En Holanda se encuentra el barrio de IJburg, una de las comunidades flotantes más grandes de Europa.

 15 abril, 2016
Estas casas flotantes se ubican en Lembang, Java (Indonesia).
Estas casas flotantes se ubican en Lembang, Java (Indonesia).

Las casas flotantes –situadas literalmente sobre el mar, un lago o un río– son una realidad en diferentes países del mundo, tanto para vivir permanentemente como para vacacionar.

Este tipo de desarrollos está proliferando no solo en Europa, Norteamérica o Asia, sino también en Latinoamérica.

En algunos casos, su construcción se debe a las condiciones del país o de la región donde su ubican, ya sea porque hay amplias zonas cubiertas por agua o porque los terrenos son propensos a inundaciones, lo que obliga a la población a buscar maneras de adaptarse.

En otros sitios hay un interés por salir de las ciudades y respirar un ambiente distinto, cerca del mar y de la naturaleza.

Más allá del contexto, la arquitectura interviene para crear espacios eficientes y cómodos que satisfagan las necesidades de los usuarios.

Contraste entre poblaciones

Holanda es un ejemplo claro de la incorporación de este tipo de casas.

Aproximadamente un tercio de este país se encuentra bajo el nivel del mar, y la salida que han encontrado algunos pobladores es construir viviendas flotantes sobre lagos, ya que el espacio para edificar sobre tierra es reducido.

IJburg, situado al este de Ámsterdam, sobre el lago IJ, es un barrio con seis islas artificiales, y se ha convertido en una de las comunidades flotantes más grandes de Europa occidental.

Las casas son modernas, con balcón, y tienden a ser incluso más asequibles en precio que las terrestres, publicó la BBC.

Existe otro tipo de casas flotantes, levantadas en ciertas zonas con problemas de inundaciones, como el barrio de Belén, en Iquitos (noreste de Perú), donde la gente se transporta en lanchas la mitad del año. Gran parte de las viviendas están construidas sobre pilotes de madera.

Este barrio, conocido como la "Venecia amazónica", dista de la realidad de Holanda, pues un porcentaje considerable de las personas que habitan esas casas se halla en condiciones de pobreza. Aquí las casas flotantes no son precisamente un lujo.

En Londres, los elevados precios de los alquileres y de las casas también han motivado a algunas personas a instalarse en pequeños barcos que se sitúan en los canales fluviales de esta ciudad y que deben movilizarse cada dos semanas, publicó el diario español El Mundo.

Vivir en un ambiente diferente

Otro segmento de población ve en las casas flotantes una oportunidad ideal para salir de la rutina y del ambiente hostil que a veces se genera en las metrópolis.

En un artículo publicado en abril de 2015, el diario La Nación de Argentina señala que las personas han mostrado interés en las casas flotantes en este país pues quieren retomar el contacto con el entorno natural, lejos de los clásicos edificios de las urbes.

En Argentina existen varios proyectos flotantes. Uno de ellos es el Econáutico Hipocampo, un predio de siete hectáreas que opera bajo un esquema sustentable, sin generar contaminación. Se ubica en la ciudad de Maschwitz, en la provincia de Buenos Aires.

Dados estos nuevos estilos de vida, en el mercado surgen innovadores productos ligados a las casas flotantes.

En Dubái se planteó un proyecto de villas flotantes de lujo. La planta inferior estará sumergida bajo el agua y desde allí se podrá contemplar un acuario.

En Portugal, la empresa Friday vende casas flotantes prefabricadas (desmontables y transportables), que tienen planta de tratamiento de aguas residuales. Las unidades miden seis metros de ancho, con alturas de entre 10 y 18 metros, y se diseñan con materiales ecológicos, traen motor y pueden ser usadas para vacacionar o como primera residencia.

¿Cómo funcionan?

Existen diferentes tipos de casas flotantes: las que yacen sobre el agua, como un barco; las que cuentan con motor para movilizarse, o las que no tienen este dispositivo y permanecen estáticas.

En otros casos, están fijadas sobre pilotes de distintos materiales, que ascienden o descienden según el nivel de la marea.

El arquitecto Robert Garita, quien conoce de cerca estas estructuras y trabaja en un proyecto ligado a ellas en Perú, explicó que la electricidad de las casas flotantes proviene de paneles solares, ya que no se pueden conectar a una red de alumbrado público.

En cuanto al agua para consumo y la que se usa en los servicios sanitarios, existen distintas alternativas.

Una es que cada cierto tiempo la vivienda se abastezca de agua externa y que periódicamente se recojan los desechos líquidos y sólidos, para evitar saturaciones y malos olores.

La otra opción –en el caso de los servicios sanitarios– es contar con una pequeña planta de tratamiento que maneje los desechos para luego expulsarlos al mar o al lago donde se encuentre la casa.

Según la capacidad económica que se tenga, se puede utilizar tecnología para recolectar agua de lluvia o crear un sistema para desalinizar el agua de mar. Eso sí: esto puede resultar oneroso.

De acuerdo con el arquitecto Garita, si este tipo de inmuebles se edifica de manera adecuada, con los estudios y cuidados correspondientes, su impacto ecológico no es diferente al de una vivienda convencional.

Sobre la existencia de casas flotantes en Costa Rica, Garita dijo que a la fecha no tiene conocimiento de que se haya construido alguna.

Sí mencionó que el tema cobra relevancia ante las condiciones de la provincia de Puntarenas, que ha presentado hundimientos e inundaciones.

Eventualmente, las casas flotantes podrían ser una solución para enfrentar estos problemas.