14 abril, 2015
Humo sale de un edificio en Yemen tras un bombardeo árabe. | EFE
Humo sale de un edificio en Yemen tras un bombardeo árabe. | EFE

Adén

La coalición dirigida por Arabia Saudí que está bombardeando a los rebeldes chiitas en Yemen pasó a la ofensiva diplomática este martes, con un proyecto de resolución ante la ONU en la que se exhorta a los insurgentes a retirarse de las regiones que ocupan.

Sobre el terreno, combatientes de tribus locales sunitas se hicieron con la única terminal de gas del país, situada en Belhaf (sur) y la empresa explotadora anunció la suspensión de todas sus actividades.

En Nueva York, el Consejo de Seguridad de la ONU votará durante la jornada un proyecto de resolución que exige la retirada de los rebeldes de las regiones que controlan en el país.

El texto prevé un embargo armamentístico contra los rebeldes, así como sanciones contra Abdel Malik Al-Huthi, jefe del movimiento chiita yemení Ansarualá (Partidarios de Dios), y Ahmed Alí Abdalá Saleh, hijo del expresidente Saleh, aliado actualmente con los insurgentes.

El proyecto de resolución fue presentado por Jordania y países árabes del Golfo, pero podría suscitar el veto de Rusia, al mantener Moscú buenas relaciones con Irán (que a su vez apoya a los rebeldes chiitas).

Desde el 26 de marzo, una coalición de nueve países árabes liderados por Arabia Saudí llevan a cabo ataques aéreos contra la rebelión en Yemen, país pobre e inestable de la península arábiga.

Tras haber conquistado la capital, Saná, así como regiones del norte, centro y oeste del país, los rebeldes y sus aliados amenazan las últimas posiciones en el sur de los partidarios del presidente Abd Rabo Mansur Hadi, refugiado en Arabia Saudí.

El martes, la compañía Yemen LNG, en parte controlada por el grupo francés Total, anunció la suspensión de todas las operaciones de producción y exportación en la única terminal de gas del país, situada en Belhaf (sur), en el golfo de Adén.

La decisión, justificada por causa de fuerza mayor, fue tomada en razón de una nueva degradación de la situación de seguridad alrededor de Belhaf.

"Hombres armados de tribus tomaron el control de la terminal de gas de Belhaf (...) después de nuestra retirada", dijo a la AFP uno de los militares de la unidad de protección, una información confirmada por una fuente tribal.

"Los 400 soldados que estaban desplegados en la terminal abandonaron las armas y se retiraron y nuestros hombres entraron en el puerto y en los despachos de Yemen LNG", indicó esta fuente, y añadió que las tribus se comprometen a mantener la seguridad de las instalaciones.

La intervención arabo-sunita del 26 de marzo llegó en un momento en que ya se producían combates diarios entre partidarios y adversarios del jefe del Estado. El conflicto tiene dimensiones locales, regionales, políticas, confesionales y tribales.

Generalmente, las tribus locales sunitas del sur son hostiles a los hutíes, rebeldes chiitas del norte, pero debido a los cambios de bando corriente en Yemen, nadie puede asegurar que esas tribus apoyan aún al jefe de Estado en el exilio. Ese apoyo, a menudo se ha basado en favores o pagos.

Los combates proseguían en el sur, en la provincia de Lahj, donde murieron 16 rebeldes y en Adén, segunda ciudad del país.

Desde los altavoces de las mezquitas se lanzaron llamamientos a los hutíes y sus aliados a detener los combates "mortíferos y destructores".

El intento de los rebeldes de llegar a una refinería en la misma ciudad, recibió como respuesta ataques aéreos nocturnos que dejaron siete muertos.

Desde el 26 de marzo, las víctimas mortales se cuentan por centenares y los heridos, por miles, mientras las organizaciones humanitarias luchan por hacer llegar la ayuda a los civiles.

Ante la petición de la ONU de crear un corredor humanitario en Yemen, el jefe de la coalición árabe, Ahmed Asiri, aseguró que esa era una pregunta "para quienes matan a ciudadanos yemeníes", y acusó a los rebeldes de dificultar su tarea a los equipos de salvamento.

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