4 marzo
Uriel Casallas revisa su plantación de cacao en le región de Vichada en Colombia
Uriel Casallas revisa su plantación de cacao en le región de Vichada en Colombia

Güérima, Colombia

Isidro Montiel espera una bonanza de cacao tras años de sembrar coca en el "triángulo del mal", antiguo feudo del Cártel de Medellín en el este de Colombia donde la pasta base de cocaína sigue siendo moneda y hay esperanza por la paz con las FARC.

Montiel es, desde 2012, beneficiario de una iniciativa gubernamental que busca disminuir las plantaciones de cocaína en el departamento de Vichada, fronterizo con Venezuela y a las puertas de la Amazonía, y sustituirlas por cacao.

Como él, que sembró 8.000 plantas de cacao, otros se sumaron cuando la coca se hizo menos rentable por los altos costos de los insumos para convertirla en PBC, las dificultades de transporte y los riesgos de la ilegalidad.

"Los que se ganan toda la plata son los grandes narcotraficantes", explicó Jesús Sánchez, cocalero durante 16 de sus 59 años.

Por ejemplo, en Güérima se pagan $690 por un kilo de PBC, mientras que en Bogotá se puede vender a $12.000. Pero, los cultivadores concuerdan en que por cada una de las cuatro cosechas anuales de coca ganaban entre 69 y $210.

Con el cacao, en cambio, perciben hasta $1.700 en cada una de las dos recolecciones anuales, pues la iniciativa gubernamental incluye subsidios y convenios para que una de las principales empresas chocolateras del país compre el grano a precio de la bolsa.

La meta oficial es que Vichada, con 683 hectáreas de coca frente a 10.000 en 2002, esté libre de estos sembradíos ilícitos en tres años.

Zona de conflicto. Aunque el Estado califica de exitoso el programa, la inseguridad aún amenaza al departamento, corredor de droga hacia Venezuela con rumbo final a Brasil, según el coronel Jean Paul Strong, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Ares de la Fuerza Aérea Colombiana.

"Todavía tenemos una economía cocalera", aseguró Camilo Florido, asesor del gobierno. Muchos recuerdan cómo las escuelas de la zona enseñaban matemáticas sumando gramos de PBC.

En la década de los ochentas, el capo colombiano Carlos Lehder construyó en Vichada pistas clandestinas para enviar cocaína a Estados Unidos y buscó mano de obra para cultivar hoja de coca. Para esa época, de Vichada "salía demasiada coca por vía aérea", explicó Strong.

Un soldado colombiano navega por el río Segua, a la orilla de plantaciones de cacao.
Un soldado colombiano navega por el río Segua, a la orilla de plantaciones de cacao.

Pero el dominio de Lehder, extraditado a Estados Unidos por narcotráfico en 1987, terminó tras ser entregado por su socio Pablo Escobar. Y el sector quedó bajo control de las FARC, principal guerrilla de Colombia, que en noviembre firmó un acuerdo para terminar una conflagración interna de 52 años, agregó Strong.

Según las autoridades, a diferencia de los cárteles, que participan en toda la cadena del narcotráfico, la guerrilla se afincó en el primer eslabón, cobrando un "impuesto" a la producción de pasta base de cocaína (PBC) para financiarse.

"Era una cuestión como humillante: paga o paga. Eso no es justo, uno tener que trabajar y dar el producto", afirmó Montiel, quien debía entregar a las FARC unos $240 del costo de un kilo de PBC, avaluado en $760.

Por eso, tras dedicarse al transporte fluvial, decidió unirse a la iniciativa del gobierno. Los otrora cocaleros ven en el cacao su seguro de vejez. "Quizás no hagamos mucha plata, pero (podemos) más o menos vivir estable, y que nadie nos moleste ni molestar a nadie", dijo el excolcalero Jesús Sánchez.

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