Coalición kurdoárabe apoyada por Estados Unidos lucha contra el grupo Estado Islámico en Siria desde el 2014

 20 julio

Jazrah

Iskandar combate a los yihadistas en la ciudad siria de Raqa y en su día libre cocina mulujíe, un plato tradicional, para sus compañeros de armas, hartos de comer siempre lo mismo en el frente.

En ropa militar, este hombre robusto y sonriente mezcla hojas de una planta malvácea, ajo, zumo de limón y pollo en una cazuela, en la cocina de una casa abandonada de Jazra, un suburbio al oeste de Raqa.

"Me gustaba estar en la cocina con mi madre, ella me ha enseñado mucho. Es la primera comida que cocino en el frente", explica este combatiente de 28 años que forma parte de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS).

Niñas desplazadas sirias que huyeron de la ciudad de Raqa sostienen recipientes mientras esperan recibir alimentos en la entrada de la cocina principal de un campo de refugiados en Ain Isa.
Niñas desplazadas sirias que huyeron de la ciudad de Raqa sostienen recipientes mientras esperan recibir alimentos en la entrada de la cocina principal de un campo de refugiados en Ain Isa.

Esta coalición kurdoárabe apoyada por Estados Unidos lucha contra el grupo Estado Islámico (EI) en Siria desde el 2014, e intenta actualmente expulsar a los yihadistas de su principal bastión sirio de Raqa.

Aprovechando una pausa, los camaradas de Iskandar están pendientes de sus gestos, impacientes por degustar el mulujíe, un plato muy popular en el mundo árabe.

"No te olvides de añadir zumo de limón para que no esté demasiado seco", aconseja un combatiente al "chef" Iskandar.

"Nos hemos cansado de la comida que nos sirven a diario. No es que sepa mal, pero estamos hartos de las berenjenas, del kebab y de la carne a la parrilla", explica Iskandar a la AFP.

Iskandar encontró las hojas de la planta utilizada para este plato en esta casa abandonada de Jazra, y el resto de los ingredientes los consiguió en tiendas cercanas.

"Si quieren otro plato, estoy dispuesto: verduras rellenas, pollo asado al horno, frijoles", afirma este joven con orgullo.

Algunos combatientes esperan a la sombra de una viña, otros en el interior, delante de un ventilador.

En una nevera hay botellas de agua apiladas, cubitos de hielo y un plato con pepino cortado en trozos pequeños, que Iskandar mezcla con yogur.

Generalmente, las comidas para el frente oeste se preparan la víspera en la aldea de Hawi al Hawa, a menos de dos kilómetros de Raqa.

"Cada día entregamos 5.000 almuerzos y 5.000 cenas", afirma Hoghar, encargado de la logística.

En el exterior, miembros de las FDS han llenado sacos de plástico con pan y queso y los han colocado cerca de las hileras de cacerolas.

"Recibimos los pedidos de los combatientes e intentamos satisfacerles en la medida de lo posible. Piden sobre todo verduras y fruta", detalla Hoghar.

Últimamente, los combatientes pidieron "lahm baajin", una tarta cubierta con carne picada, un plato muy popular en Oriente Medio.

Las fuerzas de seguridad de Siria sirias bailan durante una ceremonia de graduación, en la base del desierto de Ain Isa, en la provincia de Raqa.
Las fuerzas de seguridad de Siria sirias bailan durante una ceremonia de graduación, en la base del desierto de Ain Isa, en la provincia de Raqa.

Los cocineros han previsto prepararlas en Kobane, a tres horas por carretera porque en Hawi al Hawa no hay panadería.

"Las transportaremos en camiones frigoríficos, y las distribuiremos aquí", explica Hoghar.

El hielo es casi tan fundamental como la comida. Sirve para enfriar el agua, caldeada por temperaturas superiores a los 45°C que se registran en el norte de Siria.

Las FDS han concluido un acuerdo con el propietario de una pequeña fábrica de hielo de las afueras de Hawi al Hawa, que les deja congelar agua si pagan el material y el gasóleo.

"Nuestras fuerzas están agotadas y necesitan algo para refrescarse", afirma Mohiydin Mohamad, de 38 años, mientras la máquina produce bloques de hielo.

"Con este calor no basta con ponerse a la sombra", explica Matay, de 22 años.

Cerca de la fábrica, unos combatientes saborean también helados de vainilla, repartidos por un camión, otra forma de refrescarse.

Aprovechamos también los periodos de calma en los combates para darnos un baño en un riachuelo al norte del pueblo. "Podemos nadar, lavarnos y limpiar nuestra ropa. Es una forma de escapar del calor", dice Matay.

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