Doctor actualiza la estadística conforme llegan los cuerpos a las morgues

 3 agosto, 2014
El médico Ashraf al Qudra atiende a la bebé Shaima Sheikh al-Eid, en el Hospital Naser. Los cirujanos extrajeron a la menor del vientre de su madre, una joven que murió en un bombardeo. La pequeña, conocida como niña milagro, murió el miércoles por falta de oxígeno, debido a los cortes eléctricos. | AFP
El médico Ashraf al Qudra atiende a la bebé Shaima Sheikh al-Eid, en el Hospital Naser. Los cirujanos extrajeron a la menor del vientre de su madre, una joven que murió en un bombardeo. La pequeña, conocida como niña milagro, murió el miércoles por falta de oxígeno, debido a los cortes eléctricos. | AFP

Gaza. AFP El doctor Ashraf al Qudra duerme dos horas por noche en su estrecho despacho del Hospital de Shifa, en Gaza. Allí, sumergido entre malas noticias y acosado por los periodistas, anuncia al mundo los muertos palestinos al ritmo de los bombardeos israelíes.

Después de tres semanas sumando cadáveres, el médico llega a una conclusión clara: “No hay ningún lugar donde se pueda estar seguro en Gaza”, enclave palestino de 362 km² donde viven hacinadas 1,8 millones de personas.

Desde el inicio de la ofensiva sobre Gaza, el 8 de julio , el médico ha contado más de mil palestinos muertos.

“Los datos que utilizamos y que publicamos son precisos y objetivos”, aseguró.

Este hombre grande, de 41 años y barba cuidada, trabaja para una entidad gubernamental dirigida por Hamás. Sin embargo, no se considera afiliado al movimiento islamista palestino, el cual controla la franja de Gaza y que no consigue pagar a sus funcionarios.

En caso de error, Ashraf al Qudra rectifica sus cifras. Así ocurrió el domingo pasado, cuando revisó a la baja el balance, o el viernes antepasado, cuando fijó en 15 personas los palestinos muertos en un ataque contra la escuela de Naciones Unidas en Beit Hanun , pese a haber anunciado previamente el doble.

Sus balances parecen coherentes con los reportes provisionales facilitados regularmente por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

La OCHA confirmó, el domingo pasado, la muerte de 924 palestinos en Gaza, 75% civiles y 206 niños y, al menos, 5.500 heridos. No obstante, estos datos no incluyen las “numerosas muertes” que están en proceso de verificación.

Las informaciones facilitadas por Ashraf al Qudra, al ritmo de la llegada de los cadáveres a las morgues de los siete hospitales gazatíes, pesan mucho en la reacción internacional suscitada por este conflicto.

“Creo profundamente en el carácter humanitario de mi misión”, señala este exfisioterapeuta convertido en médico. Esta misión consiste en responder a las casi 700 llamadas diarias y a actualizar en Twitter y Facebook el número de “mártires”.

Sin descanso. En un colchón cercano a su despacho, este hombre se dispone a hacer una siesta cuando un asistente le interrumpe: “¡Doctor Qudra! Hay una gran cantidad de muertos en el Hospital de los Mártires”, en Deir al Balah.

El teléfono suena y Ashraf al Qudra toma rápidamente notas, mientras la radio desgrana los muertos en una Gaza devastada. Entonces, el portavoz llama a los desbordados hospitales de la zona para seguir el rastro de heridos que van en ambulancia.

Y no esconde su cólera. “Veo cuerpos y trozos de cuerpos todo el tiempo. Pero lo que más me afecta, es ver mujeres y niños muertos por los bombardeos”, aseguró.

“Estoy seguro de que bombardearán este de un momento a otro”, señala el médico en referencia al Hospital de Shifa, el más importante de Gaza, mientras ve llegar por la ventana una ambulancia cargada de heridos.

Israel responsabiliza a Hamás de la muerte de civiles, al asegurar que el movimiento palestino esconde sus armas y centros de operaciones en las escuelas, mezquitas y hospitales.

El teléfono vuelve a sonar. Recibe el reporte de cinco muertos y 70 heridos en Jan Yunes (sur).

Sin embargo, la siguiente llamada genera una sonrisa en el médico. Es su esposa, que le da noticias de sus cuatro hijos.

“Los echo de menos”, asegura el hombre quien, entre dos balances, solo ha tenido tiempo de ver a su familia una vez en tres semanas.