese de las protestas y con los manifestantes quienes responden que no se irán del lugar hasta que no se atiendan sus demandas.

La Policía no ha entrado en la céntrica plaza de Estambul desde que la abandonó el sábado anterior y donde miles de personas han ocupado el parque Gezi, origen de las protestas . Las manifestaciones antigubernamentales se han extendido por las principales ciudades.

La exigencia del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, a su regreso a Turquía tras una gira por países del Magreb, de que terminen “de inmediato” las protestas no parecen haber tenido el menor efecto sobre los manifestantes.

“Deben poner fin de inmediato a manifestaciones que han derivado en vandalismo y anarquía absoluta”, dijo ante miles de personas que se reunieron durante la madrugada en la primera manifestación a favor de Erdogan, animada con cánticos como “Somos soldados de Tayyip” y “Dios es grande, aplastemos Taksim”.

Erdogan reconoció que la Policía se excedió en reprimir las primeras protestas para proteger el parque Gezi y que se han transformado en una crítica a su gestión autoritaria y sin buscar el acuerdo en asuntos sensibles.

El primer ministro ofreció su discurso ante la multitud desde un autobús descapotable de su partido, el islamista moderado AKP, lo que levantó las críticas de la oposición por dar la imagen de que gobierna solo para sus votantes.

No se moverán. Por su parte, los activistas acampados en Gezi han declarado que no tienen intención de moverse de allí hasta que se anule el plan urbanístico que prevé su demolición, se libere a los detenidos, y se destituya a los responsables policiales de los excesos.

Tampoco parece que a los millares de ciudadanos que ahora deambulan por el espacio verde, curiosean en los puestos de información, comida o artesanía o llevan a sus hijos a talleres improvisados de pintura, les afecten las exigencias del jefe de Gobierno.

Un joven, estudiante de Ciencias Políticas, explicó la posición del malestar: “Erdogan ha insistido en su proyecto de reformar el parque y construir esos cuarteles otomanos en el lugar. Eso quiere decir que no nos escucha, no hace caso a la gente y habla como si quisiera provocar más violencia”.

El movimiento de protesta, que aglutina a un amplio sector de las clases medias urbanas, es uno de los mayores desafíos al poder de Erdogan, quien venció en las tres últimas elecciones legislativas con una clara mayoría.

Como telón de fondo está el temor de la pérdida de libertad por lo que muchos consideran como una creciente legislación sobre la vida privada, según criterios religiosos, en una de las escasas democracias musulmanas con una Constitución laica.

Ayer hubo tranquilidad y no se produjeron incidentes destacados, aunque en Ankara ocurrió un desalojo de un pequeño parque ocupado por “indignados”.