Territorio debe emprender muchas mejoras en infraestructura; por ejemplo, no hay telefonía celular

 19 abril, 2015
Una clienta busca un producto entre las estanterías semivacías de un comercio en Jamestown, Santa Elena.
Una clienta busca un producto entre las estanterías semivacías de un comercio en Jamestown, Santa Elena.

AFP

Perdida a cinco días de barco de Ciudad del Cabo, Santa Elena sueña con convertirse en un destino turístico con la apertura de un aeropuerto en el 2016, pero nada o casi nada está listo para una llegada masiva de visitantes en esta pequeña isla británica de 4.200 habitantes.

Área: 121 km2

Población: 4.255 habitantes

Estatus: Territorio británico

"Si llegáramos a recibir 30.000 turistas por año, los economistas dicen que la isla podrá ser autosuficiente" y prescindir de las subvenciones de Londres, señala Cathy Alberts, la directora de la oficina de turismo. Eso es un promedio de 600 visitantes semanales.

La cifra pone nerviosos a los isleños, puesto que Santa Elena recibe ahora 1.500 visitantes anuales.

"¿Se imaginan el caos en las carreteras con 30.000 turistas?, ironiza Niall O'Keeffe, el director de la empresa de desarrollo local Enterprise St Helena.

Aunque en esta roca de 18 kilómetros de largo por 8 kilómetros de ancho situada en medio del Atlántico todo queda cerca, las carreteras son particularmente estrechas y siempre con pendiente.

Varios obstáculos. El sistema vial no es el único problema en este territorio británico de ultramar. Tampoco hay nada previsto para recibir más gente en esta isla tropical sin playas ni cocoteros. Las tiendas están a menudo vacías, es mejor avisar antes para poder comer en un restaurante, solo hay un banco y ningún cajero, la conexión a Internet es lenta y costosa...

Después de haber publicado un plan de desarrollo particularmente ambicioso -el auge del turismo tenía que dar trabajo a los isleños expatriados en Ascensión o en las Malvinas- las autoridades locales son ahora más prudentes.

"Dentro de diez años veo Santa Elena mucho más animada, con más gente, más restaurantes y más tiendas", predice en voz alta el gobernador Mark Capes. "Pero no será un big bang, no ocurrirá de la noche a la mañana".

Con la apertura del aeropuerto, prevista para febrero del año que viene, la isla tendrá inicialmente una conexión semanal desde Jonannesburgo.

Concretamente, transportará cada semana más o menos el mismo número de pasajeros que el barco actual, que solo llega una vez cada tres semanas. Los profesionales creen que habrá más turistas a bordo, porque la travesía en barco exige tener por lo menos diez días por delante, y bastante desembolso también.

Atracciones para el visitante. Los visitantes podrán disfrutar de seis días de estancia en la isla, suficiente para conocer este lugar extraño donde uno pasa en escasos kilómetros de pastos que recuerdan a Irlanda a casi desiertos que dominan el mar.

Podrán recogerse ante la antigua tumba de Napoleón, visitar la casa donde murió el emperador francés que estuvo desterrado en Santa Elena de 1815 a 1821, hacer senderismo, submarinismo, fotografiar aves o ir a ver delfines.

Se habla ya de un segundo vuelo, que a los hoteleros les gustaría que conectara con el Reino Unido, la madre patria de la que proceden la mayoría de los turistas.

"Para tener dos vuelos semanales, tendremos que duplicar la capacidad hotelera", advierte sin embargo Dax Richards, responsable de las finanzas del territorio.

El abastecimiento de productos es una de las mayores dificultades que enfrenta la isla de Santa Elena, como puede apreciarse en este comercio en la población de Jamestown.
El abastecimiento de productos es una de las mayores dificultades que enfrenta la isla de Santa Elena, como puede apreciarse en este comercio en la población de Jamestown.

Un edificio histórico debe ser transformado próximamente en hotel en el centro de la capital, Jamestown, pero la isla solo ofrece por el momento 85 camas, además de un puñado de apartamentos de alquiler.

Santa Elena también deberá invertir en infraestructuras, carreteras, agua, electricidad y alcantarillado, entre otros. Un gasto excesivo que va en contra de la tendencia a reducir la dependencia de Londres, que le proporciona actualmente 60 millones de libras ($88 millones) anuales, el grueso de sus ingresos.

Sobre todo que algunos profesionales del turismo temen que los futuros visitantes que lleguen en avión se vayan decepcionados. ¿Qué reacción tendrán por ejemplo cuando vean que no se hace nada ante las basuras acumuladas en Jamestown y en sus inmediaciones.

Otros habitantes temen simplemente que la isla pierda su alma.

"Espero que no perdamos nuestra cohesión, nuestro sentido de la solidaridad", explica el guía Basil George. "Es lo que me da miedo del aeropuerto, no el aeropuerto en sí", agrega.

La revolución está ya en marcha, con la llegada anunciada de un primer supermercado moderno a Longwood, muy cerca de la casa de Napoleón, o la transformación de una ferretería en bar de tapas en la capital.

Y Santa Elena tiene pendiente otra revolución importante para antes de fin de año, la llegada del teléfono móvil.