Equipos de rescate empiezan a llevar ayuda a zonas remotas de Nepal

 29 abril, 2015

Lukla, Nepal. AFP y AP. El fotógrafo Roberto Schmidt estaba en el campo base del Everest cuando se produjo la avalancha tras el terremoto de 7,8 grados, el sábado. “Creí que iba a quedar enterrado vivo”, cuenta.

Mientras tanto, los equipos de rescate empiezan a llegar en helicópteros a zonas remotas de Nepal donde encuentran heridos y grandes necesidades.

Schmidt, jefe fotográfico de la AFP en el sur de Asia, y Ammu Kannampilly, directora de la oficina de Katmandú, acababan de llegar al campo base después de una excursión de nueve días para un reportaje.

“No llevábamos más de 10 minutos allí cuando sentimos un rugido, un gemido. Ammu me preguntó: ‘¿Qué es eso?’ Le contesté que la tierra se movía, que era una avalancha.

”Salimos y entonces oímos ese ruido tan terrible. Era como un tren, pero venía desde un lugar tan profundo (...).

”Ammu entró en la tienda, y recuerdo que miré a mi izquierda, y de repente vi esa ola acompañada de un rugido. Agarré mi cámara, apreté el disparador, saqué tres fotos y estaba sobre nosotros. Salté al interior y me refugié bajo la mesa.

”Volví en mí, me eché sobre la espalda y oí ese ruido de piedras que caen y pensé: ‘Ya está, voy a quedar enterrado vivo’. Y, de pronto, la calma, una calma absoluta. Supe que estaba vivo”.

Zonas remotas. La tragedia del sábado activó la movilización de equipos de rescate para llevar ayuda en las zonas remotas a las víctimas del terremoto, que ha causado más de 5.000 muertos y ocho millones de damnificados.

Una nueva avalancha dejó, además, al menos 250 desaparecidos en la región de Ghodatabela, cerca del epicentro del sismo.

En Gorkha, uno de los distritos más castigados, un periodista vio, desde un helicóptero del Ejército indio, a los habitantes alzando los brazos al cielo pidiendo agua y comida y muchas casas destruidas en medio de pilas de madera y techos de metal.

“La tierra sigue temblando, incluso esta mañana. Cada vez parece como si fuera a tragarnos, como si fuéramos a morir. Quiero irme de aquí”, manifestó Sita Gurung, de 24 años, señalando a lo lejos su casa, que quedó destruida en el pueblo de Lapu, situado en este distrito, antes de que un militar indio la evacuara.

Aviones militares de varios países, entre ellos Estados Unidos, China e Israel, participan en las tareas de ayuda.

El balance oficial de víctimas asciende, por el momento, a 5.057 personas y 10.000 heridos, indicó el martes el Ministerio del Interior. Según Naciones Unidas, ocho millones de personas se han visto afectadas.

Se trata de la mayor catástrofe en Nepal de los últimos 80 años. El terremoto también afectó a India, donde murieron 73 personas, y la región china de Tíbet, con 25 muertos.

“Nos llegan peticiones de ayuda de todas partes (...). Pero no hemos sido todavía capaces de empezar el rescate en muchas zonas porque nos faltan equipo y socorristas expertos”, reconoció el primer ministro nepalí Sushil Koirala, que decretó tres días de luto nacional.

En Katmandú, miles de personas empezaron a salir de la ciudad en autobuses abarrotados, con gente sentada en el techo que quería volver a sus pueblos de origen.

También se veían largas colas en las gasolineras y los supermercados, tomados de asalto para hacerse con productos básicos como arroz o aceite para cocinar.

Las personas que decidieron quedarse en Katmandú durmieron a la intemperie en tiendas improvisadas, porque han perdido sus casas o, por el miedo a las réplicas, no vuelven a sus hogares.

Nepal
Nepal

“Llevamos aquí tres días, viviendo debajo de lonas. Contamos cada bocado, cada gota de agua”, dijo Rama Shrestha, ama de casa de 28 años instalada a la intemperie con su hijo de cinco años.

“Y encima ahora se pone a llover. ¿Qué podemos hacer, dónde podemos ir? Estamos demasiado asustados para volver a casa”, afirmó.

Los hospitales y las morgues de la ciudad están llenos y los médicos trabajan sin descanso para atender a las víctimas, muchas de ellas traumatizadas o con fracturas múltiples.

El terremoto también supone [[BEGIN:INLINEREF LNCVID20150428_0009]]un duro golpe[[END:INLINEREF]] para la economía de Nepal, uno de los países más pobres del mundo, que apenas se estaba recuperando de diez años de una guerra civil que terminó en el 2006.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) decidió invertir $116,5 millones para dar comida a 1,4 millones de personas en los próximos tres meses. El Fondo Central de la ONU para la Acción en Casos de Emergencia (CERF) puso, por su parte, a disposición $15 millones (13,7 millones de euros) para financiar la ayuda humanitaria. Noruega ya ha prometido $15,5 millones, Estados Unidos, $10 millones, Japón, millones, y Australia, otros $4,7 millones.

Nepal y la cordillera del Himalaya están situados en el punto de contacto entre las placas tectónicas euroasiática e india, una zona muy vulnerable a los temblores.