19 julio, 2014

Mosul, Irak. EFE. Ante la opción de convertirse al islam o ser asesinados, numerosas familias cristianas que residían en la ciudad iraquí de Mosul decidieron ayer huir de sus hogares y de las amenazas de los combatientes del Estado Islámico (EI, sunitas radicales).

El párroco de una iglesia de la vecina localidad de al-Hamdaniya, Bashar al-Kadia, informó de que más de 110 familias se han refugiado en esta población y otras 20 han huido hacia la de Bashika.

Esos cristianos abandonaron Mosul después de que el viernes expiró el plazo de tres días que dio el EI para que todas las familias de esa confesión dejaran la ciudad.

Una de las cristianas que huyó, Rana Yacob, dijo que los extremistas les robaron joyas, dinero y enseres personales cuando pasaron por los puestos de control que habían instalado a la salida de Mosul.

Desde que el 10 de junio esa organización se hizo con el control de la urbe, la segunda más importante del país, en un inédito avance junto a otros grupos insurgentes, los cristianos de Mosul se han visto perseguidos en su propia tierra.

El Estado Islámico, que proclamó un emirato en territorio iraquí y sirio , ha impuesto una estricta interpretación de la ley islámica ( charia ) en las zonas que domina.

En Mosul, los yihadistas marcaron las viviendas una a una para identificar a los cristianos (minoría en el país, un 3%), como hicieron los nazis con los judíos durante el Holocausto, y repartieron decenas de folletos con todo tipo de advertencias en los barrios habitados por estas personas.

En las puertas de varios de esos hogares también se podía leer “Propiedad del Estado Islámico”, un aviso premeditado de lo que iba a pasar después de que este viernes expiró el plazo de tres días dado por el EI para que los cristianos decidieran “a qué bando se unían”.

No fue suficiente con pagar el tributo islámico o yizia , de 250 dólares y aún mayor para comerciantes y empresarios, que los extremistas les impusieron nada más tomar el control de Mosul.

También les obligaron a pagar al EI el alquiler de las casas donde vivían bajo la amenaza de que les cortarían la luz si no lo hacían.

Finalmente, para salvar su vida, los cristianos se han visto obligados a convertirse a la fe islámica o directamente huir del Estado Islámico.

No les ha quedado más remedio, después de que se canceló el jueves una reunión convocada por el grupo radical, con presencia de líderes tribales, en el edificio del Sindicato de Profesores, en Mosul.

El objetivo era llegar a un acuerdo sobre las condiciones de vida para los cristianos en la ciudad y los impuestos que debían pagar si querían permanecer en Mosul.

Los sacerdotes y obispos fueron llamados a ese encuentro, pero estos se negaron a asistir y optaron por salir de la ciudad, seguidos por las familias cristianas que allí vivían, cuenta a Efe uno de los religiosos, que pidió el anonimato.

Ante la imposibilidad de un acuerdo, hombres armados dieron hoy el ultimátum a través de los megáfonos de las mezquitas para que todo aquel que no fuera musulmán abandonase la ciudad.

Rana Yacob, funcionaria cristiana de 32 años y hasta ahora residente en Mosul, asegura a Efe que su familia recibió amenazas de muerte por los combatientes.

“El pánico y el horror se apoderó de nosotros y salimos de casa para irnos a la de la familia vecina de Abu Mohamed, que son musulmanes, y desde allí hemos visto lo que ha ido sucediendo fuera”, cuenta Yacob.

La joven relata cómo unos milicianos entraron por la puerta de su casa, pero se retiraron de inmediato cuando vieron que no había nadie.

Entonces ella y los cinco miembros de su familia huyeron en el coche del vecino, poniéndose las mujeres velo integral para cubrirse la cara y no ser identificadas por los insurgentes.

El párroco Bashar Kadia, pastor de la iglesia Mar Zina de la cercana localidad de Al Hamdaniya, al oeste de Mosul, señaló que más de 110 familias se refugiaron en esa zona tras abandonar Mosul y que otra veintena lo ha hecho en la población de Bashiqa.

Otras personas están en paradero desconocido y sin contacto con sus familiares.

Además, el religioso, que explicó que los clérigos se han negado a negociar con el EI, apuntó que los cristianos que huyeron antes de que expirara el ultimátum fueron saqueados por ese grupo.

Denunció que los insurgentes les robaron su dinero, sus joyas, sus coches y todas sus pertenencias de valor tras registrar a esas personas en los puestos de control que han establecido a la salida de Mosul, ciudad de la que de repente han quedado proscritos.