Crecimiento de conversos pone a región en posición privilegiada

 13 enero, 2015
El papa Francisco saluda a un embajador durante el recibimiento de los diplomáticos acreditados ante el Vaticano, este lunes, poco antes de pronunciar un discurso en el cual denuncio el fundamentalismo religioso que inspiró la masacre de París la semana pasada.
El papa Francisco saluda a un embajador durante el recibimiento de los diplomáticos acreditados ante el Vaticano, este lunes, poco antes de pronunciar un discurso en el cual denuncio el fundamentalismo religioso que inspiró la masacre de París la semana pasada.

Ciudad del Vaticano AFP El papa Francisco inició ayer su segundo viaje a Asia en seis meses, una manera de destacar su interés personal y la importancia estratégica de ese continente para el catolicismo.

Asia, pese a contar solo con el 3,2% de los católicos del mundo, es junto a África la zona donde el catolicismo está creciendo en forma significativa y donde se celebra el mayor número de bautismos.

La segunda visita del Papa argentino al continente asiático, con una etapa en Sri Lanka y otra en Filipinas, empieza oficialmente este martes (aunque viajó ayer) y terminará el 19.

Francisco cumple con este viaje su sueño de joven sacerdote, cuando pidió ser enviado como misionero jesuita a Japón, pero los médicos no lo autorizaron porque solo tenía un pulmón y el clima húmedo no era conveniente.

En el Vaticano se considera que el centro de gravedad del mundo se trasladó a Asia y en particular a China, país que se ha convertido en prioridad.

En agosto, el Papa decidió visitar Corea del Sur, país emblemático por el notable crecimiento de la minoría católica.

Soñando con China. Hace seis meses, cuando sobrevoló por primera vez China, el Papa dijo admirar la “sabiduría” de ese pueblo y confesó a los periodistas que estaba dispuesto “mañana mismo” a viajar a ese país si las autoridades comunistas autorizaban al clero “cumplir con su oficio”.

La Iglesia de [[BEGIN:INLINEREF LNCIMA20150112_0183]]Sri Lanka y la de Filipinas[[END:INLINEREF]] representan dos caras, casi opuestas, del catolicismo asiático.

Divididos en varias etnias, los católicos de Sri Lanka son una minoría que convive con grupos religiosos dominantes.

Por su parte Filipinas, una antigua colonia española, es el tercer país con más católicos del mundo después de Brasil y de México.

Mapa de ubicación de Sri Lanka.
Mapa de ubicación de Sri Lanka.

En 1995, la visita de Juan Pablo II a Manila, la capital filipina, pasó a la historia como la manifestación más multitudinaria del pontificado del santo polaco.

Durante su visita a Corea del Sur, Francisco defendió una iglesia tolerante y “creativa”, que logre su espacio en una región constituida por budistas, hinduistas y musulmanes, con frecuencia rivales entre ellos.

En ese continente hay lugares también como Vietnam, con más de 5 millones de católicos, de un total de 80 millones de habitantes, un terreno abierto para el proselitismo o la evangelización.

La designación de tres nuevos cardenales provenientes de Vietnam, Tailandia y Birmania es un claro mensaje de reconocimiento del Papa jesuita.

“No es con el proselitismo sino con la atracción que la Iglesia debe ganar fieles”, solía decir el papa Benedicto XVI, que no estuvo en Asia.

Para ganar adeptos en Asia, con más de 4.000 millones de habitantes y cerca del 60% de la población mundial, la Iglesia católica debe echar raíces y dejar de ser identificada con Occidente, cuyos ritos resultan muy fríos.

Antes de partir. Antes de tomar su avión hacia Sri Lanka, el Papa trazó un cuadro denso y pesimista del mundo al hablar de guerras, emigración, soledad, pobreza y “modernas esclavitudes” durante su tradicional discurso anual ante el cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede.

Denunció el fundamentalismo religioso que inspiró las matanzas de París y los conflictos de Oriente Medio en marcha, al decir que los atacantes estaban esclavizados por “formas tergiversadas de religión” que utilizan a Dios como un mero pretexto ideológico para perpetuar asesinatos masivos.

Deploró, ante todo, la “cultura del rechazo al otro”, que “destruye los vínculos más íntimos y auténticos, disgrega la sociedad y genera violencia y muerte.

Esa “cultura del rechazo al otro” convierte al ser humano “en esclavo, ya sea de modas, del poder, dinero, y de formas tergiversadas de religión”, recalcó.