La ciudad pakistaní de Rimsha Colony, de 10.000 habitantes, es objeto de una controversia sobre los derechos de los cristianos

 25 diciembre, 2015
Pakistán es una república islámica de 200 millones de habitantes, de los cuales el 1,6% son cristianos. Pakistaníes durante una misa cristiana este 25 de diciembre.
Pakistán es una república islámica de 200 millones de habitantes, de los cuales el 1,6% son cristianos. Pakistaníes durante una misa cristiana este 25 de diciembre.

Islamabad

A las afueras de Islamabad, los habitantes de un barrio marginal cristiano, el mayor de la capital de Pakistán, sólo piden una cosa a la Navidad: no tener que transportar en burro, en bicicleta o a cuestas el agua que necesitan para vivir.

La ciudad de Rimsha Colony, de 10.000 habitantes, es objeto de una controversia sobre los derechos de los cristianos en Pakistán, una república islámica de 200 millones de habitantes, de los cuales el 1,6% son cristianos.

El ayuntamiento lanzó una campaña de erradicación de los barrios que considera ilegales y, en concreto, critica a los que amenazan "la belleza del islam".

Recientemente cerró los tres pozos que surtían de agua Rimsha Colony, algo que los habitantes interpretan como un intento de expulsión.

El Tribunal Supremo suspendió las expulsiones, pero esto no les impide sentirse amenazados, y muchos sólo tienen un deseo por Navidad: que vuelva a salir agua de los grifos y la legalización de su barrio.

"Estamos preocupados, muy estresados, pero ¿qué podemos hacer? Somos impotentes", suspira Nargis Masih, un ama de casa de 33 años que vive en el barrio desde su construcción hace dos años.

Le gustaría poder celebrar la Navidad sin tener que ir en busca de agua al lugar más cercano, o sea al lado de una parada de autobús que se encuentra a 3km de allí.

Los paquistaníes cristianos sufren discriminación y acusaciones de blasfemia, un delito sancionable con la pena de muerte. Los defensores de los derechos humanos aseguran que a menudo se trata de ajustes de cuentas personales.

La barriada se llama como una adolescente detenida en 2012, acusada de haber profanado páginas del Corán. Se demostró que era falso pero Rimsha y su familia se vieron obligados a refugiarse en Canadá.

Los habitantes de su barrio de Mehrabadi, en los suburbios de Islamabad , también tuvieron que huir.

Pese a las promesas de los políticos de entonces, Rimsha Colony sigue sin un sistema de suministro eléctrico y alcantarillado.

infografia
Destrucción de barriadas. En 2014, la Autoridad de Desarrollo de Islamabad (CDA), una especie de ayuntamiento no electo, anunció que destruiría 32 barriadas consideradas ilegales por estimar que representan un carga para los recursos disponibles y mancillan la imagen de la capital, de calles bordeadas de una vegetación exuberante.

En agosto pasado destruyó un barrio levantado sin permisos, los llamados "katchi abadi". En él vivían sobre todo pashtunes que habían huido de los combates en el noroeste de Pakistán.

El Tribunal Supremo decretó una moratoria sobre las expulsiones, considerando que el derecho a la vivienda estaba estipulado en la Constitución y pidió a la CDA que le informe por escrito antes de una medida de este tipo.

En su respuesta, la Autoridad recalca que "la mayoría de estos barrios informales están ocupados por la comunidad cristiana ".

"Parece que este ritmo de ocupación de los terrenos por la comunidad cristiana puede aumentar", afirma el ayuntamiento. "La destrucción de los katchis abadis es muy urgente para ofrecer un entorno mejor a los ciudadanos de Islamabad, y para proteger la belleza del islam".

El futuro de Rimsha Colony sigue en manos de la justicia pero el ayuntamiento dio un golpe de mano, acusa Amar Rashid, un militante de izquierda.

"El agua es un derecho fundamental, pero la administración de la ciudad la distribuye en función de criterios socioeconómicos", lamenta. "Es una violación de las decisiones judiciales y un intento de forzar a la gente a irse".

Según una parábola musulmana -cuenta Arif Jan, uno de los habitantes del barrio- el profeta Mahoma concedió el perdón divino a una prostituta por haberle dado de beber a un perro sediento.

"Pero en este país", afirma este cristiano de 32 años, "parece que ni siquiera se nos considera en igualdad con los perros".

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