4 diciembre, 2015

Río de Janeiro

En la playa de Copacabana unas esculturas de arena de mujeres con prominentes gluteos atraen a turistas y curiosos, pero una asociación pretende prohibirlas alegando que alientan el turismo sexual en Río de Janeiro, sede de los Juegos Olímpicos de 2016.

Jassim al-Alawadhi detiene su bicicleta para tomarse una fotografía delante de una mujer en tanga, de tamaño natural y acostada sobre su vientre, al lado de un gran papa Noel a medio hacer.

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"Es solo arena, no creo que haga apología de la prostitución o del vicio. Es solo una escultura hecha por una persona pobre que hace esto a cambio de un poco de dinero", dice a la AFP este analista financiero de 26 años, que está de vacaciones en Rio.

Ubiratan dos Santos, de 63 años, es el creador. Desde hace 23 años, se dedica a hacer esculturas de arena en esta zona de la playa de Copacabana .

"He creado a mujeres de todo tipo. Hoy en bikini, mañana de falda. Pretender prohibirlas es una falta de respeto a mi trabajo", considera.

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Con los dedos, acaricia suavemente las nalgas firmes y generosas de una de sus creaciones, que acaba de rociar con agua de mar para redondearla un poco más.

Hay que mojar todo el tiempo las esculturas "porque si hace un poco de viento, ¡se acabó!", explica.

Cuenta que un empleado de la alcaldía vino a pedirle esta semana que abandonara este trabajo, porque algunos habitantes del vecindario lo consideran una incitación a la prostitución.

"No es una buena imagen para la ciudad", confirma a la AFP el alcalde adjunto Bruno Ramos, quien contactó el servicio jurídico de la municipalidad para saber si es legal prohibir las esculturas.

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"Esto es un circo", replicó el artista. "Deberían ocuparse de la violencia en la ciudad".

Dos Santos vive en Olaria, en la periferia norte, y mantiene vigilado su trabajo durante las noches para evitar que lo destruyan.

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