Comicios que se realizarían el viernes fueron atrasados al menos mes y medio

 1 junio, 2015
Un grupo de refugiados burundeses llega a Kigoma, Tanzania, el 23 de mayo. Más de 90.000 personas han dejado el país a causa de la crisis. | AP.
Un grupo de refugiados burundeses llega a Kigoma, Tanzania, el 23 de mayo. Más de 90.000 personas han dejado el país a causa de la crisis. | AP.

Dar es Salaam. AFP. “Profundamente preocupados por la situación actual en Burundi”, los países del este de África pidieron y consiguieron un aplazamiento de las elecciones de al menos un mes y medio, un gesto insuficiente para la oposición, contraria a un tercer mandato del presidente Pierre Nkurunziza .

Los opositores a la candidatura del actual jefe de Estado burundés afirmaron sentirse “decepcionados” por el resultado de la reunión que se llevó a cabo ayer en Dar es Salam (Tanzania) y llamaron a manifestarse para hacer renunciar a Nkurunziza.

Los dirigentes de África oriental habían pedido “un largo aplazamiento de las elecciones” legislativas y locales, previstas en principio para el viernes, de “no menos de un mes y medio” y exigieron que “todas las partes pongan fin a la violencia”.

Los países reunidos también animaron “al Gobierno burundés a crear todas las condiciones necesarias para el regreso de los refugiados (burundeses) a su país”, pero se abstuvieron de pronunciarse sobre la candidatura de Nkurunziza a las presidenciales, previstas para el 26 de junio .

La cumbre se llevó a cabo sin su protagonista, el presidente burundés Pierre Nkurunziza que, según su portavoz, Philippe Nzobonariba, permaneció en su país para “hacer campaña” para las elecciones generales.

“El Gobierno de Burundi ha acogido positivamente la propuesta de los jefes de Estado” sobre el aplazamiento de las elecciones, declaró el vocero.

“Este periodo nos permitirá sentarnos juntos y discutir la participación de todos”, añadió, al precisar que era la comisión electoral la que debía encargarse de fijar el nuevo calendario.

Crisis y represión. Burundi atraviesa una grave crisis política desde que Nkurunziza anunció su intención de presentarse a las elecciones, lo que causó protestas populares en la capital Buyumbura, que siguen adelante a pesar de una dura represión policial.

Los manifestantes consideran que un tercer mandato es anticonstitucional y contrario a los acuerdos de paz de Arusha, que pusieron fin a la guerra civil de Burundi (1993-2006).

Los seguidores del Gobierno defienden, por su parte, que la candidatura es legal, ya que Nkurunziza no fue votado para acceder al poder en el 2005, sino designado por el Parlamento.

El presidente había acudido a una primera cumbre sobre la crisis en Burundi, el pasado 13 de mayo en Dar es Salam, que se vio perturbada por un intento de golpe de Estado en su país. Su regreso a Burundi consiguió sofocar las opciones de los golpistas, aunque no ha logrado aplacar las manifestaciones de sus opositores.

“Espiral de violencia”, “país al borde del abismo”, “radicalización”: los observadores coinciden en vaticinar un futuro complejo para Burundi.

En un mes, los disturbios causaron más de 30 muertos, a menudo víctimas de disparos de la Policía. Entre asesinatos de opositores, palizas y acusaciones a jóvenes oficialistas de formar una milicia, algunos incidentes recuerdan los años anteriores a la guerra civil que asoló el país.