Gran Bretaña parece estar asumiendo una línea más dura contra Rusia que otros países de la Unión Europea.

 16 marzo, 2015

Londres .-Incluso en tiempos normales en la industria del petróleo, los occidentales que hacen negocios con rusos pocas veces tienen una experiencia sin problemas. Sin embargo, dadas las sanciones occidentales y los precios ultrabajos, es un momento particularmente contencioso estar en tratos.

Solo hay que preguntarle a John Browne, el exjefe del gigante petrolero británico BP. El 2 de marzo, se convirtió en presidente ejecutivo de L1 Energy, una empresa controlada por el oligarca Mijaíl M. Fridman, el mismo día en que este amenazaba con demandar al gobierno británico. “Es un momento muy interesante para retornar a la industria energética”, señaló Browne en una entrevista.

Los funcionarios británicos tratan de sabotear el primer acuerdo de L1 Energy: adquirir RWE Dea, la unidad de petróleo y gas natural de la alemana RWE. La transacción de 5.000 millones de euros (o unos $5.600 millones) incluye activos británicos, y notablemente un campo de gas natural en el mar del Norte, llamado Breagh.

John Browne, expresidente ejecutivo de BP, dirige ahora la petrolera rusa L1 Energy. | HAZEL THOMPSON/THE NEW YORK TIMES
John Browne, expresidente ejecutivo de BP, dirige ahora la petrolera rusa L1 Energy. | HAZEL THOMPSON/THE NEW YORK TIMES

El gobierno objeta que Fridman y su compañía compren para tener acceso al mar del Norte porque, si él se volviese blanco de las sanciones, podría haber necesidad de cerrar los campos petrolíferos rápidamente, lo que es un riesgo ambiental y de seguridad.

Eso ya pasó antes. Se tuvo que cerrar un campo de gas en el mar del Norte, propiedad de la National Iranian Oil Co. y de BP durante cuatro años a partir del 2010 debido a las sanciones en contra de Irán.

Aunque Gran Bretaña carecía de la autoridad para bloquear la transacción, el ministro de Energía, Edward Davey, amenazó con forzar una venta de los activos británicos si las compañías procedían, lo cual hicieron el 2 de marzo.

Fridman y RWE trataron de apaciguar esas inquietudes ofreciendo segregar los activos británicos por medio de una fundación holandesa, y acordar que RWE las recuperaría si a Fridman o a su compañía los golpeasen las sanciones en el primer año. La concesión no aplacó a Gran Bretaña, que parece estar asumiendo una línea más dura contra Rusia que otros países de la Unión Europea.

Analistas dicen que, dado que aumentan las tensiones con el presidente Vladímir Putin por Ucrania y otros problemas, el gobierno del primer ministro David Cameron es renuente a permitir que negocios financiados por rusos adquieran activos energéticos británicos.

“El Reino Unido se está divorciando de diversos nexos con entidades rusas, así como de su penetración”, notó James Nixey, un analista de Rusia en Chatham House, un instituto de política.

Fridman no ha sido blanco de las sanciones, y es difícil decir si llegará a serlo. Comenzó en el negocio antes de que Putin llegara al poder en el 2000, lo cual lo coloca aparte del grupo de acaudalados hombres de negocios que hicieron su fortuna después de eso. Son los asociados a Putin los que afrontan sanciones en la Unión Europea y Estados Unidos.

Sin embargo, Fridman tiene antecedentes empresariales que al gobierno de Cameron le podría resultar difícil admirar.

Durante el reinado de Browne en BP, Fridman y él establecieron una empresa conjunta rusa, llamada TNK-BP, en el 2003. Era una sociedad forjada con tensión, batallas en la sala de juntas y luchas por el control que, en ocasiones, iban a parar a los juzgados. Analistas dicen que hay pocas dudas de que Fridman y otros socios de TNK contaron con el apoyo de organismos rusos regulatorios y las autoridades competentes.

Después de que Browne salió de BP, por ejemplo, hombres enmascarados, portando rifles de asalto, aparecieron en las oficinas corporativas de BP en Moscú. Una minoría de accionistas rusos había demandado a la sociedad TNK-BP, y las fuerzas de seguridad llegaron para ejecutar una orden de allanamiento.

Cualquiera que haya sido la base legal, la medida pareció ser una intimidación de Fridman y sus socios.

No fue sino hasta que se vendió TNK-BP a Rosneft, la compañía de energía paraestatal, en el 2013, que terminaron los pleitos entre TNK y BP.

“Los accionistas de TNK fingen que no están conectados al Kremlin, pero ¿de qué otra forma se puede explicar la ayuda que pareció que recibieron de las autoridades?”, manifestó Ilyá Zaslávsky, quien fue empleada de TNK- BP y ahora es consultora independiente en energía, con sede en Nueva York.

Con Browne, L1 Energy recibe a un ejecutivo curtido en batallas, que sigue las normas rusas, pero también es famoso por haber hecho de BP una de las compañía petroleras más grandes del mundo por medio de transacciones que empezaron con la adquisición de Amoco en 1998.

Browne planea utilizar el dinero de Fridman para aprovechar la caída de los precios y comprar compañías a precios bajos. En los últimos ocho años, Browne ha sido socio en Riverstone Holdings, una firma de capital privado. Notablemente, ha sido asesor del gobierno de Cameron, lo que, quizá, podría ayudarlo a resolver las inquietudes de Gran Bretaña sobre la transacción con RWE Dea.

Sin embargo, los acontecimientos del lunes no auguran nada bueno. L1, un consorcio de Fridman, le mandó una carta a Davey, el ministro británico de Energía, en la que ataca las razones para no aprobar la transferencia de activos del mar del Norte a RWE Dea, y advierte que demandar la venta a otro operador “sería perturbador”.

L1 dijo que “buscaría una revisión judicial” de cualquier decisión para obligar a una venta.