Salpican a Santos, en pos de reelegirse, y al opositor Óscar Iván Zuluaga

 9 mayo, 2014
El candidato Óscar Iván Zuluaga (izquierda) cuando participaba en un debate presidencial, el martes 6 de mayo, en Villavicencio, en el departamento del Meta. Apadrinado por el exmandatario Álvaro Uribe, Zuluaga tiene el 19% de intención de voto. El presidente Santos, un 27%. | EFE
El candidato Óscar Iván Zuluaga (izquierda) cuando participaba en un debate presidencial, el martes 6 de mayo, en Villavicencio, en el departamento del Meta. Apadrinado por el exmandatario Álvaro Uribe, Zuluaga tiene el 19% de intención de voto. El presidente Santos, un 27%. | EFE

Bogotá. AFP. Dos escándalos, uno de espionaje y otro de narcos, crispan el final de la campaña presidencial de Colombia y desatan acusaciones de guerra sucia entre los dos favoritos: el mandatario Juan Manuel Santos y el opositor Óscar Iván Zuluaga, salpicados por ambos casos.

Aliados en el pasado, Santos, aspirante a la reelección, y Zuluaga, apadrinado por el expresidente Álvaro Uribe, encaran un cierre de campaña insospechado, que eclipsó el que era el tema dominante de la contienda: el futuro del proceso de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) .

Santos y Zuluaga, exministros de Uribe y quienes marchan al frente en la intención de voto para los comicios del 25 de mayo, perdieron esta semana a importantes asesores a raíz de escándalos cuyos efectos todavía están por verse.

El presidente, quien negocia un acuerdo con los guerrilleros marxistas al que se opone Zuluaga, recibió el primer golpe tras la renuncia del venezolano Juan José Rendón, su estratega de campaña.

El consejero fue acusado por narcotraficantes presos en Estados Unidos de haber recibido $12 millones para que le llevara a Santos un plan de rendición de capos de la mafia que nunca se concretó.

Cuando la oposición intentaba acorralar a Santos, la Fiscalía reveló la captura de un pirata informático que trabajaba para Zuluaga y quien, según las autoridades, interceptó correos de Santos y de las FARC, con el fin de torpedear el proceso de paz que se cumple en Cuba desde noviembre del 2012.

El revés para el opositor –quien rechaza cualquier nexo con las actividades ilegales de su excolaborador– vino cuando un canal de televisión aseguró que el hacker le ofreció información relacionada con las FARC, en compañía de Luis Hoyos, asesor cercano de Zuluaga y quien renunció presionado por el escándalo.

“Este ya es el extremo, no es guerra sucia. Es un crimen , es tratar de matar la esperanza de los colombianos”, reaccionó Santos, este jueves, sobre el caso de espionaje.

Zuluaga replicó y le pidió al presidente no “usar cortinas de humo para evadir su responsabilidad en la denuncia de los $12 millones”, que, presuntamente, llegaron a manos de Rendón y un exfuncionario del Gobierno, quienes rechazan haber recibido dinero de la mafia.

‘Guerra sucia’. Santos y su opositor coinciden en que los escándalos –que involucran a personas conocidas por ambos, según la prensa– forman parte de una “guerra sucia” que se endilgan mutuamente, mientras los episodios alejan todavía más la opción de un debate público previo a los comicios.

“Creo que para mucha gente esto puede ser interpretado como campaña sucia, más que como escándalos de verdad; entonces, está muy poco claro a estas alturas hasta qué punto puede afectar a los candidatos”, dijo Yann Basset, del Observatorio de Procesos Electorales de la Universidad del Rosario (privada).

Según la consultora Cifras y Conceptos, Santos encabeza la intención de voto, con un 27% de las preferencias, seguido por Zuluaga (19%) y el candidato de centro Enrique Peñalosa (10%).

Ninguno lograría el 50% más uno de los votos necesarios para evitar una segunda vuelta.

Mientras Santos y Zuluaga intentan capotear las denuncias, la prensa y analistas se preguntan si Peñalosa podría emerger al final de la contienda, pero, sobre todo, lamentan que estos casos impidan que salgan a debate temas como el empleo, el deficiente sistema de salud y la crisis en el agro, con sectores en huelga para exigir más atención del Estado.