28 febrero, 2015

La Habana

Cansado de lidiar con los desperfectos de una pieza del motor de su viejo automóvil Buick, el mecánico Raúl López decidió construirla él mismo, abrazando la filosofía de que en Cuba "todo se remienda o se repara".

"Me vi en la obligación de empezar a inventar hasta que construí este árbol de levas, increíblemente. A veces yo mismo me creo que es mentira", afirma López en su pequeño taller en La Habana mientras muestra la pieza nueva lista para ser acoplada al auto.

Mecánico empírico de 51 años, López decidió "lanzarse a la aventura" de construir la pieza después de que una similar que importó desde Argentina solo "duró una semana, pues tenía muy mala calidad".

Con medio siglo de carencias materiales, los cubanos se han visto obligados a desarrollar el ingenio para alargar la vida de sus pocos bienes y para reparar equipos eléctricos y autos, a veces con décadas de uso, ante la imposibilidad de adquirir repuestos o renovarlos.

Cuba
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De ahí, que la Isla tenga un ejército de "reparadores", entre los que sobresalen los mecánicos que, como López, mantienen rodando los autos estadounidenses de los años 50 (muchos de los cuales sirven como taxis colectivos), a pesar de que sus repuestos desaparecieron después de que Estados Unidos impuso un embargo contra la isla comunista en 1962.

"Es una filosofía del reciclaje que ha tenido que desarrollar el cubano y que nos ha dado una capacidad de sobrevivencia increíble", dice el artesano Fidel Rangel, de 65 años.

"Aquí todo tiene reparación y a lo que está muy difícil se le pone un parche, se pega, se cose y se arregla", manifiesta el zapatero Raúl Norguel, de 40 años y cuyo taller, en el portal de una casona del barrio de El Vedado en la capital, es por sí mismo un ejemplo de conservación.

Además del oficio, Norguel heredó de su abuelo una máquina de coser Singer que él mantiene funcionando, aunque considera que "debería estar en un museo", porque "es del tiempo del capitalismo", es decir, de antes de la revolución de 1959.

Además, posee una lijadora artesanal que armó con un motor de una lavadora rusa Aurika. Estos motores también suelen ser usados para mover ventiladores y molinos en Cuba.

Cerca del taller de Norguel, Serafín Ortiz, un excartero de 63 años, se gana la vida reparando y recargando encendedores desechables, una práctica muy extendida en la Isla.

"En otro país la botan cuando se les acaba el gas, aquí la perforamos por el fondo, la rellenamos y luego sellamos con un alfiler", indica Ortiz, subrayando que con esa "técnica la fosforera (encendedor) se vuelve eterna".

"Aquí la botas y cuando vas a la tienda no hay, y luego hay personas que no tienen el dinero para comprarse una cada vez", agrega Ortiz, al explicar por qué tiene "tantos clientes".

Un zapatero trabaja en una calle de La Habana. Muchos cubanos se han convertido en reparadores expertos ante las carencias materiales.
Un zapatero trabaja en una calle de La Habana. Muchos cubanos se han convertido en reparadores expertos ante las carencias materiales.

Oferta y demanda. Su labor de "reparador-rellenador de fosforeras" es uno de los 200 oficios por "cuenta propia" autorizados por el gobierno de Raúl Castro como parte de las reformas económicas, que han abierto un tímido espacio a la iniciativa privada.

En Cuba también hay reparadores de colchones, paraguas y cocinas, amoladores de tijeras y cuchillos, y fabricantes artesanales de escobas, cepillos y utensilios de aluminio y plástico (llamados "merolicos") y de productos de aseo y limpieza ("alquimistas").

Algunas de esas actividades aparecieron con la profunda crisis económica que se vivió en la Isla tras la desintegración del bloque soviético en 1991.

Los "reparadores" esperan que el inicio del proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, tras medio siglo de enemistad, mejore su vida cotidiana, a través de una más amplia y más barata oferta de piezas, equipos y materias primas para su labor.

Sus expectativas parten de la promesa del presidente Barack Obama "de empoderar al naciente sector privado cubano", y de las regulaciones que Washington puso en vigor en enero para flexibilizar los viajes y el comercio entre ambos países, aunque el embargo sigue vigente.

"Hay evidentemente un propósito claro de facilitar la importación para el sector de la economía, ya sea cooperativas o trabajadores privados", dijo el economista cubano Juan Triana.