9 agosto, 2016
Mujeres cristianas se reunían el lunes 8 e una iglesia en Erbil, Irak. Los cristianos iraquíes, desplazados por la guerra, opinan que aunque se derrote al yihadismo, Irak nunca volverá a ser seguro para las minorías.
Mujeres cristianas se reunían el lunes 8 e una iglesia en Erbil, Irak. Los cristianos iraquíes, desplazados por la guerra, opinan que aunque se derrote al yihadismo, Irak nunca volverá a ser seguro para las minorías.

Washington

La lucha contra el grupo Estado Islámico (EI) comenzó hace tres años, con el objetivo de detener a los yihadistas que asolaban a Irak dejando una carnicería humana y destrucción.

Se suponía que iba a ser una campaña rápida y estrecha para ayudar a las fuerzas locales a derrotar a los yihadistas. Pero miles de millones de dólares y más de 14.000 ataques aéreos después, el esfuerzo pone de relieve los límites de luchar una guerra fundamentalmente desde el aire.

"Estamos luchando una batalla perdida si esperamos destruir completamente" al EI, dijo Charles Lister, del Middle East Institute.

Casi la mitad del territorio que una vez estuvo en manos del EI en Irak fue liberado, así como el 20% del territorio que reclama en la vecina Siria.

Los expertos prevén el eventual colapso del autoproclamado "califato", pero los yihadistas devuelven los golpes instando a sus seguidores a lanzar ataques en todo el mundo.

Solo en 2016, el EI ha reivindicado una serie de horrendos ataques que han golpeado a Francia, Bélgica, Turquía, Bagdad y Estados Unidos.

"Esta es una organización que muy exitosamente se metamorfosea en una organización terrorista tradicional que luego reconstruye sus capacidades", dijo Lister.

Cuando el presidente Barack Obama lanzó los ataques aéreos en Irak en agosto de 2014, su gobierno subrayó que no se mantendrían en el largo plazo.

Y Obama, que prometió en la campaña electoral acabar con las guerras de Estados Unidos en Irak y Afganistán, dijo que las tropas estadounidenses no serían arrastradas a un nuevo conflicto.

Ha insistido una y otra vez que mientras Estados Unidos puede proporcionar apoyo y ataques aéreos, la guerra debe ser ganada por fuerzas locales, no estadounidenses.

No obstante, unos 6.500 efectivos de la coalición -en su mayoría estadounidenses- han sido desplegados en el marco de la lucha contra el EI.

La mayoría está apostada en Irak, pese a que algunas fuerzas especiales trabajan con los kurdos y los combatientes árabes en Siria, donde la guerra civil y los ataques aéreos rusos en apoyo al régimen de Bashar al Asad han complicado el panorama.

"Los pocos de nosotros que observamos el desarrollo de este grupo entre 2010 y 2014 sabíamos muy bien que esta iba a ser una batalla de muy largo plazo, y la idea de que no iba a haber tropas estadounidenses involucradas era una mera fantasía", dijo Lister.

Pese a que Washington afirma que más de 60 países integran la coalición, en rigor es Estados Unidos y unos pocos socios incondicionales los que hacen prácticamente todo el trabajo.

Pocas semanas después de los primeros ataques aéreos en Irak, la campaña contra el EI se extendió a Siria.

La lucha se amplió luego a Afganistán y, la semana pasada, el Pentágono silenciosamente inició una campaña aérea contra el EI en su bastión libio de Sirte.

Se supone que esa campaña dure "semanas, no meses", de acuerdo con el Pentágono.

La coalición liderada por Estados Unidos realizó hasta el 6 de agosto 9.514 ataques en Irak y 4.787 en Siria. Un total de 14.301. El costo diario de tales operaciones es de $11,9 millones; unos $8.000 millones hasta el momento.

Los ataques de la coalición han tenido como blanco a líderes yihadistas, combatientes, tanques y posiciones de combate.

También se ha buscado impactar en camiones cisterna y pozos que abastecen petróleo ilícitamente al EI, así como acopios de dinero en efectivos por valor de millones de dólares.

Pero los ataques aéreos han generado problemas, como los crecientes números de muertes civiles. El Pentágono informó que al 28 de julio había confirmado 55 civiles muertos por ataques aéreos de la coalición en Irak y Siria. Críticos afirman que esa cifra está subestimada.

Otros incidentes son investigados, incluyendo un ataque en julio cerca de la ciudad siria de Manbij, en el que supuestamente murieron decenas de civiles.

Pese a que Estados Unidos toma amplias precauciones para evitar tales muertes, las mismas tienen funestas repercusiones en la lucha contra los yihadistas.

"La campaña de bombardeos mata inocentes, y genera nuevos reclutas y solidaridad" con el EI, dijo Howard Gambrill Clark, un veterano marine y ex alto analista de inteligencia que encabeza el Stability Institute de Washington.