Convulsión social y economía estancada retan a las aspirantes a la presidencia

 28 septiembre, 2014

Desde la muerte del candidato presidencial Eduardo Campos, al pueblo brasileño se le redujeron las certezas. El 5 de octubre, 142 millones de electores están llamados a acudir a las urnas, en unos comicios precedidos por la perplejidad y la incertidumbre.

A una semana de esta sétima elección presidencial desde que se restableció la democracia en 1985, los votantes brasileños se han montado en un subibaja de preferencias, aunque la izquierda moderada, representada ahora por Rousseff, sigue con fuerza desde que salió a la luz el fenómeno de Luiz Inácio Lula Da Silva.

Son consideradas las votaciones más desafiantes y complejas en la historia de Brasil. Las dos principales aspirantes, la mandataria Dilma Rousseff y la ecologista Marina Silva, llevan por ahora un pulso similar en los sondeos, y no se prevé que superen el 50% de los votos. Por ello, una segunda ronda, el 26 de octubre , es inminente.

La disputa por la presidencia tuvo un giro inesperado el 13 de agosto cuando el aspirante socialista Eduardo Campos falleció en un accidente aéreo. Hasta entonces, las encuestas lanzaban a Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), como favorita, seguida del conservador Aecio Neves, del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), y a Campos en el tercer lugar.

Silva, compañera de fórmula de Campos, retomó la candidatura e impulsó rápidamente la aprobación del Partido Socialista Brasileño (PSB), que pasó de un 8% a un 22% en las encuestas.

Desde entonces, la campaña se volvió más agresiva, los resultados impredecibles y la reelección de Rousseff quedó solo como una posibilidad, un panorama difícil de imaginar hace seis meses.

Sin embargo, la última encuesta de Ibope muestra que Rousseff resistió la oleada de popularidad de Silva , pues la mandataria se coloca al frente con 38% de intención de voto contra un 29% de su rival.

Desafíos. A estas elecciones se añade un ingrediente particular: el protagonismo de una clase media pobre, endeudada, con más acceso a créditos, que demanda más y mejores servicios de salud, educación y transporte. Protagonista de las masivas protestas contra las inversiones en estadios de fútbol antes del Mundial y urgente de mejoras en infraestructura y seguridad.

Se trata de los casi 40 millones de brasileños que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva sacó de la pobreza durante sus dos administraciones (2003-2011).

“Brasil está mejor que hace 20 años, pero la gente ve que es posible progresar más, entonces demanda calidad”, explicó Paulo Sotero, director del Instituto Brasil, con sede en Washington, Estados Unidos.

Para el periodista Juan Arias, del diario El País , pese a la riqueza de Brasil siguen existiendo marcadas desigualdades sociales y la educación está aún en la cola de los índices mundiales.

“Muchas de las mejoras han sido de carácter asistencial. Ahora se necesita profesionalizar a la clase pobre para que aprenda a pescar por su cuenta”, dijo Arias.

Sumado a esto, los comicios toman a Brasil en medio de una recesión técnica ; es decir, con el reporte de dos trimestres seguidos de contracción económica.

Este año, de enero a marzo el Producto Interno Bruto (PIB) brasileño retrocedió 0,2 puntos porcentuales y en los últimos tres meses lo ha hecho 0,6 puntos.

El economista brasileño Fernando Carvalho considera que es mucho más preocupante el estancamiento económico que desde hace cuatro años padece el país.

“La industria está en declive, estrangulada por una moneda sobrevaluada, hay altas tasas de interés, un inadecuado suministro de crédito por una estructura tributaria pesada. La imagen es desfavorable para la inversión, que no crece lo necesario. Entre los candidatos, ninguno parece tener una idea clara de qué hacer y cómo superar este estancamiento”, señaló Carvalho.

Además, en este panorama se mezclan las denuncias por casos de corrupción sobre el Gobierno, así como el miedo a romper con la continuidad y optar por lo nuevo.

Cualquier resultado es posible cuando la moneda está en el aire. Por ahora, lo único previsible es que una mujer será elegida presidenta, pero en segunda ronda.

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