La mitad de los candidatos fueron expulsados o renunciaron a seguir

 4 abril, 2016
La candidata presidencial peruana Keiko Fujimori asiste a un mitin en el distrito de Manchay, en el sur de la ciudad de Lima, el 31 de marzo. | EFE
La candidata presidencial peruana Keiko Fujimori asiste a un mitin en el distrito de Manchay, en el sur de la ciudad de Lima, el 31 de marzo. | EFE

Lima AFP En una elección marcada por la expulsión y renuncia de la mitad de los candidatos, Perú elegirá el 10 de abril a su nuevo gobernante, en un proceso que la OEA tilda de “semidemocrático” y que puede llevar a una mujer al poder.

“Llegamos a esta elección con mucha incertidumbre, con mucho malestar, concluyendo un proceso no solo controvertido, sino que irregular, con expulsiones de candidatos, casos que no se habían visto antes”, dijo el director de la consultora Vox Populi, Luis Benavente.

“También llegamos sin convicción, sin una causa, buscando, otra vez, el mal menor”, agregó.

Un simulacro de votación de Ipsos, difundido el domingo, confirma el liderazgo de Keiko Fujimori con 34,4%, mientras el derechista Pedro Pablo Kuzcynski (16,8%) y la izquierdista Verónika Mendoza (15,5%) registran un empate técnico en el segundo lugar debido al margen de error de 2,3 puntos porcentuales.

Son unos 23 millones de peruanos lo que deberán elegir al sucesor de Ollanta Humala, en busca de alguien que enfrente tres problemas claves: incremento de la inseguridad ciudadana, reactivación de la economía y resolución de conflictos sociales vinculados con minería y medio ambiente, en una campaña escasa de propuestas y repleta de agravios.

Las recientes estimaciones muestran una tendencia al alza en Mendoza, una congresista disidente del gobernante Partido Nacionalista y psicóloga de 35 años que ha capitalizado el descontento popular frente a la clase política tradicional.

Voto migrante. En menos de cuatro meses, buena parte de la masa electoral ha migrado de un candidato a otro y hoy impulsa a la más joven de las concursantes, en un país donde el voto es obligatorio.

Keiko Fujimori, de 40 años, debe su popularidad a un electorado cautivo heredado de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, quien purga condena por corrupción y crímenes de lesa humanidad, un gobierno (1990-2000) del que ella trata de marcar distancia para captar mayor apoyo, pese a que fue su primera dama.

Kucynski, de 77 años, exministro y hombre de negocios, ha recorrido Perú para aglutinar preferencias con relativo éxito, pero encuentra resistencia entre quienes ven en él a un representante de los intereses empresariales.

Entre renuncias y expulsiones, de los 19 candidatos que iniciaron la contienda en enero solo quedan 10, entre ellos, un exgobernador regional que está en la cárcel a la espera de un juicio por corrupción.

Partidos políticos débiles impulsan al peruano a buscar un outsider (independiente, sorpresa) que los represente. Pero el elector ha tenido que acomodarse a las consecuencias de una ley aprobada a tropezones por el Congreso y que sanciona con la expulsión a los candidatos que entreguen dádivas, incluso el mismo día de la elección.

En la actual carrera fue expulsado César Acuña, un empresario que regaló dinero durante una actividad proselitista. También quedó fuera Julio Guzmán, que en febrero estaba segundo en los sondeos, por incumplir normas administrativas en las primarias de su partido.

Bien librada. Keiko Fujimori también fue investigada, pero salió bien librada porque, pese a estar presente en una actividad de campaña donde hubo entrega de dinero, ella no lo hizo directamente. La decisión desató críticas contra el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) por la ausencia de criterios claros.

Hasta el propio secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha advertido del riesgo de elecciones “semidemocráticas” por culpa de esta ley. El JNE y los organismos electorales aclararon que no tienen más remedio que aplicar la ley y culpan al Congreso de “las perversiones” que ha generado. El 10 de abril, los peruanos elegirán también a los 130 parlamentarios que integran el Congreso unicameral.