8 julio, 2015
Un niño palestino juega en los escombros de las casas destruidas durante la guerra de los 50 días entre Israel y Hamás que se llevó a cabo en el 2014, en el pueblo de Juzaa, al sur de la franja de Gaza.
Un niño palestino juega en los escombros de las casas destruidas durante la guerra de los 50 días entre Israel y Hamás que se llevó a cabo en el 2014, en el pueblo de Juzaa, al sur de la franja de Gaza.

Gaza

Mostasem Abú Aser, de 31 años y padre de cuatro hijos, lleva uno viviendo en su casa en el barrio de Shuhaiye de la ciudad de Gaza, el más deteriorado durante la guerra del 2014 y que sigue sumido en la destrucción.

Como muchos otros en la franja de Gaza, apenas le quedan esperanzas de que cambie su situación.

El segundo piso de la vivienda quedó totalmente destrozado en la ofensiva israelí Margen Protector, que se llevó a cabo entre el 8 de julio y el 26 de agosto del 2014 y causó la muerte de 2.251 palestinos (1.462 civiles y 551 de ellos niños) y a 67 soldados y seis civiles del lado israelí.

Su familia sobrevive hoy en uno de los cuartos del primer piso, que también resultó seriamente dañado, tras reconstruir a duras penas una de sus paredes y meter allí camas para toda la familia.

No son los únicos. Más de 20.000 casas fueron completamente destruidas y 30.000 dañadas de forma parcial en los 50 días de operación militar israelí, según datos del Ministerio de Vivienda del movimiento islamista Hamás, que controla la franja.

"Israel y Naciones Unidas han informado de que pronto se permitirá la entrada a Gaza de materiales de construcción, como un primer paso para construir 663 viviendas para los que perdieron sus hogares", anunció esta semana el titular de Vivienda, Mufid al Hasayna, que añadió que el plan de reconstrucción "ya empezó a avanzar".

Sin embargo, tras un año viviendo entre escombros, Abú Aser y muchos otros ya no se creen las grandes promesas oficiales.

"Son promesas y promesas, pero nada se mueve. No les creo. Míreme a mí y a mis vecinos: llevamos ya un año y hemos perdido la esperanza de que nuestras casas se vayan a reconstruir", declaró.

"Durante la guerra nos trasladamos a un refugio de la ONU, una semana, pero allí la vida era miserable, así que en un alto el fuego volvimos a casa a recoger cosas útiles y luego alquilé un apartamento en Gaza por $200 al mes", explica. Tras acabar la guerra, volvió a su casa destrozada con su familia.

"Arreglé una de las habitaciones y todavía vivimos allí a la espera de que empiece el proceso de reconstrucción. Mis padres, hermanos y hermanas todavía viven en el apartamento que alquilamos", añade.

"No hay hambre en Gaza, porque todo el mundo tiene comida, pero todos viven vidas miserables", Yaser El Haj, un joven de 26 años.

Más carencias. El golpe de la guerra fue un mazazo más en un territorio al que ocho años de bloqueo ha llevado a retrasar varias décadas el reloj. Los índices de pobreza y desempleo se han disparado, alrededor de un 80% de los habitantes necesita de ayuda humanitaria y el paro es el mayor del mundo, con un 43%, según el Banco Mundial.

"No puedo encontrar trabajo. Antes de la guerra vendía verduras y ahora estoy en el paro", lamenta Abú Aser, otro más de los cientos de miles que antes se ganaban la vida por sí solos y ahora dependen de la ayuda extranjera e internacional.

El paro, la creciente pobreza, el interminable bloqueo israelí (apoyado por Egipto) y la división política palestina son el combustible que alimenta desde hace años la desesperación y la falta de fe de que la situación vaya a mejorar algún día.

La tregua acordada entre Hamás e Israel tras la ofensiva se ha respetado en un alto grado, aunque en los últimos meses se ha registrado el lanzamiento de varios cohetes desde la franja, respondidos con bombardeos israelíes sobre objetivos militares palestinos.

No obstante, los residentes saben que la violencia podría estallar de nuevo en cualquier momento.

"Si me pregunta si espero otra guerra, diría que no, porque hemos tenido ya suficientes. Hemos pasado tres guerras, en 2009, 2012 y 2014 y no hemos ganado nada con ellas, solo destrucción y pobreza", se queja Yaser El Haj, un joven de 26 años de Jan Yunis, al norte del territorio, que perdió su casa y a ocho miembros de su familia el pasado verano.

"La situación es desesperante. Llevamos ocho años hablando de unidad (política palestina) y no se ha hecho nada. También se habla de una solución de paz permanente y; sin embargo, las cosas empeoran. Así que la única solución es aceptar lo que tenemos ahora", asegura El Haj.

La falta de avances en la reunificación palestina es uno de los factores que ha impedido que los $5.400 millones a que se comprometieron los donantes en El Cairo el pasado octubre lleguen a Gaza y empiecen a financiar la reconstrucción.

"Vivimos una vida horrible y una muerte lenta", se queja El Haj, que admite que "no hay hambre en Gaza, porque todo el mundo tiene comida, pero todos viven vidas miserables".

"Yo lo perdí todo en la guerra. No quedó nada. Aquí la gente no muere de hambre, como en otros sitios. Pero mueren de estrés y de ira porque la situación no mejora", señala en pie sobre los escombros de lo que, hace un año, era su hogar.

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