Los sindicatos contabilizan unos 200.000 despidos desde que asumió el gobierno de centroderecha del presidente Mauricio Macri.

 7 agosto, 2016
Fieles llegaron a la iglesia de San Cayetano en Buenos Aires, Argentina a pedir ayuda del santo.
Fieles llegaron a la iglesia de San Cayetano en Buenos Aires, Argentina a pedir ayuda del santo.

Buenos Aires

Miles de fieles devotos de San Cayetano en Argentina acudieron este domingo a la iglesia del patrono del trabajo en Buenos Aires para pedirle "pan y trabajo", ruego que organizaciones sociales volvieron grito en las calles con una multitudinaria marcha de protesta hacia la casa de gobierno.

Bajo la consigna de Techo, Tierra y Trabajo que marcara el papa Francisco, el arzobispo Mario Poli ofició la misa central, en la que leyó una carta del sumo pontífice donde expresa su preocupación por que "los índices de desocupación son significativamente altos" en el país sudamericano.

Poli reclamó "progreso, paz y justicia para todos" y alertó que "una foto o un encuentro con el papa no te hace su vocero, amigo ni misionero si no practicamos los mandamientos de la compasión con el otro". La misa fue a las puertas del templo, en el barrio de Liniers, al oeste de la capital argentina.

Horas antes había partido desde allí una multitudinaria marcha convocada por organizaciones sociales y apoyada por sindicatos y organismos defensores de los derechos humanos para unir a pie los 13 kilómetros que separan el templo de la Plaza de Mayo, frente a la sede gubernamental.

A su paso, varias columnas de manifestantes se sumaron a la llamada "caravana por el trabajo digno" para confluir en una multitud que colmó la Plaza de Mayo con un solo grito: "íTrabajo!".

En cifras. Los sindicatos contabilizan unos 200.000 despidos desde que asumió el gobierno de centroderecha del presidente Mauricio Macri, en diciembre pasado.

Una mujer sostiene la imagen de San Cayetano durante una peregrinación en Buenos Aires, Argentina.
Una mujer sostiene la imagen de San Cayetano durante una peregrinación en Buenos Aires, Argentina.

En mayo, Macri vetó por "innecesaria" una ley que desalentaba los despidos por seis meses, al imponer una doble indemnización.

El gobierno admitió que el sector privado expulsó a 52.000 personas entre enero y mayo y el público, a 11.000. Las estadísticas oficiales se conocerán el 23 de este mes.

La inflación ronda el 40%, empujada por un aumento de tarifas de luz, agua y gas del 700% en promedio. La pobreza sumó a 1,4 millones de personas en apenas un trimestre y alcanza al 34,5% de la población, según la Universidad Católica.

"El ideal de vivir a la Argentina como una gran familia donde la fraternidad y el bien común incluyan a todos los que peregrinamos por su historia, está lejos de haberse alcanzado", dijo Poli.

"El papa nos pidió a los obispos que acompañemos los reclamos del pueblo por pan y trabajo, por eso estamos aquí", dijo Eduardo Farrel, cura del Movimiento Misioneros de Francisco, una de las organizaciones convocantes a la marcha.

Entre sonar de bombos y cánticos por "más trabajo", vecinos saludaron la marcha con aplausos desde los balcones mientras las filas se fueron engrosando hasta superar los 100.000 participantes, según los organizadores.

"Estamos a favor de la inclusión y contra el sistema del descarte. Hay una notable pérdida de trabajo. Por cada puesto formal que se pierde hay tres o cuatro de la economía informal que desaparecen. Ellos son invisibles a las estadísticas y están sufriendo", indicó Farrel.

La imagen de San Cayetano encabezaba la marcha, pero abundaban las del papa Francisco, algunas con las 3 'T' que simbolizan su mensaje por "techo, tierra y trabajo"; otras con su exhortación "hagan lío".

Jeremías Sosa tiene 54 años, es paraguayo y hace diez que reside en Argentina, donde dice siempre vivió "dignamente" de su trabajo de albañil, pero este mes regresa a su Villa Rica natal "porque ya no hay 'changas'" (empleo temporal).

"Acá todo es muy caro, el alquiler, la comida. Allá en el campo al menos tenemos qué comer, dónde vivir", dice entre lágrimas, sentado en uno de los bancos de la iglesia.

Acudió a San Cayetano junto a su esposa y su cuñado, desesperados "porque la situación ahoga".

En el templo, el ir y venir de fieles es constante. Algunos rezan en silencio, otros ingresan de rodillas.

Afuera una fila humana de más de un kilómetro aguarda para tocar la imagen del santo y rogar por trabajo. El sol radiante acompaña una fresca mañana de invierno austral.

Sebastián trabaja como voluntario en la oficina de empleo de la Iglesia. "Recibimos unos 60 pedidos por día, pero conseguimos ubicar a unos 50 por mes, la mayoría para cuidar ancianos o en tareas domésticas", explica.

Diana Albino, en cambio, viene a agradecer "por seguir teniendo trabajo". Está a punto de graduarse en Derecho y es empleada pública. Después de cumplir su promesa de visitar al santo en la iglesia, se unirá a la marcha.

"Es un buen día para hacerla en el día del santo del Trabajo, representa un llamado de atención al gobierno, ojalá escuche", ruega.