24 septiembre, 2015

Bogotá. EFE. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, han vivido carreras paralelas, impregnadas por la guerra que, paradójicamente, los han llevado a buscar el fin del conflicto armado más viejo del continente.

Combo de fotografías que muestra al máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverry, alias
Combo de fotografías que muestra al máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverry, alias "Timochenko", (d, imagen cedida por el diario colombiano El Espectador); y al presidente colombiano, Juan Manuel Santos

Cada uno representa las ideas diferentes que conocieron desde la cuna. Santos, nacido hace 63 años en una de las familias con más abolengo de Colombia, contaba con el antecedente político de su tío abuelo, el liberal Eduardo Santos, presidente entre 1938 y 1942.

Londoño, en cambio, nació hace 56 años en Calarcá, en la región cafetera del departamento de Quindío. Su referente familiar fue su padre, Arturo, que militó en la Uno, grupo perteneciente al Partido Comunista Colombiano (PCC) que en la época defendía un reparto más justo de tierras para los campesinos.

Ambos tuvieron claro que se preparaban para un futuro lleno de hostilidades en un país cuyas diferencias se hacían más profundas con el paso de los años. Así, mientras Santos se formaba como cadete de la Escuela Naval de Cartagena, Londoño lo hacía en la Juventud Comunista Colombiana.

Las ideologías dieron paso a los estudios antes de involucrarse en la guerra, y el humilde quindiano, antes de ser Timochenko, fue conocido como alumno de Medicina de la Universidad Patricio Lumumba, de Moscú, donde se especializó en cardiología.

También se formó en Cuba y fue entrenado militarmente en la Yugoslavia del mariscal Tito años antes de ingresar en las FARC, en marzo de 1982.

Mientras Santos se abrió al mundo con estudios de Economía en Kansas y posgrados en Londres y Massachusetts, Londoño se preparaba para internarse en la selva.

En la década del 2000 un hombre se cruzó en sus destinos: Álvaro Uribe. El ahora expresidente, que llegó al Gobierno en el 2002, nombró a Santos ministro de Defensa en el 2006. Lo convirtió en el encargado de desplegar su política de mano dura contra la guerrilla, denominada Seguridad Democrática.

“Sin cuartel”, fue la orden, y Santos la acató con fidelidad. Durante su etapa como ministro se dieron los mayores golpes a las FARC, como la muerte en marzo de 2008, de Luis Edgar Devia, alias Raúl Reyes, entonces el segundo al mando de la guerrilla.

Muchos líderes guerrilleros cayeron en esta etapa. En el 2011, ya con Santos en la presidencia, fue eliminado Guillermo León, alias Alfonso Cano, que asumió el mando de las FARC en el 2008. Este golpe puso a Timochenko como máximo líder de las FARC, a la que expandió a través de contragolpes en algunas regiones.

Pese a que los éxitos militares contra las FARC fueron uno de los ases que presentó para aspirar a la Presidencia en 2010, poco tiempo después Santos comenzó a buscar la paz por la vía de la negociación, jugándose en la apuesta todo su rédito político.

Seis meses de reuniones en secreto propiciaron los diálogos iniciados en noviembre de 2012, que han cambiado la comunicación de los viejos enemigos pero no frenan la tentación de lanzarse dardos dialécticos.

“Suponemos que el Gobierno del presidente Santos sabe bien lo que está haciendo, aunque no deja de inquietarnos”, comentó Timochenko en enero, en tanto que el presidente ha sido constante en pedir coherencia a la guerrilla.

El miércoles se reunieron en La Habana sabedores de que ambos sufrirán las críticas de sectores políticos y de los guerrilleros más radicales, pero también conscientes de que el camino que les ha llevado a enfrentarse es el que les ha enseñado que quieren firmar una paz que sea definitiva para Colombia.