El pontífice oficiará el domingo una misa en Belén, Palestina

 24 mayo, 2014

Amman, Jordania

El Papa Francisco instó a las partes a que vuelvan a la senda de las negociaciones en Siria y a atajar la emergencia por los refugiados. El llamado lo hizo durante un encuentro este sábado en Betania, Jordania, con refugiados, en su mayoría sirios.

El pontífice argentino se desplazó a esa zona, conocida como el "Valle Melodioso", a pocos kilómetros del lugar donde el río se ensancha y se mezcla con el Mar Muerto, y que según la tradición fue el lugar donde Jesús fue bautizado.

"Constato con dolor que sigue habiendo fuertes tensiones en la región medio oriental", reconoció el papa al ser recibido en el palacio Real Al Husseini de Amman por las autoridades del reino de Jordania, encabezadas por el rey Abdalá II y su familia.

"Es necesario y urgente encontrar una solución pacífica a la crisis siria, además de una justa solución al conflicto entre israelíes y palestinos", había clamado el pontífice en el primer discurso que pronunció al comenzar su visita a una de las regiones del mundo más sacudidas por los conflictos.

Como Benedicto XVI hace cinco años cuando visitó la región, Francisco abogó por la libertad religiosa que, dijo, es un derecho humano fundamental y que espera “firmemente” sea tenido en gran consideración en todo Medio Oriente y en el mundo entero", dijo.

Francisco reiteró también el derecho a manifestar públicamente la propia creencia, en una condena clara a las persecuciones que padecen los cristianos en la región.

En su breve discurso, pronunciado en italiano, el papa argentino envió un saludo especial a la comunidad musulmana.

"Aprovecho la ocasión para renovar mi profundo respeto y consideración a la comunidad musulmana y expresar mi reconocimiento por el liderazgo que su majestad el rey ha asumido para promover un entendimiento adecuado de las virtudes proclamadas por el Islam y la serena convivencia entre los fieles de las diversas religiones", subrayó.

El papa viaja acompañado por un rabino y un profesor musulmán, dos amigos y compatriotas suyos, como un gesto de tolerancia y diálogo entre las tres religiones monoteístas.

Francisco dirigió también un saludo "lleno de afecto a las comunidades cristianas" que residen en Jordania desde "los tiempos apostólicos".

Esta escala resulta más importante de lo que parece, pues Jordania se presenta como un interlocutor del mundo islámico, una suerte de mediador para la paz en la zona.

Jordania además se ha salvado de las convulsiones de la

“primavera árabe” y la comunidad cristiana, compuesta por 250.000 personas, entre católicos y ortodoxos, se mantiene estable.

Sin embargo, los cristianos en Medio Oriente sufren graves ataques y se han convertido en una especie en extinción.

Representan actualmente el 2% de la población, cuando hace medio siglo eran el 10%, según datos de la página católica Religión Digital.

En el estadio internacional de Amman, ante miles de refugiados palestinos, sirios e iraquíes, el papa imploró por la paz, que "hay que buscar con paciencia y construir artesanalmente", clamó.

"La paz no se puede comprar, es un don", dijo en su homilía intercalada por sugestivos cantos en italiano y en árabe.

Durante la celebración 1.400 niños recibieron la primera comunión.

"Es algo grande, que Francisco haya venido", confesó Veronica Moutaame, entre las asistentes.

Bajo un sol radiante, en una tienda similar a las del desierto, rodeado de dos fotografías gigantes de los nuevos papas santos, San Juan Pablo II y San Juan XXIII, presidió la ceremonia vestido con su simple sotana blanca.

El domingo se desplazará en un helicóptero militar jordano a la ciudad palestina de Belén para reunirse con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas, y oficiar otra misa ante unas 8.000 personas en la plaza del pesebre.