15 octubre, 2015
La canciller alemana Angela Merkel con la política afgana Shukria Barakzai
La canciller alemana Angela Merkel con la política afgana Shukria Barakzai

Berlín

Con los sondeos a la baja y una rebelión en su propio partido, Angela Merkel afronta un descontento sin precedentes en sus diez años en el poder en Alemania debido a su política aperturista con los refugiados.

"La canciller camina sobre hielo", manteniendo contra viento y marea su política de tenderles la mano, comenta este jueves el diario conservador Die Welt, que destaca "el foso creciente" entre Merkel y la base de su movimiento de centroderecha, la CDU, que reclama cada vez más el cierre de las fronteras del país.

"La canciller confía en la capacidad del país en gestionar esta crisis pero el país pierde esta confianza cada vez más rápido", añade. El periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung estima que "la revolución" que ella intenta crear en su familia política amenaza con no funcionar.

La gestión de la crisis de los refugiados es el mayor desafío de política interior para Merkel desde que se puso al frente del gobierno hace casi diez años, en noviembre de 2005.

El miércoles se enfrentó a la ira inédita de las bases de la CDU en una reunión en Sajonia (este), la región con más manifestaciones contra los refugiados y la "islamización" de Alemania, convocadas sobre todo por el movimiento populista Pegida.

En la reunión un militante levantó ante los asistentes una pancarta que llamaba a "destronar a Merkel".

La CDU también perdió a miles de afiliados, que devolvieron el carné coincidiendo con el flujo de migrantes. Los sondeos para la canciller y su partido tampoco son halagüeños. La Unión democristiana y su aliada bávara CSU registran su nivel más bajo en intención de voto (38%) desde las últimas elecciones de 2013.

Merkel se enfrenta al mismo tiempo a una rebelión abierta de la CSU de Baviera, una región por donde entra la mayoría de los migrantes.

En un intento de apaciguamiento, la canciller ha aceptado una propuesta de la CSU y del núcleo "duro" de la CDU para crear centros de retención en la frontera con el fin de expulsar inmediatamente a quienes incumplan las condiciones de asilo.

Pero el partido socialdemócrata, miembro de su coalición gubernamental, rechaza este proyecto, que califica de "campos" de refugiados.

La canciller había dado su visto bueno de mala gana. En realidad insiste en que la "solidaridad" es la única opción para Europa y el cierre de las fronteras es "una ilusión".

Su longevidad en la cancillería la debía hasta ahora a la buena salud económica del país y al pragmatismo político.

Pero con la crisis de los refugiados Merkel asumió un riesgo político considerable diciendo no al cierre de las fronteras y sí a la acogida ordenada de los migrantes. "¡Lo lograremos!" es su nuevo lema, un eslogan que trae a la memoria el "¡Yes we can!" del presidente estadounidense Barack Obama.

La explicación habría que buscarla en su pasado de alemana del este que vivió bajo el muro de Berlín. "El aislamiento ya no funcionó muy bien en tiempos de la RDA", afirmó el miércoles por la noche a los militantes de su partido.

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