Al menos 187 personas resultaron heridas

 27 mayo, 2013
 Casi 1.000 personas murieron de forma violenta en Irak en menos de dos meses. | ARCHIVO.
Casi 1.000 personas murieron de forma violenta en Irak en menos de dos meses. | ARCHIVO.

Bagdad (AFP). Una serie de atentados con bombas en la región de Bagdad y en el norte del país dejó el lunes un saldo de 58 personas muertas, en una nueva oleada de violencia.

Las bombas se centraron en áreas chiitas, especialmente en Bagdad, y aumentan la creciente tensión confesional en un país donde una minoría sunita acusa al gobierno de haberlos marginalizado.

Con los ataques de este lunes, casi 1.000 personas murieron de forma violenta en Irak en menos de dos meses, en un verdadero baño de sangre que las autoridades parecen incapaces de detener.

En esta jornada, más de una docena de atentados con bombas en la región de Bagdad dejaron por lo menos 55 muertos y 187 heridos, según informaron médicos y fuentes de seguridad.

Dos de los atentados, donde se utilizaron automóviles cargados con bombas, fueron realizados en Habibiyah, cerca de un estadio donde la selección de fútbol de Irak disputaba un partido amistoso contra el seleccionado de Liberia.

“Los guardias están allá, y un automóvil estalló aquí. ¿Cómo podemos entender esto? Este es un estado en ruinas”, se quejaba Fadhel Hanoun, un vendedor de autos usados en medio de la destrucción provocada por una de las bombas.

A su lado, otro hombre gritaba: “Este ha sido una operación organizada con cuidado. Los retenes de la policía no sirven para nada, no chequean ninguno de los automóviles que pasan”.

Por el momento, ningún grupo asumió la responsabilidad por los ataques, pero militantes sunitas ligados a la red al-Qaeda regularmente detonan explosivos contra objetivos chiitas, en una tentativa por aumentar todavía más las tensiones y minar la confianza en las fuerzas de seguridad.

Casi simultáneamente con los estallidos se registraron intensos intercambios de disparos en la provincia de Kirkuk, donde murieron un miliciano anti al-Qaeda y un operador privado de energía eléctrica. En tanto, una bomba colocada junto a una carretera en la norteña ciudad de Mosul provocó la muerte de un coronel de la policía.

La región autónoma iraquí del Kurdistán desea incorporar a su territorio la zona de Kirkuk (rica en petróleo), interés que genera intensas objeciones del gobierno central, en una disputa que diplomáticos y analistas señalan como una de las mayores amenazas a la estabilidad del país.

Las áreas en el norte de Irak donde se registraron ataques son la base de una substancial población sunita, una comunidad que durante meses ha realizado manifestaciones de protesta contra el gobierno, al que acusa de discriminación.

Aunque el gobierno ha hecho algunas concesiones para reducir las protestas, como la liberación de prisioneros o el aumento de salarios a los sunitas que combaten a al-Qaeda, problemas centrales aún tendrán que ser resueltos.

Un ataque realizado por fuerzas de seguridad contra manifestantes el pasado 23 de abril, que dejó decenas de muertos, agudizó las tensiones.

Analistas indican que recientes decisiones gubernamentales, como la negativa a hacer cualquier concesión a los manifestantes, alimentan a los grupos militantes de la oposición y les permite manipular a una comunidad claramente desilusionada.

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