El presidente de Venezuela y el chavismo buscan mantenerse en el gobierno en 2016 administrando la crisis, sin medidas de fondo, pues llegar al 2017 podrían garantizarse el control del poder hasta el 2019.

 24 abril, 2016

Caracas El mandato de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela llegó el martes a tres años y le queda por delante la misma cantidad de tiempo. Sin embargo, el jefe del Estado pareciera no estar planificando su futuro en plazos tan largos.

La crisis económica que atraviesa el país, posiblemente la peor desde que se empezó a exportar petróleo a inicios del siglo XX, amenaza con convertirse en una ruptura política y social. Esto ha llevado al mandatario a plantear una estrategia de supervivencia pensada para ganar tiempo.

Hasta que cumpla cuatro años, las posibilidades del chavismo de retener el poder parecen estar completamente asociadas a que Maduro mantenga la silla presidencial.

Por consiguiente, lo que ocurra con él en los próximos 365 días (o quizá un poco menos, si el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) dispone que el cuarto año comience el 10 de enero y no el 19 abril) muy posiblemente marcará el futuro de Venezuela.

Un eslogan. “En ninguna circunstancia la patria se va a entregar”, ha dicho Maduro de formas muy distintas desde que la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) anunció en marzo que activará todos los mecanismos constitucionales para forzar su salida este año, algo esencial para que se convoque a nuevas elecciones y el poder no quede en manos del vicepresidente.

La respuesta formal del chavismo llegó en clave de eslogan propagandístico. “Aquí no se rinde nadie” es el lema que se empieza a popularizar en las filas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Maduro afronta la lucha con una base de apoyo disminuida pero fuerte, compuesta por 30% de los encuestados por Venebarometro en febrero de este año, cifra que se mantiene constante desde el segundo trimestre de 2015.

En medio de una inflación en ascenso que, según economistas y organismos como el Fondo Monetario Internacional, podría terminar 2016 por encima de 500%, al oficialismo le queda apelar a la raíz del sentimiento chavista de sus seguidores comprometidos.

Campaña mediática. “Hay que entender que hoy el gobierno se concentra en terminar el tercer año sin que aumenten sus niveles de desaprobación, para lo cual concentra los pocos recursos disponibles en satisfacer a su base de apoyo”, indica el analista político Oswaldo Ramírez, director de ORC Consultores.

Prueba de esto es el anuncio de la tarjeta de misiones socialistas, la cual dará 14.500 bolívares a las familias inscritas en la Misión Hogares de la Patria para que compren productos en la red pública de alimentación. También están las bolsas de alimentos que comenzará a distribuir, a bajo costo, a quienes sean censados por los consejos comunales.

De igual manera, durante su tercer año Maduro usó los medios para tener una presencia permanente en el día a día de los venezolanos y difundir su mensaje.

Realizó más de 300 actos televisados y acumuló 350 horas en pantalla. Hizo hincapié en señalar que la crisis es producto de la caída de los precios del petróleo y de la guerra económica, de lo que habló en 61% y 74% de los días que apareció en televisión, según conteo de El Nacional .

Además, en 48% de sus presentaciones habló de lealtad, o la pidió expresamente, y en casi todas recordó a Hugo Chávez, que en diciembre de 2012, en su última aparición pública antes de partir enfermo a Cuba y luego de resultar reelegido presidente, ungió a Maduro con el testigo de continuar el proyecto si él se ausentaba.

Esa cruzada comunicacional le costó al Estado 1.100 millones de bolívares, según la Memoria y Cuenta del Ministerio de Comunicación e Información para el año 2015. El mandatario invirtió en hacerse eco.

Solo para transmisión y coordinación de las comunicaciones presidenciales se gastó , por cada una de las veces que Maduro apareció en televisión, una suma que equivale a más 28 sueldos mínimos mensuales.

Además, para mantener a sus seguidores movilizados, el PSUV convocó al Congreso de la Patria, activado a principios de este mes. Esa técnica de agitación ha sido aplicada en varias ocasiones desde que Maduro llegó al poder.

Los riesgos. A pesar de que el chavismo controla buena parte de la maquinaria del Estado y la utiliza a su favor para difundir sus mensajes y neutralizar a la oposición, existe un rival muy fuerte que ya ha derrotado al movimiento y amenaza con sacarlo del poder: la crisis económica, la misma que pasó factura en las elecciones parlamentarias. Casi noqueado el 6 de diciembre, el presidente procura permanecer de pie en el próximo asalto.

“La Agenda Bolivariana y las medidas anunciadas en febrero (devaluación, flexibilización del control de cambio, aumento en precio de gasolina, reformas al sistema alimentario y alza salarial) son solo paños tibios que no resolverán los múltiples desequilibrios que muestra la economía. Son solo una forma de ganar tiempo y tener algún oxígeno para terminar el año”, advierte el economista Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica.

En lo que va del 2016, Maduro ha anunciado por televisión 32 estrategias para afrontar la crisis, de acuerdo con un monitoreo hecho para este análisis.

Aparte de la Agenda Bolivariana, destacan propuestas como constituir una corporación que aglutine a todas las de empresas públicas o la “Operación Ataque al Gorgojo” para acabar con la corrupción dentro de las cadenas de distribución del Estado.

“Lo que se necesita ahora es resolver el problema del diferencial cambiario; atacar la inflación y la escasez reactivando el aparato productivo; recortar el déficit reduciendo el tamaño del Estado con un programa de privatizaciones, y diseñar una política social debido a que estas medidas dejarán vulnerable a un sector de la población”, sostiene Oliveros.

Postergar. Ante el objetivo de evitar una mayor caída de la popularidad y un aumento incontrolable del descontento, Maduro parece haber decidido postergar esas decisiones.

Dentro de esta estrategia, si el chavismo espera un año tendría mayores garantías de mantener el poder por al menos dos años más mientras que las nuevas medidas surten efecto.

“La apuesta de ellos es que la crisis quede estacionada este año. Eso dependerá de que no empeoren demasiado la disponibilidad de alimentos, los servicios públicos o la inseguridad.

Para que haya una protesta pública efectiva se necesita una conducción de la MUD y que la gente no tenga miedo de salir a la calle, cosas que por ahora no se están viendo”, señala Ramírez.

Sin embargo, el analista agrega que esa jugada no le servirá eternamente al chavismo: “Con una crisis como la actual no hay forma de que ganen una elección con la mayoría de los votos en los próximos dos años”.

Por consiguiente, en el 2017 sí podrían empezar a surgir presiones internas para que Maduro ceda la presidencia a otro dirigente del PSUV sin la necesidad de que haya comicios. Si la población asociara ese cambio a una mejora de la economía, el chavismo podría refrescar su imagen.

El presidente ha emprendido acciones en los últimos meses para evitar que esas presiones internas puedan influir sobre él. A principios de 2016 designó nuevos coordinadores del partido en cada estado. La mayoría son figuras cercanas a él y su poder choca con el de otros actores que no eran incondicionales al palacio presidencial de Miraflores.

Luego de ganar las presidenciales de 2013, por apenas 1,49 puntos porcentuales, muchos apostaban a que el mandato de Maduro duraría poco.

Sin embargo, ya alcanzó la mitad del período, fecha en la que, de nuevo, una parte importante de la población espera su salida. El jefe del Estado idea, de cuando en cuando, otras maneras de sobrevivir en el poder. El futuro es de difícil pronóstico.

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