El tren es de color azul, fue diseñado con una madera de alta calidad y cuenta con bares y salones.

 9 mayo, 2016
El tren de 19 vagones alberga íntimas suites con bares y salones. Puede hospedar a unos 80 pasajeros.
El tren de 19 vagones alberga íntimas suites con bares y salones. Puede hospedar a unos 80 pasajeros.

Un viaje de 27 horas a bordo del tren de lujo por excelencia en África permite revivir, en un auténtico hotel de cinco estrellas sobre ruedas, la aventura de los europeos atraídos por la fiebre del oro y los diamantes de Sudáfrica de principios del siglo XX.

Esa es la tentadora propuesta del Blue Train, cuya ruta entre Ciudad del Cabo y Pretoria (dos de los centros neurálgicos de Sudáfrica), se remonta a la década de 1920 y es una de las más emblemáticas del mundo, junto a las del Orient Express europeo o el Transiberiano ruso.

En sus vagones recubiertos de madera de alta calidad, el tren alberga íntimas suites con todos los detalles, así como bares y salones para hablar o relajarse leyendo y tener unas espectaculares vistas cambiantes a través de todas sus ventanas, que alcanzan uno de sus puntos álgidos al atravesar el desierto del Karoo.

“Cuando los barcos atracaban en Ciudad del Cabo, los pasajeros subían a los trenes para viajar hacia el norte. El tren volvía con otros pasajeros, que embarcaban para Inglaterra llevando con ellos el correo", explica a Efe Herbert Prinsloo, mánager a bordo del Blue Train.

Entre los miles de “aventureros” y “exploradores” que se han desplazado en el Blue Train desde su nacimiento, Prinsloo destaca figuras de renombre como el rey Jorge VI de Inglaterra quien, junto a su familia, lo utilizó como medio de transporte durante su visita a Sudáfrica en 1947.

Para que el rey pudiera beber en todo momento leche fresca, el tren viajó con una vaca viva a bordo.

El tren alberga íntimas suites con todos los detalles, así como bares y salones para hablar o relajarse leyendo y tener unas espectaculares vistas cambiantes a través de todas sus ventanas.

Bodas y mucha diversión

Conocido en sus inicios como el “tren del champagne”, por los brindis eufóricos de vuelta al Cabo de quienes conseguían hacer negocios en las minas de Johannesburgo y Pretoria, el Blue Train sigue siendo escenario de celebración y alegría.

“Muchas mujeres regalan viajes de cumpleaños a sus maridos. Otras parejas se casan en el tren, o se casan en alguna de nuestras paradas de 45 minutos y continúan el viaje como una luna de miel”, cuenta Prinsloo, quien trabaja en esta ruta desde 1989.

Además del ambiente festivo, se mantiene invariable el origen de buena parte de los pasajeros: británicos, estadounidenses y australianos son algunos de los pasaportes más utilizados para reservar billetes, cuyos precios oscilan entre los 900 y los 1.800 euros, dependiendo de la temporada y la clase elegida.

“Los japoneses representan un 16 % del mercado”, cuenta Prinsloo sobre la gran novedad en la procedencia de los usuarios del Blue Train, que opera con el nombre que le dan sus inmaculados vagones de color azul desde 1946.

El histórico tren sudafricano -que en la actualidad circula a una velocidad media de 80 kilómetros por hora- reanudó entonces su servicio tras haber sido utilizado para transporte militar durante la II Guerra Mundial.

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“Hemos viajado en varios trenes europeos, pero el Blue Train será nuestra primera gran ruta”, dice en la sala de espera de la Estación de Pretoria la australiana Deborah Jones, quien ha viajado Sudáfrica con sus amigos para una boda y se dispone a continuar sus vacaciones en Ciudad del Cabo después del enlace.

Una de las dos paradas que el Blue Train hace en su recorrido se efectúa en la ruta de Ciudad del Cabo a Pretoria y es el balneario victoriano de Matjiesfontein, fundado en 1884 y situado en el Karoo.

La escala en el sentido contrario es en la ciudad de Kimberley, unos 470 kilómetros al suroeste de Johannesburgo y cuna de la minería de diamantes en Sudáfrica.

Allí, los viajeros visitan la antigua ciudad minera, en cuyas casas intactas vivieron los pioneros de esta industria, y el Big Hole, o Gran Agujero, el mayor agujero del mundo excavado con pico y pala, un cráter de 214 metros de profundidad con una superficie de 17 hectáreas y un perímetro de 1,6 kilómetros.

Entre 1871 y 1914 se extrajeron de la mina 2.722 kilos de diamantes, para lo que hubo que sacar 22,5 millones de toneladas de tierra, según la empresa minera De Beers, dueña de la explotación.

Propiedad de la empresa pública ferroviaria sudafricana, Transnet, el Blue Train consta de 19 vagones y puede hospedar a unos 80 pasajeros.