El centro, sur y sudeste del país recriminan al norte y noreste la reelección de Dilma Rousseff

 31 octubre, 2014
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¿Votaste por Dilma Rousseff? Muerto de hambre, ignorante, norestino. ¿Votaste por Aécio Neves? Ricachón, playboy. Las elecciones en Brasil, una de las más ajustadas de su historia, abrieron una vieja herida que parece nunca cicatrizar: la lucha de clases.

"Me estoy preparando para viajar a Orlando, donde vive mi padre. Intenté ayudarlos, miserables, imbéciles, burros que votaron por Dilma. Son muy burros y van a depender de Bolsa Familia y bolsa miseria por el resto de la vida", dijo la brasileña Deborah Albuquerque en un video que se esparció en las redes sociales y que abrió una enorme polémica.

El centro, sur y sudeste del país, donde está la megalópolis de Sao Paulo, rica y acomodada, recriminan la responsabilidad del triunfo de la izquierdista Rousseff frente al socialdemócrata Neves (centro derecha) al norte y noreste del país, zonas beneficiadas por los programas sociales del gobierno, como el Bolsa Familia.

"Son sentimientos reprimidos. Es como una boya. Puedes sumergirla pero sale a flote incluso con más fuerza en circunstancias como éstas", dice a la AFP el antropólogo Roberto DaMatta.

La lucha se ha dado arduamente, principalmente en las redes sociales. Políticos, futbolistas, periodistas y hasta familiares discrepan con rudeza por sus preferencias políticas, como hinchas de fútbol.

"No creo que estas elecciones hayan dividido el país por la mitad", dijo Rousseff tras conocer el triunfo el domingo último, e invocó al diálogo. Para sus opositores, en cambio, la fiereza de la campaña ha dejado los ánimos caldeados y un país partido en dos.

Incluso circuló en Facebook una propuesta para levantar un muro que separe el norte y el noreste del resto del país.

"Perfecto, pero la samba queda con nosotros porque fue creada en Bahía. También nos quedamos con Caetano Veloso y Gilberto Gil (músicos mundialmente conocidos que son de esa región)", dice un entusiasta "manifiesto norestino" en las redes sociales.

"Es algo natural en Brasil que, tras una campaña tan fuerte, afloren prejuicios enraizados e históricos que retornan en momentos decisivos y cruciales como una elección", dijo a la AFP el analista político André Cesar.

Es en el noreste donde se encuentran los estados que históricamente han concentrado los mayores índices de pobreza y que se han beneficiado de programas sociales del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) que ingresaron a 40 millones de brasileños en la clase media en 12 años.

Cerca de un 70% del electorado del noreste votó por la reelección de la presidenta.

"Brasil fue un país monárquico, aristocrático y esclavista, y la república nació más en el 'nordeste' que en Rio de Janeiro, donde estaba concentrada la monarquía", recuerda DaMatta, lo que para él es una muestra de la división histórica entre ambas partes.

Desde el sudeste muchos brasileños aseguran que la ignorancia del "norestino" no les permite ver los casos de corrupción que afectan al país, y que prefieren vivir del asistencialismo que trabajar.

"Vete a Miami, coxinha", responden los norestinos. Coxinha es la forma en que los brasileños llaman a los paulistanos adinerados y consumistas, que beben espumante y abarrotan las zonas vip de las discotecas.

Durante años, desde el noreste, estancado económicamente y sin ningún tipo de desarrollo, millones de sus pobladores se desplazaron a las ciudades prósperas en busca de empleo.

El expresidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) es un ejemplo de ello. Crecido en la pobreza de Caetés, en Pernambuco, migró a Sao Paulo, fue obrero metalúrgico y hasta llegó a gobernar el país. Los norestinos forman parte importante, no solo de la mano de obra del país, sino de sus expresiones culturales. El carnaval de Bahía es una de ellas.

"El noreste siempre fue retrógrado, partidario del Gobierno, bovino, subalterno en relación al poder", dijo Diogo Mainardi, periodista del programa Manhattan Connection de Globo News, lo que ocasionó la reacción del delantero Hulk, natural de Paraíba (noreste), quien lo tildó de arrogante e ignorante.

Según un artículo escrito por el diputado de izquierda, Jean Wyllys, esta división no es una novedad traída por el PT: "Vivimos en una Belindia. Una pequeña parte de la población vive como en Bélgica y la otra, mucho mayor, como en India", estimó.

Para el antropólogo DaMatta, todo esto es una muestra que Brasil , al final, siempre se queda en el medio, sin definición. "Siempre escogemos el camino de la indecisión. Es una sociedad que es capitalista pero también no lo es. Tal vez esa es la tendencia del siglo XXI", consideró.

"De aquí en adelante, va a depender de la capacidad que tenga el gobierno para conciliar lo que ambos sectores demandan", es decir, crecimiento económico, sin dejar de atender los focos de pobreza, agregó.

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