"Habrá una nueva vida en Siria", declara esperanzado un kurdo sirio que vive en Noruega.

 29 noviembre, 2014
Lo que queda en Kobane es escombros, luego de los combates entre militantes del Estado Islámico, kurdos y los bombardeos aéreos. La revolución siria se convirtió en una guerra total donde los opositores pacíficos ya no tienen cabida.
Lo que queda en Kobane es escombros, luego de los combates entre militantes del Estado Islámico, kurdos y los bombardeos aéreos. La revolución siria se convirtió en una guerra total donde los opositores pacíficos ya no tienen cabida.

Beirut

Marginados por la guerra entre el régimen y los yihadistas por el control de Siria, los impulsores de la revuelta prodemocrática de 2011 ven cómo sus sueños de libertad se rompieron en mil pedazos.

"La mayoría de los que se manifestaron pacíficamente han muerto, están en la cárcel, exiliados o asediados", afirma Sami Saleh, un joven de 28 años de Hama, uno de los focos de la revuelta de 2011.

"La revolución ha muerto. Estos perros tomaron el control (...) Ahora es una guerra total", afirma desde Turquía, donde se ha exiliado.

La represión sangrienta de la revuelta que pedía reformas políticas acabó desencadenando una contienda bélica que se ha cobrado casi 200.000 vidas.

Los sueños de los activistas se han convertido en una pesadilla: los yihadistas ocuparon el sitio de la mayoría de los rebeldes moderados, considerados hasta hace poco como héroes y ahora como señores de la guerra.

Frente a la amenaza del grupo ultrarradical Estado Islámico (EI), la comunidad internacional dejó las manos libres al régimen del presidente Bashar al Asad, que continúa con sus despiadadas campañas de bombardeos y arrestos.

"Una revolución son movimientos de protesta, acciones civiles. Pero hoy asistimos a combates por el control de territorios o recursos", se lamenta Sami Saleh.

La sensación de derrota ha hecho que muchos tiren la toalla. Ya no quieren que Bashar al Asad abandone el poder a cualquier precio, se conformarían con el final de la violencia.

Nael Mustafá, que trabaja clandestinamente en Raqa (norte), bastión desde 2013 de los yihadistas ultrarradicales, está muy decepcionado. "Es una desilusión profunda", confiesa, y reconoce que quiere ante todo que "la máquina de matar deje de funcionar".

Este joven, que arriesga su vida para dar información sobre las atrocidades cometidas por el EI, asegura que nunca apoyó la militarización de la revuelta. "Respeto los sacrificios de los rebeldes pero cuando se tomó la decisión de tomar las armas, supe que sería el final de la revolución", explica.

Más tarde, y de forma progresiva, emergieron los grupos armados que no buscan la democracia, sino una teocracia.

El activista Ibrahim al Idlebi, encarcelado en dos ocasiones y torturado, se vio obligado a exiliarse para escapar de los yihadistas del Frente Al Nosra que se apoderaron recientemente de la mayoría de las posiciones rebeldes en su provincia natal de Idleb.

"Si alguien me hubiera dicho en 2011 que las cosas acabarían así, me habría reído en sus narices", declara a la AFP por internet.

Ibrahim al Idlebi echa la culpa de lo sucedido al régimen, a la ingenuidad de los rebeldes y al cinismo de los países que apoyaron la revuelta.

"El régimen pretendió que los manifestantes estaban armados cuando en realidad no lo estaban, y al final la gente tomó las armas", explicó.

"El régimen sostuvo que había 'terroristas' en Siria cuando no había ni uno, y entonces llegaron los terroristas. Es culpa del régimen pero hemos contribuido a dar veracidad a sus acusaciones. Hemos cometido un error tras otro", aseguró.

Según él, "los rebeldes están inmersos hoy en una guerra por el control de territorios, y sus padrinos, sobre todo Doha y Riad, utilizan Siria como campo de batalla".

Cada país actúa por sus intereses propios "y no por el deseo altruista de ayudar a los que quieren derrocar a Asad", añade.

El activista kurdo sirio Ahmad Jalil se niega a perder la esperanza. Detenido por el régimen antes de huir a Turquía, hoy vive en Noruega con su esposa y su recién nacido.

"Habrá una nueva vida en Siria. Quizá no vivamos lo suficiente para verla pero cuando suceda será muy bello", precisa desde el hospital en el que su mujer acaba de dar a luz.

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