Hay niños quienes piden una "ciudad feliz", porque la perciben triste y apagada.

 20 mayo, 2016

Una ciudad que "salude más y prohíba menos", "sin contaminación", con espacios más verdes, "coloridos", sin tantos parqueos y con juegos más divertidos. Eso es lo que quieren algunos niños en Costa Rica cuando transitan por las aceras de su ciudad o visitan determinados parques públicos y se topan con escenarios desagradables.

"No me gusta que haya contaminación, cosas muy sucias. Los caños a veces huelen muy feo porque están taqueados por la basura. Yo haría la ciudad más alegre, con más colores, con menos contaminación, con más árboles, que no haya muchas fábricas porque contaminan mucho", planteó Sofía Morales, de 11 años y estudiante del Instituto Educativo Moderno.

Estas son tan solo algunas opiniones que los pequeños emiten durante los talleres de arquitectura que se llevan a cabo en el país dirigidos a ellos, en los que además tienen la oportunidad de crear sus propias obras.

La arquitecta Carolina Pizarro, coordinadora de la Comisión Espacio Construido y Niñez del Colegio de Arquitectos de Costa Rica, es sorprendida constantemente en sus clases con ideas interesantes: que hay juegos que sí les gustaron en cierto momento, pero ahora quieren jugar otras cosas. Por ejemplo, que haya más zonas para patinar, quieren rayar y que se habilite un lugar donde puedan hacer grafitis para expresarse diariamente.

Otros niños se cuestionan por qué en el parque de su comunidad no ven los animales que hay en otras áreas del país. Incluso hay quienes piden una "ciudad feliz", porque la perciben triste y apagada.

"Te dicen que la ciudad salude más y prohíba menos. Camila (una niña quien participó en un taller) decía que podríamos poner rotulación por todas las partes de la ciudad que salude, que diga "Buenos días", porque ya casi no nos saludamos...Que otro día esos rótulos fueran las poesías de todos los poetas de la ciudad y que un día sean pinturas y que, cuando sea el Día del Niño, nos dejen poner las pinturas de nosotros", repitió Pizarro sobre las sugerencias hechas por los menores.

En Costa Rica y en otras naciones latinoamericanas como Argentina, Guatemala y México existen diferentes iniciativas en las que los menores tienen la oportunidad de exponer qué tipo de espacio público estiman más conveniente y desarrollan proyectos arquitectónicos a menor escala sobre su ciudad, o de inmuebles que nacen de su imaginación, como casas y edificios.

"Ellos son ciudadanos, un poco más bajitos, pero poseen opinión y son sujetos de derechos. Tienen la capacidad de pedirnos y exigirnos elementos, espacios, sensaciones desde el punto de vista de ellos", defendió Pizarro.

A continuación, revisaremos las propuestas de participación de los niños, que se impulsan en los países mencionados.

Arqui-Ticos

En Costa Rica, la citada comisión del Colegio de Arquitectos realiza talleres, charlas y concursos, en los que los niños proponen cómo quieren que sea el espacio público y plasman sus ideas a través de planos y maquetas. Estas actividades se han realizado en festivales artísticos, así como en varias escuelas del país.

También existe otra iniciativa privada denominada Arqui-Ticos, que se gesta en el Instituto Educativo Moderno (I.E.M.), en Concepción de La Unión.

Por medio de ella, cada semana se enseña a los menores sobre antropometría (estudio de las proporciones y medidas del cuerpo humano), se realizan planos reales con diseños de edificios y hasta de medios de transporte, y se construye con diversos materiales (como paletas, foam, pajillas). Asimismo, se recurre a obras de teatro participativas sobre la importancia de preservar el patrimonio histórico, dirigidas por el profesor, actor y titiritero Fernando Thiel, esposo de la arquitecta Carolina Pizarro.

Estas son algunas de las creaciones de los menores durante los talleres que reciben en Arqui-Ticos.
Estas son algunas de las creaciones de los menores durante los talleres que reciben en Arqui-Ticos.
"Ellos son ciudadanos, un poco más bajitos, pero que tienen opinión y son sujetos de derecho y tienen la capacidad de pedirnos y exigirnos elementos, espacios, sensaciones desde el punto de vista de ellos".

Niños como Diego Gutiérrez, de 11 años y quien a partir de una corta edad está convencido de que quiere ser arquitecto, ha "disfrutado un montón" las clases y desde ya plantea con determinación sus propios planos reales de casas.

"Desde los seis años yo estoy pensando en que me gustaría tomar una carrera de arquitecto, porque yo amo la arquitectura, amo hacer casas. Yo a los seis años si no tenía nada que hacer me ponía a hacer una casa y la dejaba ahí y la guardaba y me ponía a hacer otra", recordó Gutiérrez, quien al hablar desborda una pasión por el diseño.

Mariana Castillo, de 12 años, asegura que lo que le gusta del programa es que pueden edificar cualquier cosa que se les ocurra, sin límites.

"Para construir necesitamos la imaginación, necesitamos medidas, imaginarnos todas estas cosas para poder transmitirlas y hacerlas en algo físico. Me encanta que aquí podemos (hacer) volar la imaginación. Podemos expresarnos", manifestó la jovencita.

En el I.E.M., se aprovechó que se están construyendo nuevas instalaciones para que los niños fiscalizaran todo el proceso desde sus fundamentos, en torno al uso de los materiales y hasta conocieron temas de salud ocupacional, indicó Pizarro, profesora de Arqui-Ticos.

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Consejos de Niños

En ciudades -como Rosario, en Argentina- las autoridades se interesan por conocer directamente el criterio de los niños al momento de construir espacio público.

Desde 1996, el municipio de esta localidad instauró el proyecto La Ciudad de los Niños.

Desde allí se han formado "Consejos de Niños", en los que los menores tiene voz, y lo que ellos digan se analiza a la hora de tomar decisiones.

Actualmente, en dicho gobierno local existen ocho "consejos" integrados por niños escogidos en sus centros educativos y por organizaciones no gubernamentales, o bien, por aquellos chicos que voluntariamente quieren participar con sus ideas, detalla el sitio web del gobierno local.

Arki-Kids en Guatemala

De acuerdo con la arquitecta guatemalteca, Ruth Martínez, en su país se están realizando los primeros acercamientos para valorar la opinión de los niños en la edificación del espacio público.

Por ejemplo, contó que en la Municipalidad de Guatemala se han hecho talleres en los que se le consulta al niño cuál es su espacio favorito, cuál es su color preferido y ha habido intervención directa de los menores, por ejemplo, pintando aceras.

Esto se efectuó el año pasado en un barrio llamado Cantón Exposición, expresó Martínez.

Por otro lado, ella, junto con otras arquitectas, lidera un proyecto educativo desde el 2013 denominado Arki-Kids, en el que se realizan talleres de arquitectura para niños entre 5 y 10 años. A ellos se les presenta una idea, la analizan y realizan objetos a partir de esa propuesta.

"En algunos casos hacen espacio público, como dibujar un parque infantil a escala, en otras hacen su habitación preferida y así se han generado las ideas que ellos tienen en sus sueños".

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En una ocasión, los niños hicieron una silla a su medida con cartón reciclado, tras enseñárseles la relación que tienen las medidas de su cuerpo con los objetos que usan.

"Los niños juegan, ven que un objeto bidimensional -como una hoja de papel y un cartón- se convierten en objetos con tres dimensiones: una silla, una casa...", comentó Martínez sobre los efectos positivos de que los menores aprendan sobre diseño.

Durante su visita al país la semana pasada, la arquitecta Ruth Martínez compartió con un grupo de niños del Instituto Educativo Moderno. Ellos construyeron la 'Ciudad Perdida de Tikal'.
Durante su visita al país la semana pasada, la arquitecta Ruth Martínez compartió con un grupo de niños del Instituto Educativo Moderno. Ellos construyeron la 'Ciudad Perdida de Tikal'.

Clases de arquitectura en escuelas mexicanas

En México, desde hace 10 años se ha logrado incorporar la arquitectura dentro del plan de estudios de algunos centros educativos, a través del proyecto Architecture and Children de la Unión Internacional de Arquitectos.

De esta manera, menores de primero a sexto grado -con edades entre 6 y 12 años- han aprendido sobre la ciudad, el parque, temas urbanísticos y acerca de arquitectura histórica, patrimonial, contó el arquitecto mexicano Alberto Silva, uno de los impulsores de este plan.

En el Instituto Colón, que Silva dirigió hace algunos años, los niños pudieron generar proyectos relativos al arte urbano, participaron en el Festival de las Naciones Unidas, se realizaron maquetas de edificios, viajaron por trenes suburbanos, entre otras actividades.

"Podemos testimoniar de muchos niños que a partir de estos procesos de información logran tener otra visión de su casa, colonia, el parque, el barrio, la ciudad", dijo.

Según Silva, se está trabajando con las autoridades de diferentes municipios para que en México el punto de vista de los niños se tome en cuenta al momento de constituir políticas públicas.

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