7 abril, 2015
Un miliciano hutí montaba guardia ayer en el casco antiguo de Saná, Yemen, ciudad que está en manos de los rebeldes chiitas. | EFE
Un miliciano hutí montaba guardia ayer en el casco antiguo de Saná, Yemen, ciudad que está en manos de los rebeldes chiitas. | EFE

Mascate. AFP. En un golfo Pérsico mayoritariamente hostil a Irán, las excelentes relaciones que el sultanato de Omán mantiene con las autoridades de Teherán, son una excepción y podrían servir para encontrar una salida al conflicto en Yemen.

Situado frente a Irán, del otro lado del estrecho de Ormuz, Omán comparte con su vecino persa relaciones privilegiadas que ninguna otra de las monarquías árabes del Golfo, dirigidas por dinastías sunitas, han podido establecer con Teherán.

Igual que Arabia Saudí, estos países consideran que Irán, una República islámica chiita, es su principal adversario en la región y llevan a cabo un lucha de influencia en Siria, Irak y ahora también en Yemen.

La batalla diplomática se ha agudizado y Teherán juzgó “peligrosa” la intervención contra los rebeldes chiitas de Yemen, sus aliados, por una coalición liderada por Arabia Saudí.

Según la prensa iraní, las autoridades de Teherán han pedido ayuda a Omán para detener los ataques aéreos contra los insurgentes hutíes.

Estas buenas relaciones con Irán no gustan a los otros cinco miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), pero podrían convertir a Mascate, capital de Omán –que también tiene acuerdos militares y buenas relaciones con EE. UU.– en mediador en el conflicto en Yemen.

El jueves, tras el acuerdo marco con Teherán sobre el programa nuclear iraní, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, dio las gracias a Omán por su “papel crucial para que empezaran las negociaciones”.

Fue en 2011 en Omán donde Kerry habló por primera vez de la voluntad de la administración de Barack Obama de iniciar el diálogo con Irán.

A principios de los años 70 Omán recibió la ayuda de Irán, que envió tropas para frenar una rebelión separatista en la región de Dhofar.

Esta cercanía se explica en parte porque los omaníes son en su mayoría musulmanes ibadíes y no están inmersos en la oposición entre sunitas y chiitas.

Las buenas relaciones también son económicas. El intercambio entre Omán e Irán pasó de $198 millones a $1.050 millones, según el embajador iraní en Mascate, Ali Akbar Sibeveih.

En el 2014, los dos países acordaron construir un gasoducto submarino para transportar gas iraní hacia Sohar, en Omán, que luego será enviado a Asia.

Irán también tiene previsto construir y gestionar un hospital de 400 camas por valor de 1.500 millones en Barka, cerca de Mascate, según el embajador.

En paralelo también se ha desarrollado el contrabando entre ambos países, con lanchas motoras que cruzan con frecuencia el estrecho entre Omán e Irán, bajo embargo internacional por su programa nuclear.

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