9 noviembre, 2014

Ayotzinapa. AFP. Recluidos en la escuela de Ayotzinapa (sur), familiares de 43 estudiantes mexicanos tratan de mantener su convicción de que sus hijos están vivos, aunque admiten el temor que les generó el anuncio de la fiscalía de que posiblemente fueron masacrados.

La brutal confesión de tres sicarios que aseguraron haber matado a los jóvenes y quemado sus cuerpos durante 14 horas, antes de arrojar los restos a un río ha descolocado a los padres, que no logran esconder su dolor por unas declaraciones que se niegan a creer hasta que no tengan evidencias.

“Ayer nos dieron una noticia muy desagradable, francamente. Nos dolió mucho lo que oímos, que nuestros hijos estaban deshechos, que los quemaron, que al final de cuentas los tiraron. Pero nosotros no nada más queremos palabras, queremos pruebas”, expresó ayer la madre de Martín, uno de los jóvenes desaparecidos, a la salida de una reunión con otros familiares.

Clamor. Los padres han exigido que se busque con vida a los estudiantes desde que desaparecieron la fatídica noche del 26 de setiembre en la ciudad de Iguala (sur) tras un ataque de policías locales y miembros del cartel Guerreros Unidos . Sin embargo, la posibilidad de que estén muertos parece cada vez más creíble.

Concentrados desde hace casi un mes y medio en la escuela para normalistas de Ayotzinapa, donde sus hijos se formaban como maestros, los familiares se reunieron ayer a puerta cerrada para digerir el cúmulo de sentimientos que les invadieron tras el anuncio de las confesiones y planear acciones futuras.

A pesar de que el dolor aumenta cada día que pasa sin evidencias del paradero de los muchachos, la calma reinaba este sábado en Ayotzinapa con decenas de activistas, vecinos y universitarios apoyando a los papás y apilando nuevos alimentos regalados en el patio central.

En un rincón de ese espacio neurálgico, donde permanece un altar con velas para las seis personas que murieron la noche de los ataques de Iguala y varias pancartas, dos alumnos de tercer curso tocaban la guitarra y cantaban con melancolía el himno de la escuela.

“Ayotzinapa siempre siempre sonriente, pero sabes del dolor”, entonaban con voz dulce y quebrada estos dos estudiantes de 20 años.

Reconociendo la triste “verdad” que revela la canción, uno de los chicos admitía el cansancio e impotencia que hay también entre los alumnos.

“Estamos tristes, cansados de ver que se han agotado todas las instancias. ¿De qué sirve quemar el estado de Guerrero o todo el país si no hay respuesta?”, se lamenta el joven, que prefiere no revelar su nombre.

El [[BEGIN:INLINEREF LNCVID20141107_0006]]fiscal general[[END:INLINEREF]], Jesús Murillo Karam, dijo el viernes que buzos encontraron una bolsa cerrada con presuntos restos de los chicos arrojados en un río que, por su grave estado de calcinación, son muy difíciles de identificar aunque se decidieron a pedir el apoyo de especialistas de Austria.

Algunos familiares desconfían de la veracidad de las declaraciones de los sicarios pero tiemblan ante la sola posibilidad de que esas atrocidades sean ciertas.

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