24 noviembre, 2016
El líder y candidato kuwaití de oposición Jamaan al-Harbash habla durante una reunión de campaña en la ciudad de Kuwait el 15 de noviembre de 2016.
El líder y candidato kuwaití de oposición Jamaan al-Harbash habla durante una reunión de campaña en la ciudad de Kuwait el 15 de noviembre de 2016.

Kuwait

Los kuwaitíes eligen el sábado un nuevo parlamento con la esperanza de frenar el programa de austeridad puesto en marcha tras la caída del precio del petróleo y que hace tambalear el Estado de bienestar en este rico emirato del Golfo.

El rechazo a los recortes ha sido el tema central de la campaña para las elecciones legislativas anticipadas, las sétimas en espacio de una década. Destaca también la vuelta de la oposición, que boicoteó las dos últimas.

El 16 de octubre el parlamento se disolvió por un desacuerdo entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo sobre el aumento de los precios de los productos petroleros, entre los más bajos del mundo.

Curiosamente, tanto los candidatos de la oposición como los progubernamentales han prometido durante la campaña que impedirán que se ponga en entredicho los principios del Estado providencia, y que, si salen elegidos, bloquearán un nuevo incremento de los precios de los carburantes.

Con un promedio de ingresos por habitante de 26.800 euros en 2015, los kuwaitíes figuran entre los pueblos más ricos del planeta. Están acostumbrados a un Estado generoso, que no cobra impuestos y proporciona casi gratuitamente los servicios esenciales.

Pero la caída desde mediados de 2014 de los precios del petróleo, del que este país miembro de la OPEP obtiene la mayor parte de sus ingresos, se tradujo en un déficit presupuestario de 4.600 millones de dinares (13.700 millones de euros) en el último ejercicio fiscal que terminó el 31 de marzo, después de 16 años de superávit.

Las medidas de austeridad, sobre todo el aumento de los precios entre un 40 y 80% según los productos petroleros, suscitaron un fuerte rechazo entre los 1,3 millones de kuwaitíes que cohabitan con 3,1 millones de extranjeros, para quienes los servicios públicos como la educación y la salud no son gratuitos.

La campaña transcurrió como manda la tradición, con cientos de carpas levantadas en todo el país para los 300 candidatos, entre ellos 14 mujeres, aspirantes a los 50 escaños del parlamento.

Bufés gratuitos, lides electorales y promesas a veces exageradas han salpicado la campaña, cuyo coste puede alcanzar millones de dólares para los candidatos más ricos. En las zonas tribales, algunos candidatos sacrifican un camello en señal de generosidad.

Para Ayad al Manaa, un analista kuwaití, "el regreso de la oposición" es lo más destacado de esta campaña. Su presencia en el parlamento, al que boicoteó en protesta contra una enmienda a la ley electoral, podría ofrecer "una ocasión de reconciliación nacional".

Pero Dahem al Qahtani, un experto independiente, lo ve poco factible.

En este país que alardea de haber sido la primera monarquía del Golfo en dotarse de un sistema parlamentario (en 1962), el parlamento dispone de poderes reales y desempeña un papel de control de gobierno. Puede provocar incluso la caída del gabinete.

Pero el poder sigue en manos de los Al Sabah, la familia reinante desde hace 250 años.

La Constitución otorga a los miembros de esta familia los puestos clave de príncipe heredero y de jefe de gobierno, así como los principales ministerios.

Además, los miembros del gobierno elegidos fuera del parlamento tienen el mismo derecho de voto que los diputados electos, lo cual favorece al Ejecutivo.

Durante la campaña, algunos candidatos pusieron en entredicho el modelo político, y no dudaron en atribuir las crisis políticas a algunos miembros de la familia reinante, acusándolos de interferir en las elecciones con sus disputas internas.