15 enero, 2015
Un simulacro de votación realizado en Santiago en 2009. | ARCH.
Un simulacro de votación realizado en Santiago en 2009. | ARCH.

Santiago. AFP El Senado chileno aprobó ayer, al final de una maratónica sesión, el fin del sistema electoral binominal heredado de la dictadura de Augusto Pinochet, que permitía una sobrerrepresentación de la derecha chilena.

La Cámara Alta aprobó el fin de un intrincado sistema electoral diseñado para asegurar el peso en el Congreso de los partidos conservadores ante la centroizquierda, para dar paso a uno de carácter proporcional.

La presidenta Michelle Bachelet afirmó, después de la aprobación, que el nuevo sistema electoral es un anhelo necesario para renovar la política en el país suramericano.

“Un sistema electoral como el que vamos a tener en nuestro país nos va a permitir una mejor representatividad y tener más y mejores ideas en el Parlamento”, agregó Bachelet.

“Nos sentimos tremendamente orgullosos de decir que hemos logrado algo histórico”, afirmó la titular del Senado, Isabel Allende.

La aprobación se logró después de múltiples y fallidos intentos por reformar el sistema instaurado en 1980, que ha permitido la exclusión de las minorías políticas, como los partidos Comunista y Humanista.

El sistema dividía el país en distritos electorales donde se elegían dos representantes inscritos en listas electorales. Para que los dos candidatos de una lista fueran elegidos, debían doblar a la otra en votos.

Si una lista no conseguía doblar la votación de la otra, resultaba electo un candidato de cada una de ella. De esa manera, muchas veces fueron elegidos parlamentarios que habían obtenido el tercer lugar en cuanto a número de votos.

El sistema permitió a la derecha equiparar su fuerza electoral en el Parlamento con la centroizquierda, que históricamente ha sido mayoría. También posibilitó , en 25 años de democracia, la consolidación de dos grandes alianzas políticas, excluyendo a las minorías.

La aprobación de la reforma fue posible gracias al voto de dos senadores de oposición, exmiembros de partidos de derecha que ahora accedieron a la modificación de un sistema electoral que por años le permitió a este sector mantener vigente la herencia de la última dictadura.

Para que se convierta en ley, el proyecto debe volver ahora a la Cámara de Diputados -donde el oficialismo tiene mayoría- para que apruebe las modificaciones introducidas en el Senado.

El Gobierno de la socialista Michelle Bachelet se comprometió a promulgar el proyecto antes del 31 de enero. La derecha anunció que llevará la nueva ley ante el Tribunal Constitucional para que revise su legalidad.

“El proyecto no solamente es injusto, sino que es constitucionalmente inadmisible”, criticó el senador Hernán Larraín, de la conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), uno de los partidos que más se ha beneficiado del sistema.

El nuevo sistema electoral aprobado aumenta el número de diputados de 120 a 155, mientras que el Senado crece de 38 a 50 representantes, para asegurar una mejor representación de los distintos sectores políticos.

“Es el inicio de una nueva etapa y a la vez el fin de una de las herencias más nefastas de la dictadura”, dijo el senador socialista Juan Pablo Letelier.

La iniciativa establece además una cuota de género, en la que al menos un 40% de los candidatos deben ser mujeres y facilita la conformación de nuevos partidos políticos.