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Freno a Kim

Actualizado el 10 de marzo de 2017 a las 12:00 am

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La perversidad, gravedad y densidad de las recientes provocaciones orquestadas por el dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, contra las normas más elementales del derecho internacional, no tiene precedente. Sus repercusiones trascienden el este de Asia y amenazan la paz mundial. ¿Cómo frenarlo? No hay respuestas mágicas ni plenamente convincentes, pero sí un actor con enorme capacidad de influencia: el gobierno chino. Hasta ahora, sin embargo, no ha ejercido ese papel. Es urgente que cambie.

El 90% del comercio norcoreano depende de China, que es también su principal fuente de remesas y de oxígeno diplomático. Sin su respaldo, el régimen colapsaría. Pero China teme los efectos de un derrumbe y, más todavía, una Corea unida, próspera y aliada de Estados Unidos. Hasta ahora ha preferido la aberrante dinastía de los Kim. Sin embargo, sus riesgos superan cualquier otra consideración.

En el 2016, Corea del Norte realizó dos ensayos nucleares y lanzó 23 misiles balísticos de prueba. Este Año Nuevo, Kim anunció las pruebas finales de un cohete intercontinental capaz de alcanzar la costa este de Estados Unidos. Pocas semanas después, ensayó un nuevo tipo de misil, de alcance medio, que utiliza combustible sólido. Y el lunes disparó simultáneamente cuatro más, tres de los cuales cayeron en aguas patrimoniales de Japón.

A lo anterior se añade el asesinato público, en Malasia, de su medio hermano Kim Jong-nam, usando el agente nervioso VX, prohibido internacionalmente. Como protesta, el gobierno malayo expulsó al embajador de Norcorea. El dictador respondió prohibiendo la salida de los ciudadanos de Malasia que estén en su territorio, un secuestro de Estado sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

La comunidad internacional no puede tolerar estos actos; menos aún que el régimen del que emanan adquiera un arsenal nuclear.

Corea del Sur y Japón están en la primera línea de fuego, pero el riesgo es mucho más amplio, toca la esencia de la convivencia global e incluye a la propia China. Por su interés nacional y peso global, Pekín debe hacer a un lado su actitud apaciguadora, que también es cómplice, y comportarse como la potencia responsable que presume ser.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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Eduardo Ulibarri

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Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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