15 agosto, 2016

Trípoli. AFP. El gobierno libio de unidad nacional (GNA) intenta relanzar las exportaciones de petróleo para reactivar una economía agónica, pero las divisiones que socavan este país rico en hidrocarburos amenazan con torpedear su proyecto.

Cinco años después de la caída del dictador Muamar Gadafi, el otrora floreciente sector petrolero libio está en horas bajas, lastrado por las rivalidades políticas y los ataques del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Aunque Libia dispone de las reservas petroleras más importantes de África -estimadas en unos 48.000 millones de barriles-, es paradójicamente el miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que produce menos.

Un bombero lucha contra el fuego en la terminal petrolera de Al-Sedra, Libia. El gobierno busca reiniciar las exportaciones de crudo. | AFP
Un bombero lucha contra el fuego en la terminal petrolera de Al-Sedra, Libia. El gobierno busca reiniciar las exportaciones de crudo. | AFP

Entre 2010 y 2016, la producción de crudo cayó de unos 1,5 millones de barriles diarios a 300.000 barriles diarios, al igual que los ingresos por la venta de petróleo que pasaron de unos $50.000 millones como máximo a unos $4.000 millones este año, según fuentes del sector.

Pocos cargamentos de petróleo lograron abandonar los puertos libios estos últimos meses, una catástrofe en un país cuya economía depende principalmente de este hidrocarburo.

La mayoría de las terminales petrolíferas a orillas del Mediterráneo están bloqueadas desde hace años por la milicia de los Guardias de las Instalaciones Petroleras (GIP), dirigida por Ibrahim Jadhran, un hombre que desafía a las autoridades libias.

“Este bloqueo le cuesta $30 millones diarios a Libia”, alertó en abril Mustafa Sanalah, jefe de la compañía libia de petróleo, NOC.

En este panorama desolador, un rayo de esperanza apareció a finales de julio, cuando el gobierno de unidad nacional con sede en Trípoli alcanzó un acuerdo con los GIP para reabrir dos importantes terminales en Ras Lanuf y Al Sedra. Estas instalaciones, con una capacidad de 700.000 barriles diarios en conjunto, presentan daños provocados por el Estado Islámico.

Para alcanzar este acuerdo con la poderosa milicia, el GNA aceptó crear hospitales y escuelas, y pagar los salarios de los guardias. Paralelamente, la compañía nacional de petróleo anunció el 1.° de agosto que preparaban una reanudación regular de las exportaciones de crudo.

“Reabrir los puertos permitirá a la NOC iniciar los trabajos de reparación, pero esto llevará tiempo”, indicó Scott Modell, un experto en el mercado energético de Rapidan Group.

Los planes del GNA podrían verse frenados no obstante por las autoridades con sede en el este, que les disputan el poder y rechazan reconocer el gobierno de unidad de Trípoli.

Las autoridades con sede en Cirenaica (este) mantienen el control de sus regiones, con el apoyo de una parte del ejército libio dirigido por el general Jalifa Haftar.

El 26 de julio, las fuerzas del general Haftar amenazaron con atacar a los petroleros que acudieran a los puertos libios para negociar con el GNA.

Sus soldados iniciaron incluso un avance hacia la terminal de hidrocarburos de Zueitina, pero los guardias de las instalaciones dijeron estar dispuestos "a luchar". "No les permitiremos controlar los puertos", declaró a la AFP Ali al Hasi, su portavoz.

Preocupada por un eventual enfrentamiento, la NOC, con sede en Trípoli, urgió a ambos bandos a no destruir las infraestructuras de un sector vital para Libia.

Alemania, Francia, España, Estados Unidos, Italia y Reino Unido exigieron que el control de todas las instalaciones recaiga inmediatamente en el gobierno de unidad.

"Libia no podrá comenzar a exportar su petróleo (...) antes de restablecer la seguridad (...) con un ejecutivo fuerte y un ejército que extienda su autoridad en todo el territorio", indicó a la AFP un experto libio del sector energético, que pidió el anonimato.