3 noviembre, 2015
 El presidente Recep Tayyip Erdogan (izquierda) y el primer ministro Ahmet Davutoglu abandonan el mausoleo del fundador de Turquía, Mustafá Kemal Ataturk, el cual visitaron el jueves en Ankara con motivo del Día de la República.
El presidente Recep Tayyip Erdogan (izquierda) y el primer ministro Ahmet Davutoglu abandonan el mausoleo del fundador de Turquía, Mustafá Kemal Ataturk, el cual visitaron el jueves en Ankara con motivo del Día de la República.

Ankara

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan reafirmó su política de mano dura con los rebeldes kurdos, pero también con sus rivales políticos, dos días después de que su partido recuperara la mayoría absoluta en el Parlamento.

La victoria hace temer a sus detractores un giro autoritario y nuevas presiones contra la oposición y la prensa.

El Estado Mayor anunció una serie de ataques contra objetivos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán en la provincia turca de Hakkari (sureste), fronteriza con Irak, y en territorio iraquí.

"Los refugios y los depósitos de armas de la organización terrorista situados en Hakkari y en el norte de Irak (...) fueron destruidos en una operación aérea el lunes", declaró el Estado Mayor en un comunicado publicado en su web.

Por otra parte, la policía lanzó el martes de madrugada una operación contra el principal rival de Erdogan, el imán Fethullah Gulen, y detuvo a 40 de sus presuntos partidarios en Esmirna y otras veinte ciudades del país.

infografia
El presidente turco declaró hace dos años la guerra a Gulen y a su organización, al que acusa de intentar derrocarle.

La gran victoria del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) el domingo en las legislativas anticipadas con 49,4% de los votos —casi 10% más que en las elecciones de 7 de junio— es una revancha para Erdogan , que retoma de nuevo en solitario las riendas del país.

"A falta de instituciones capaces de respetar el equilibrio de poderes, en un régimen fuerte es normal estar preocupado por un posible refuerzo de las prácticas autoritarias", asegura el analista Kemal Kirisci, de la Brookings Institution.

En el mismo sentido, la Casa Blanca condenó el lunes en una declaración las "presiones" e "intimidaciones" a los medios turcos mientras que los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) lamentaron las "intervenciones en la autonomía editorial" de la prensa.

El vice primer ministro Alçin Akdogan reaccionó a las acusaciones y aseguró que "nadie está obligado a callarse en este país", en declaraciones el martes a la cadena de información NTV. Justificó además las numerosas intervenciones judiciales en medios porque "no se pueden proferir insultos".

El pasado lunes la policía detuvo a dos responsables de la revista Nokta y confiscó su último número en el que se afirmaba que la victoria de Erdogan es "el principio de una guerra civil en Turquía".

Akdogan también confirmó la línea dura contra los kurdos. "Mientras haya terror, el gobierno lo combatirá", aseguró.

Los observadores explican el triunfo del AKP por la voluntad de estabilidad de los turcos en un país sacudido por la reanudación del conflicto kurdo y por la amenaza del Estado Islámico (EI), acusado de haber cometido el atentado suicida de Ankara del 10 de octubre en el que murieron 102 personas.

Durante la campaña, el presidente y su primer ministro Ahmet Davutoglu se presentaron como únicos garantes de la seguridad y de la unidad del país.

Por su parte, el PKK afirmó este martes a través de la agencia de prensa kurda Firatnews que la victoria de AKP es un "golpe de Estado político" cuyo único programa es "la guerra".

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