19 julio, 2013

Valles del Tuy. AFP Micrófono en mano, Tumba llama a dejar la mala vida, como hizo él, a un centenar de “malandros” (delincuentes) que lo escuchan, escépticos, en un terreno bordeado por maltrechas casas en las afueras de Caracas.

“Si no tenemos un proyecto de vida, nuestros hijos van a ser peores que nosotros. Se los digo yo, que en lo que caí preso mi mamá no aguantó mucho la presión y se murió”, les dice en la charla en un poblado de los Valles del Tuy.

José Rondón, alias Tumba, de 35 años, les habla de su época de delincuente y los invita a sumarse al plan de amnistía y desarme del gobierno de Nicolás Maduro para enfrentar la mayor preocupación del venezolano: la violencia criminal.

Jóvenes, antes violentos, tratan de crear conciencia. | AFP.
Jóvenes, antes violentos, tratan de crear conciencia. | AFP.
Hasta ahora, el llamado al desarme ha tenido una pobre respuesta

Pero su llamado parece no tener eco. Varios de los jóvenes confesaron su temor a ser perseguidos judicialmente o a que sus pistolas terminen en otras manos.

“No entregaría mi arma. ¿Cómo defendería mis cosas?”, dice José Correa, con un juicio pendiente por homicidio y posesión de droga.

Desde que fue promulgada hace un mes la Ley para el Control de Armas , solo han sido entregadas voluntariamente 18 pistolas, admitió el ministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez.

En Venezuela, el país más violento de Sudamérica, hay “un millón y medio de armas ilegales”, estimó Pablo Fernández, del plan gubernamental de seguridad.