Aproximadamente 1,4 millones de extranjeros ingresarán para el hach

 8 septiembre, 2016

La Meca

Además de gastar miles de dólares para viajar a La Meca con motivo de la peregrinación del hach, los fieles musulmanes tienen otro gasto ineludible: el de los numerosos regalos que tienen que llevar a su casa.

Sidi Mojtar Dembele ya ha gastado el equivalente de más de $850 en tasbih (cordones de oración del islam), alfombras de oración y otros recuerdos que piensa regalar la familia y a los amigos que se quedaron en Malí.

Este inspector de aduanas de 54 años, vestido con un traje tradicional azul y tocado con un bonete blanco, afirma que se he limitado a cumplir con un deber religioso.

Peregrinos extranjeros dejaron ingresos de unos $5.300 millones en el 2015

"Esto es lo que el profeta Mahoma nos pidió, tenemos que llevar regalos a la familia y a los amigos", dijo a la AFP en una calle atestada de puestos.

A unas decenas de metros de la Gran Mezquita, en la avenida Ibrahim Al Jalil, donde las tiendas rivalizan entre sí con luces intermitentes y carteles en todas las lenguas para atraer al gentío, Mohammed Hasan también hace sus compras.

"Ya he comprado abayas", los largos vestidos tradicionales del Golfo para las mujeres, "bonetes, perfumes, alfombras de oración, incienso", cuenta este ingeniero egipcio de 61 años.

En total, su presupuesto asciende a 3.000 riyales saudíes", afirma, unos $800. Una cantidad que se suma a los $6.700 que le han costado el viaje en avión y las noches de hotel en La Meca y en Medina, las dos ciudades santas de Arabia Saudí, reconoce, haciendo una mueca.

¿Por qué comprar? Pero, asegura, es imposible no comprar pues "serán recuerdos de los que los amigos y la familia estarán orgullosos. Tienen un verdadero valor, un precio incalculable".

"Mis hijos podrán decir 'papá me ha traído esto de la Kaaba'", la construcción cúbica alrededor de la cual fue construida la Gran Mezquita, hacia donde los musulmanes rezan cinco veces al día, continúa Hasan.

Fuente e ingresos. Pues si, ante todo, el hach es para los musulmanes una aventura espiritual, una vuelta a los mismos lugares en los que Mahoma cumplió los ritos que han permanecido inalterados, la peregrinación también supone una industria que Arabia Saudí quiere desarrollar todavía más, como una alternativa al rédito que le proporcionan los hidrocarburos, casi el 50% del producto interno bruto (PIB).

Una pareja de musulmanes indios daba vueltas alrededor del santuario de la Kaaba, dentro de la Gran Mezquita de La Meca, Arabia Saudí.
Una pareja de musulmanes indios daba vueltas alrededor del santuario de la Kaaba, dentro de la Gran Mezquita de La Meca, Arabia Saudí.

La temporada del hach, con los 1,4 millones de peregrinos extranjeros que deberían llegar a La Meca en unos diez días, es la más importante, unos visitantes que son un maná que aporta al país miles de millones de dólares cada año.

En el 2015, según la Cámara de Comercio y de Industria de La Meca, los peregrinos extranjeros gastaron casi 20.000 millones de riyales saudíes durante el hach, unos 5.300 millones de dólares.

Unos gastos "para los que hemos ahorrado toda nuestra vida", aseguró Gamal Hamada, que ha viajado desde Egipto junto a su esposa. "Hemos trabajado durante años para pagarnos el hach" y una vez que "hemos realizado este sueño", hay que volver al país cargados de regalos.

Este año, el peregrinaje no ha empezado, pero Maged Abdalá, quien regenta una pequeña tienda de alfombras de oración y atuendos islámicos, afirma que su volumen de negocio diario varía entre los 20.000 y los 25.000 riyales saudíes (entre $5.300 y $6.600).

En las inmediaciones de la Gran Mezquita, sobre una tela extendida en el suelo, los vendedores proponen volver a los tiempos del profeta vendiendo incienso tradicional del Golfo o palos de siwak, unos "cepillos de dientes naturales" que se pueden ver en la boca de muchos peregrinos.

"La mayoría de los regalos tienen una simbología religiosa, ayudamos a los familiares que se quedaron en el país a sentir el fervor de la peregrinación", asegura Omar Sar, de 58 años y llegado desde Senegal. "Con estos regalos, les incitamos a reforzar su fe con la esperanza de que ellos también vengan a La Meca".