13 noviembre, 2015

Bogotá. Diario El Tiempo. A los 91 años, falleció este jueves 12 de noviembre, el destacado escritor chocoano Arnoldo Palacios, autor de Las estrellas son negras , obra considerada un clásico de la literatura colombiana.

Alguna vez, él le contó al diario El Tiempo , de Colombia, que esa creación literaria se le quemó a los pocos días de haberle puesto punto final, en una serie de incendios ocurridos el 9 de abril de 1948. Sin embargo, Palacios (1924-2015) se sentó a escribirla de nuevo de un tirón en tres semanas.

En busca de nuevos rumbos, a sus 25 años y con esa rebeldía izquierdista que hervía en su interior, obtuvo una beca que le permitió viajar a París en 1949.

“Cuando llegué, recuerda, me tocó vivir la Guerra Fría, la tensión entre Argelia y Francia, la guerra de Indochina. A pesar de la distancia, los dramáticos momentos de lo sucedido en su país lo perseguían.

“Fue cuando pensé en escribir una novela colombiana, sustentada en los hechos del 9 de abril, pero basada en el Chocó”, contó Palacios en esa entrevista, al hablar de otro de sus libros, La selva y la lluvia (2011).

Fue un viajero incansable en sus periplos por varios países europeos y africanos. Sus novelas han sido traducidas a varios idiomas, entre ellos el ruso.

En su juventud en París, estuvo muy ligado a los movimientos de descolonización de los países africanos y de las colonias francesas de Las Antillas.

Coraje innato. En aquella menuda figura habitaba un hombre lleno de positivismo y fuerza interior, que afloraba cuando relataba los sucesos de su vida. Por eso, la poliomielitis que le dio cuando niño nunca fue un obstáculo, sino que la supo capitalizar como uno de los principales tesoros de su quehacer literario.

“Aunque pasé la mayor parte de mi infancia sin poder correr como los otros niños, nunca sentí la menor inferioridad ni complejo. Cuando me matricularon en la escuela, a los ocho años, mis compañeros se peleaban por venir a la casa a llevarme cargado; no sé cómo podían conmigo.

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”Ahí desarrollé mi gran capacidad de observación. Tenía mucho tiempo para pensar sentado por ahí, a la orilla de los ríos o en el borde de los caminos”, recordó en una de sus últimas charlas.