Enfrentamientos con palestinos en la mezquita de Al-Aqsa generaron disturbios

 27 julio, 2015
La policía israelí dijo que entraron en la mezquita de Al Aqsa para evitar que los jóvenes manifestantes árabes atacaran a Judíos durante un día de fiesta bíblica. | AP
La policía israelí dijo que entraron en la mezquita de Al Aqsa para evitar que los jóvenes manifestantes árabes atacaran a Judíos durante un día de fiesta bíblica. | AP

Jerusalén EFE La Policía israelí dijo ayer que debió entrar en la explanada de las Mezquitas de Jerusalén para impedir los ataques de jóvenes árabes a visitantes judíos, que celebraban una jornada de ayuno por la destrucción de templos bíblicos.

De madrugada se registraron fuertes disturbios en ese recinto sagrado para musulmanes y judíos, cuando decenas de palestinos intentaron bloquear los accesos para impedir las visitas judías al lugar con motivo de la jornada de Tishá Beav , conmemoración de origen rabínico considerada la madre de todos los duelos y desgracias que padeció este pueblo a lo largo de la historia.

Los judíos consideran ese promontorio, que llaman “monte del Templo”, el lugar de emplazamiento de los bíblicos templos de Jerusalén, y es venerado por los musulmanes como “Noble Santuario”, pues alberga la cúpula de la Roca y la mezquita de Al-Aqsa, esta última tercera en la jerarquía del islam.

Atrincherados. Según informó la Policía israelí, grupos de jóvenes árabes , algunos enmascarados, se atrincheraron la noche del sábado en Al-Aqsa, donde acumularon piedras, maderas y cocteles molotov para enfrentarse con los agentes e impedir visitas turísticas que se permiten dos veces al día en la zona.

Los jóvenes tomaron la plaza central por la mañana y, cuando los policías empezaron a subir por las escaleras del norte, empezaron a lanzarles piedras, bloques de cemento, bengalas y cocteles molotov, informó el portavoz policial Miki Rosenfeld, que indicó que “varios agentes resultaron heridos”.

La Policía cerró entonces los accesos a la Explanada hasta que se restauró la calma y se volvieron a permitir las visitas, ante la confusión de cientos de turistas.

Centenares de devotos judíos, separados por sexos, acudieron esta mañana a los rezos matutinos frente al muro de las Lamentaciones , también conocida como pared occidental, uno de los pocos vestigios del templo que mandó construir el rey Herodes, y desde anoche epicentro de todas las plegarias y llantos de ayuno.

Pese a la aparente calma que reinaba, de tanto en tanto podían escucharse granadas de estruendo disparadas por efectivos antidisturbios y varios agentes aún se encontraban avanzado el día en la Explanada y se acercaron por la techumbre aledaña hasta Al-Aqsa, donde efectuaron disparos junto a las ventanas de la mezquita ante la mirada atónita de turistas y curiosos.

El recinto es el centro espiritual de las demandas políticas de los palestinos en Jerusalén , cuya parte oriental, ocupada por Israel desde 1967, reclaman como capital de su Estado.

Grupos de la extrema derecha judía visitan en ocasiones el lugar para reivindicar su presencia y soberanía, desencadenando así choques con los palestinos que rezan allí.

El ministro israelí de Agricultura, Uri Ariel, del ultranacionalista Hogar Judío, visitó la Explanada tras haber coordinado su acceso con el Ministerio de Seguridad Interior y la Policía, informaron medios locales.

Desde el amanecer del domingo hasta que se pone el sol, los judíos recuerdan Tishá Beav , novena jornada del mes hebreo.

En esta fecha lloran, entre otras desgracias, la destrucción de los dos templos de Jerusalén: el construido por el rey Salomón y destruido por Nabucodonosor en el año 587 a.C., y el segundo templo, levantado por Herodes y de mayor grandeza, arrasado por las tropas del emperador romano Tito en el 70 de nuestra era.

Los más devotos permanecen 25 horas sin comer además de otras abstinencias como no beber, lavarse, perfumarse, calzar zapatos de cuero o mantener relaciones sexuales.

Por este motivo, numerosos devotos acudían al Muro de las Lamentaciones descalzos o con calcetines blancos, y las mujeres hacían sus plegarias sentadas en el suelo, apenas apoyadas sobre el respaldo de una silla también volcada, o literalmente tumbadas, tradición que se sigue en los días de duelo fúnebre, símbolo de la destrucción de los templos.

Así comenzó el la dispersión del pueblo judío y una larga diáspora de 2000 años.