Los milicianos luchan contra el avance de los yihadistas suníes del Estado Islámico en Irak

 22 agosto, 2014
Un combatiente kurdo preparó ayer armamento en su posición de combate cerca del embalse de Mosul, Irak. Las fuerzas kurdas tomaron la represa con el apoyo aéreo de EE. UU. | AFP
Un combatiente kurdo preparó ayer armamento en su posición de combate cerca del embalse de Mosul, Irak. Las fuerzas kurdas tomaron la represa con el apoyo aéreo de EE. UU. | AFP

Jurf al-Sajr

Los milicianos chiíes del Ejército del Mahdi lucharon años contra las tropas estadounidenses en Irak pero ahora no dudan en pedirles ayuda frente a los yihadistas del Estado Islámico (EI), aunque de forma puntual, porque esta batalla la quieren ganar por sí mismos.

"Solo unos cuantos ataques aéreos", pide Hasan, de 27 años, que echa una mano a los milicianos que defienden Jurf al Sajr, una región agrícola a 50 kilómetros al sur de Bagdad. "No demasiados, ya que queremos ganar esta batalla por nosotros mismos, pero una ayuda sería bienvenida, sobre todo aquí", afirma este joven.

Jurf al Sajr se encuentra en una carretera que une los bastiones de los yihadistas del Estado Islámico (EI) en el oeste con las ciudades santas chiitas al sur de Bagdad. Su toma permitiría a los yihadistas acercarse a la ciudad santa de Kerbala y estrechar el cerco en torno a la capital.

Los dignatarios chiíes llamaron a la población a alzarse en armas ante el avance de los yihadistas suníes, que se han apoderado de extensas zonas de territorio al oeste, al norte y al este de Bagdad desde el lanzamiento de una ofensiva el pasado 9 de junio.

El fundador del Ejército del Mahdi, Moqtada al Sadr, hizo un llamamiento a defender los lugares santos del islam chií y anunció la formación de los Saraya al-Salam (las brigadas de la paz, en árabe).

La región cambia de manos continuamente y resulta difícil mantener las posiciones conquistadas debido a los sangrientos combates de los yihadistas contra los milicianos y el ejército.

Los milicianos quieren recibir ayuda, como la de las fuerzas kurdas en el norte del país, apoyadas por ataques aéreos estadounidenses e incluso están dispuestos a aceptarla de manos de su antiguo enemigo, Estados Unidos, cuyas tropas se retiraron del país en 2011 tras ocho años de presencia.

"Luché contra la ocupación estadounidense de 2004 a 2006", afirma Saad Thijil, de 30 años. "Ahora está claro que necesitamos ayuda norteamericana, en particular consejeros militares", agrega.

"Pero no queremos presencia de tropas en Irak", precisa.

En 2004, Moqtada al Sadr lanzó el Ejército del Mahdi para combatir las tropas estadounidenses que habían invadido Irak un año antes. Esta milicia, implicada en la espiral de violencia interconfesional de 2006 y 2007, fue disuelta en 2008.

Pero después de la ofensiva yihadista, muchos milicianos pasaron a engrosar las filas de los Saraya al Salam.

Uno de los jefes de los Saraya al Salam, Hakim al Zamili, fue acogido con salvas de honor a su llegada al frente de Jurf al-Sajr.

El EI "es fuerte porque sus miembros son duros y creen en una causa", dice a sus lugartenientes. "Los combatientes que los combaten también deberían creer (en una causa) y ser todavía más duros".

Hakim al-Zamili fue acusado de haber dirigido un escuadrón de la muerte que secuestró y ejecutó a cientos de suníes entre 2005 y 2007. Pero fue absuelto por un tribunal y es diputado.

"No queremos que los estadounidenses vuelvan a Irak. No queremos una nueva ocupación. Sólo queremos su apoyo mediante ataques aéreos", declaró.

Sin embargo una ayuda al exejército del Mahdi parece poco probable.

Cuando el gobierno dominado por los chiíes pidió en junio ataques aéreos estadounidenses, el excomandante en jefe de las fuerzas norteamericanas en Irak David Petraeus había advertido de que su país no debía convertirse en "una fuerza aérea para milicias chiíes".

Además Moqtada al-Sadr se opuso a la presencia de cientos de consejeros militares enviados por Estados Unidos para ayudar a las autoridades iraquíes.

Y algunos miembros de los Saraya al-Salam estiman que una batalla ganada con apoyo estadounidense equivaldría a una semiderrota.

"No necesitamos a Estados Unidos. Somos valientes, tenemos suficientes armas y experiencia", dijo Ali Abu Hasan, al frente de una unidad de élite de la milicia. "Quien pida bombardeos estadounidenses es un traidor", suelta sin pensárselo dos veces.