26 julio, 2015

Emiratos Árabes Unidos

Bajo el sol abrasador del desierto, en el aeropuerto emiratí de Al Ain, un avión de doble hélice está a punto de despegar para ir a sembrar con sal las nubes con el objetivo de provocar la lluvia.

En este país que figura entre los más áridos del mundo, todos los medios son buenos para captar agua. Así, cuando se dan las condiciones, aparatos Beechcraft disparan cohetes que inyectan cristales de sal en las nubes, con el fin de aumentar su condensación hasta licuarlas.

En tierra, especialistas del Centro Nacional de Meteorología y Sismología (CNMS) que dirigen este particular programa de siembra vigilan la evolución del tiempo para señalar a los pilotos el momento oportuno para el despegue.

"Cada vez que detectan formaciones nubosas convectivas -provocadas por las subidas verticales del aire- nos mandan verificar y sembrar las nubes", explica Mark Newman, uno de los pilotos responsables del CNMS.

La mejor época es el verano, cuando las nubes se forman por encima de las montañas Al Hajar (al este), desviando el viento caliente que sopla del golfo de Omán, añade Newman en el aeropuerto de Al Ain, donde están basados cuatro aviones Beechcraft King Air C90 movilizados para este programa.

La fuerza de la corriente de aire ascendiente determina el número de cohetes que se lanzan hacia las nubes. Si esta es ligera, "disparamos generalmente uno o dos, si es fuerte, disparamos cuatro, a veces seis", explica el piloto.

"Cuando empieza a llover, hay mucha excitación", añade, puntualizando que no es seguro que todas las nubes sembradas den lluvia.