22 julio, 2013

Río de Janeiro

El papa Francisco llamó el lunes a los jóvenes católicos del mundo a evangelizar a las naciones, en su primer discurso en Brasil, donde al igual que en el resto de Latinoamérica la Iglesia católica pierde fieles frente a los evangélicos y el laicismo.

El primer papa latinoamericano dijo que vino a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que presidirá del 23 al 28 de julio y donde participarán cerca de un millón y medio de personas, para reunirse con jóvenes de todo el planeta "atraídos por los brazos abiertos del Cristo Redentor".

"Vayan y hagan discípulos a todas las naciones", les dijo Francisco a los jóvenes en su primer discurso en Brasil, junto a la presidenta Dilma Rousseff.

"He aprendido que para tener acceso al pueblo brasileño, hay que entrar por el portal de su inmenso corazón; permítanme pues que llame suavemente a esa puerta (...) No tengo oro ni plata pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo", añadió el papa argentino, de 76 años.

El papa Francisco besa a un niño en el papamóvil en su camino hacia el Palacio Guanabara, después de su llegada a Río de Janeiro.
El papa Francisco besa a un niño en el papamóvil en su camino hacia el Palacio Guanabara, después de su llegada a Río de Janeiro.

En su discurso, sin mencionar las protestas en Brasil -y mientras cientos de personas se manifestaban cerca contra el gasto público de 53 millones de dólares de su visita y la JMJ- el Papa pidió garantizar derechos básicos a los jóvenes del mundo, como "seguridad y educación".

La presidenta Rousseff, por su lado, aseguró que la juventud brasileña está comprometida en una lucha "por una nueva sociedad", y estimó que la democracia, la inclusión social y la mejora de la calidad de vida impulsadas por su gobierno "generan deseos de más".

"Los avances que conquistamos son solo un comienzo", prometió.

Más de un millón de brasileños se volcaron a las calles en junio, contra la corrupción política y la pésima calidad del transporte, la salud y la educación pública -en contraste con los millones que se gastan en estadios para el Mundial de fútbol 2014-.

La mandataria, una exguerrillera de izquierda, sostuvo que Brasil y la Iglesia liderada por el papa Francisco comparten los valores de "justicia social, solidaridad, derechos humanos y la paz entre naciones".

"Luchamos contra un enemigo común: la desigualdad", dijo Rousseff, que elogió el nombre escogido por el Papa en honor a san Francisco de Asís, defensor de los pobres. El gobierno de Rousseff y el de su antecesor Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) lograron incluir en la clase media a 40 millones de brasileños en la última década.