La debilidad del aparato estatal y la lucha por el poder le facilita echar raíces

 17 febrero, 2015

Bengasi (Libia), el Cairo y otras procedencias. AFP, EFE y AP. La pugna por el poder entre dos grupos armados y la debilidad de la Policía y el Ejército en Libia han permitido al grupo yihadista Estado Islámico (EI) echar raíces en el país norafricano, situación que preocupa a los vecinos árabes y a Italia, en la otra orilla del mar Mediterráneo.

La presencia de la organización ultrarradical sunita cobró mayor relevancia con su anuncio, el domingo, de la decapitación de 21 cristianos coptos egipcios, a quienes retenía desde diciembre anterior.

Como una forma de “vengar el derramamiento de sangre y “buscar castigo contra los asesinos”, la Aviación militar de Egipto lanzó ayer dos incursiones contra posiciones del EI en Libia .

El asesinato de los coptos, que produjo un repudio generalizado en el mundo musulmán y el resto de la comunidad internacional, pone a Egipto frente a un creciente desafío de parte de los islamistas, que desde hace meses libran una sangrienta campaña armada en la península del Sinaí .

Allí, varios grupos han declarado su lealtad al EI y reciben armas contrabandeadas a través de la frontera de Egipto con Libia.

Las ejecuciones de los coptos aumentaron así la posibilidad de que el EI, que proclamó el año anterior un califato en territorios de Siria e Irak, cuente con un afiliado directo a menos de 800 kilómetros del extremo sur de Italia.

Presencia en Libia. A finales de enero, el EI reivindicó el ataque contra el hotel Corinthia, en Trípoli, que cobró nueve vidas, entre ellas las de cinco extranjeros.

Coptos
Coptos

Los yihadistas han aprovechado la anarquía que se adueñó del país desde la caída de Muammar Gadafi en el 2011; las nuevas autoridades libias no logran controlar a las decenas de milicias formadas por antiguos sublevados, que imponen su ley frente a un Ejército y Policía debilitados.

Dos grupos armados se disputan el poder: el primero, dirigido por el general Khalifa Haftar, que dice combatir el “terrorismo” en el este, con el apoyo del Parlamento y el Gobierno, reconocidos internacionalmente; el segundo, Fajr Libya, formado principalmente por las milicias de la ciudad de Misrata (oeste), ocupó Trípoli el pasado verano e instaló un gobierno paralelo.

Sin dejar de denunciar “el terrorismo” de forma regular, Fajr Libya mantiene turbios lazos con grupos radicales como Ansar Asharia y aún no ha reconocido la presencia del EI en Libia.

El grupo acusa a Haftar y a sus partidarios del antiguo régimen de haber orquestado un “complot” para justificar una intervención extranjera.

Acción conjunta. La inquietud por la presencia del EI tampoco la disimula la Unión Europea (UE). La jefa de la diplomacia, Federica Mogherini, expresó el lunes que “existe hoy en Libia una doble amenaza: la de un país que se está haciendo añicos y la de un país donde el Estado Islámico está tomando el poder e infiltrándose”.

Italia, antigua potencia colonial de Libia, expuso el fin de semana su preocupación y dijo estar dispuesta a asumir las riendas de una coalición de países europeos y norafricanos.

Mogherini anunció que se reunirá con las autoridades egipcias y estadounidenses esta semana para discutir una posible acción conjunta en Libia, pero sin contemplar por el momento un papel militar para la UE.

Egipto dijo esperar que la comunidad internacional “afronte su responsabilidad” y adopte medidas “fuertes y efectivas” contra los grupos terroristas.