Economía

La fijación con los ‘entitlements’

Actualizado el 21 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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La fijación con los ‘entitlements’

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Robert Samuelson, periodista.
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Robert Samuelson, periodista.

Abandonemos toda la idea de los entitlements . Eliminémosla. El entitlement se usa en Estados Unidos para describir beneficios y programas de ayuda social.

Los políticos, comentaristas y académicos que hablan de entitlements se verían, así, obligados a mencionar los programas reales y debatir sus méritos y desventajas. Por supuesto, por eso mismo no ocurrirá. Los norteamericanos no deseamos claridad ni franqueza en los debates fiscales.

Echamos la culpa a nuestros líderes por las reyertas presupuestarias, pero nos olvidamos de que nuestros líderes están gobernados, en gran medida, por la opinión pública, que está plagada de contradicciones.

Así pues, el Gobierno está abierto y la amenaza inmediata de un incumplimiento de pagos se ha disipado. Pero la parálisis política subsiste. Los norteamericanos se oponen a los gastos excesivos y a los déficits persistentes. Sin embargo, también apoyan los programas de beneficios, el principal de ellos, el Seguro Social, que producen gastos y déficits.

Génesis. Hasta los años 80, la palabra entitlement no formaba parte del lenguaje cotidiano. Ronald Reagan fue el primero en usarlo. Quizás se haya cansado de ser aporreado cada vez que mencionaba el Seguro Social y quiso una palabra neutral. Entitlement es un término anodino. Decir que hay un problema de entitlements evita, astutamente, conectarlo con programas que son populares. El presidente Obama habla evasivamente de entitlements de esa manera; también lo hacen los republicanos. Sus referencias veladas cubren Medicare y Medicaid y el Seguro Social.

Hay dos problemas con ese enfoque. Primero, es engañoso. El Seguro Social, Medicare (el seguro de salud para los ancianos) y Medicaid (el seguro de salud para los sectores de bajos ingresos) no son los únicos programas de entitlements .

A continuación presentamos una lista con 12 de los mayores programas de 2012:

1. Medicaid/CHIP: $63,2 millones.

2. Seguro Social: $55,8 millones

3. Medicare: $49,9 millones.

4. Estampillas para alimentos: $46,6 millones.

5. Nutrición infantil: $35 millones.

6. Préstamos universitarios: $11,3 millones.

7. Seguro de desempleo: $8,9 millones.

8. Ingresos de seguridad complementarios: $7,9 millones.

9. Compensación para veteranos: $3,8 millones.

10. Jubilación de funcionarios públicos: $ 2,5 millones.

11. Jubilación de miembros de las Fuerzas Armadas: $2,2 millones.

12. Subsidios agrícolas: $1,3 millones.

Nota : CHIP son las siglas en inglés de programa de salud para niños. La nutrición infantil se refiere, más que nada, a las comidas escolares subsidiadas. Los Ingresos de Seguridad Complementarios asisten a los ancianos, ciegos y discapacitados.

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Wendy James visita a su madre, Elaine, en un hospital en Nueva YorK, donde recibe atención por medio de  Medicare. | NIKO KALLIANIOTIS/THE NEW YORK TIMES
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Wendy James visita a su madre, Elaine, en un hospital en Nueva YorK, donde recibe atención por medio de Medicare. | NIKO KALLIANIOTIS/THE NEW YORK TIMES

Intocables. Hay superposición. La mayoría de los beneficiarios de Medicare recibe Seguro Social. Algunos desempleados reciben estampillas para alimentos. Tras eliminar el conteo doble, alrededor de la mitad de los hogares de Estados Unidos recibe algún tipo de beneficio federal.

Mitt Romney mencionó ese punto el año pasado y fue duramente criticado por parecer despreciar a los beneficiarios. Sin embargo, su gaffe , durante su campaña, ilustra un dilema político. Los gastos federales no pueden frenarse fácilmente sin controlar los programas de entitlements.

En 2012, solo el Seguro Social, Medicare y Medicaid representaron el 44% de los gastos; todos los programas de entitlements representaron el 63%. Pero es difícil controlar los programas de los entitlements, debido al gran número de beneficiarios.

El segundo problema es el siguiente: la manera casual en que los líderes políticos hacen referencia a los entitlements lleva a la gente a pensar que los programas de beneficios son legalmente intocables, por lo menos en cuanto a recortes, que las personas tienen derecho a ellos. El problema es que eso no es cierto; el concepto popular de un entitlement tiene poco sustento en la ley.

En un fallo de 1960, Flemming vs. Nestor, la Corte Suprema dictaminó que el Congreso puede alterar los beneficios del Seguro Social como le plazca. El tribunal dejó en claro en fallos posteriores, que el pago de los impuestos del Seguro Social no otorga ningún derecho contractual a los beneficios del Seguro Social, indica un informe del Servicio de Investigaciones del Congreso.

Legalmente, otros programas de entitlements son igualmente vulnerables.

Los ciudadanos se oponen a los gastos excesivos de gobierno y a los déficits persistentes. Sin embargo, apoyan los programas de beneficios.

El problema presupuestario radica en emparejar el apetito de los norteamericanos por los beneficios gubernamentales con su voluntad de pagar impuestos.

Toda la gama de programas gubernamentales e impuestos debería estar sobre la mesa. Al excluir casi dos tercios de los gastos –los programas de entitlements – el Congreso y la Casa Blanca aumentan las presiones para recortar los programas que no son entitlements y para aumentar los impuestos.

Estamos desplazando los programas de Defensa y programas internos (parques, el FBI, los Institutos Nacionales de Salud y otros) para salvar los entitlements . El llamado secuestro ordena recortes en todos estos programas.

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Parálisis. Por ese motivo sería mejor abandonar la noción de entitlements . Ha perdido su utilidad. No deben protegerse los programas contra una crítica constructiva y contra el cambio por estar escondidos tras una etiqueta obsoleta. Considerando la popularidad de la mayoría de los programas y sus grandes números de beneficiarios, no es probable, ni deseable, que se realicen cortes draconianos.

Pero en el curso de las décadas pueden obtenerse enormes ahorros provenientes de cambios modestos en los requisitos de habilitación y en los beneficios. Todas ellas podrían presentarse en fases, para que fueran más aceptables y menos perturbadoras para la economía.

Nuestra fijación con los entitlements tiene consecuencias trascendentales. La paralización persiste, porque sin concesiones demócratas sobre los entitlements , las concesiones fiscales de los republicanos son poco plausibles.

El ideal sería que el presidente procurara modificar la opinión pública enfrentando estas contradicciones. Sin embargo, ha hecho poco al respecto, dejando a la Casa Blanca y al Congreso en un estado de guerra perpetua.

ROBERT SAMUELSON inició su carrera como periodista de negocios en The Washington Post, en 1969. Además, fue reportero y columnista de prestigiosas revistas como Newsweek y National Journal.

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