16 abril, 2015
 Familiares de las víctimas oraron el miércoles durante una ceremonia en una tumba en la provincia de Kampot, Camboya.Este país conmemoró el inicio del mandato del Jemer Rojo, entre 1975 y 1979.
Familiares de las víctimas oraron el miércoles durante una ceremonia en una tumba en la provincia de Kampot, Camboya.Este país conmemoró el inicio del mandato del Jemer Rojo, entre 1975 y 1979.

Phnom Penh

Cuando los jemeres rojos invadieron Phnom Penh, el 17 de abril de 1975, Chhung Kong estaba lejos de imaginar el comienzo de un régimen que causó la muerte de un cuarto de la población de Camboya.

No se han previsto conmemoraciones importantes con motivo del aniversario de un régimen que causó dos millones de muertos por agotamiento, hambre, enfermedad, torturas o ejecuciones. Todos parecen querer olvidarlo, empezando por el primer ministro Hun Sen, con un pasado de jemer rojo.

Hace 40 años, Phnom Penh cayó sin oponer resistencia, después de cinco años de guerra civil y de bombardeos estadounidenses en Camboya en el marco de la guerra de Vietnam.

Los jemeres rojos obligaron a los habitantes de las ciudades a trabajar en el campo, sin dinero y lejos de sus familias.

Los estadounidenses se habían ido el 12 de abril de 1975. Su aliado, el presidente Lon Nol, ya lo había hecho días antes, el 1.° de abril.

Lo que venía. "La gente aclamaba, agitaba banderas. Yo paseaba en ciclomotor para ver lo que ocurría. No pensábamos en el peligro de muerte que llegaría", recuerda Chhung Kong, que perdió a 16 miembros de su familia en los cuatro años de pesadilla que siguieron.

En aquel entonces, este camboyano daba clases de francés en un colegio que acabaría convertido en cárcel para los enemigos del régimen ultramaoísta que hizo reinar el terror.

Hoy, la prisión de Tuol Seng, también conocida como S-21, es un museo en el que los escolares visitan las clases transformadas en salas de tortura.

"Nunca he visitado ese lugar. Paso por delante de él en coche, pero no entro. ¿Por qué? Porque para mí es el sitio en el que daba clases, no un lugar donde se encarcela y se mata", explica a la AFP Chhung Kong, de 71 años y ahora abogado de profesión. El 17 de abril de 1975 tenía 31 años.

Camboya
Camboya

"En torno a las 10 u 11 de la mañana, los soldados jemeres rojos, armados con fusiles, nos ordenaron que nos fuéramos de la ciudad. Nos dijeron que sería por unos días".

Éxodo y tragedia. Comienza entonces una dolorosa odisea para los dos millones de habitantes de la capital. Varios centenares de refugiados se escondieron en la embajada de Francia.

Chhung Kong se fue con una chaqueta y unas sandalias como único equipaje. A su paso vio los cadáveres de soldados muertos en las carreteras. Los disparos de advertencia disuadían a los más atrevidos de intentar abandonar el convoy.

Todavía recuerda a las personas muertas de cansancio, a los enfermos evacuados de los hospitales de Phnom Penh en camillas y a las embarazadas que daban a luz en las cunetas.

"No quiero olvidar los sucesos del 17 de abril de 1975. Todavía recuerdo la forma de caminar de las personas, cómo llevaban sus enseres" o a sus hijos.

Chhung Kong caminó durante más de diez días. Al final lo destinaron a una cooperativa situada a unos 30 km de Phnom Penh, donde cavó canales de riego, pese a sus brotes de malaria.

Los jemeres rojos lanzaron una caza al intelectual con el objetivo declarado de purificar la sociedad marxista, para lo que obligaron a los habitantes de las ciudades a trabajar en el campo, sin dinero y lejos de sus familias.

En la actualidad, varios exdirigentes de los jemeres rojos han sido juzgados en un tribunal especial creado en Phnom Penh bajo los auspicios de las Naciones Unidas.

Nuon Chea, el ideólogo del régimen, de 88 años, y el ex jefe del Estado de la antigua Kampuchea Democrática Khieu Samphan, de 83 años, fueron condenados en agosto pasado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad, sobre todo por la evacuación forzada de Phnom Penh.

Son objeto de otro juicio por genocidio, matrimonios forzados y violaciones cometidos como parte de su política de terror.

Pero en un país donde el principal dirigente jemer rojo, Pol Pol, falleció sin haber sido juzgado, impera el hastío.

"Aunque 100 dirigentes de los jemeres rojos fuesen juzgados, esto no significa nada, puesto que de todas maneras están a punto de morir" de vejez, suspira Chhung Kong.

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