Por: Ricardo González 29 junio, 2015

Don Omar es mi vecino, hombre justo, honrado y trabajador. Como buen costarricense, no se emociona con el pago de los impuestos, pero cumple sus obligaciones tributarias de la forma que él entiende es la correcta. Sus declaraciones anuales de renta las presenta y paga por sí mismo, sin la ayuda ni consejo de nadie más.

Hace tiempo que don Omar tenía un ahorro, producto de una herencia recibida de un familiar que vivía en otro país. El dinero estuvo invertido, pero el año pasado fue depositado en una cuenta bancaria recién abierta. Don Omar también constituyó una sociedad mercantil, con capital social de ¢10.000, pues quería comprar una casa nueva y un abogado le recomendó registrarla a nombre de una persona jurídica, para que no pudiera ser embargada por sus deudas personales.

Así, don Omar compró su casa a nombre de la empresa y también le obsequió un auto nuevo a su esposa doña Gabriela. Luego cerró la cuenta bancaría y descartó todos los recibos y comprobantes financieros; no le gusta guardar papeles. De verdad que el 2014 fue muy bueno para ellos.

Hace quince días, funcionarios del fisco lo visitaron. Le dijeron que había un problema con el pago de los impuestos de la sociedad dueña de la casa. El punto es que esa sociedad había sido fundada con ¢10.000 y en su primer año de existencia ya contaba con activos superiores a los ¢50 millones (valor de la casa) y que sobre ese incremento patrimonial no justificado no se había pagado el impuesto de renta. Don Omar intentó explicar la situación, pero la sociedad no lleva contabilidad, ni consta en ningún documento la razón por la que la empresa recibió el dinero o cómo se obtuvieron los fondos.

El complicado asunto se puso peor cuando los funcionarios de Hacienda le preguntaron a doña Gabriela sobre el vehículo y la razón por la cual no presentó declaración de renta el año pasado, pues era evidente que también tuvo un incremento patrimonial no justificado (el valor del auto adquirido de contado). Tampoco hay documentos para explicarlo.

Por falta de una adecuada asesoría contable y tributaria, este año no será tan bueno para don Omar y doña Gabriela.