Economía

El IMPA sobresale entre los centros de estudios más importantes a nivel global

En las colinas brasileñas emerge la excelencia en matemáticas

Actualizado el 08 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

Artur Ávila, de 35 años, ganó la Medalla Fields, considerada el Nobel de Matemáticas

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En las colinas brasileñas emerge la excelencia en matemáticas

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Hasta hace unas cuantas semanas atrás, pocos brasileños siquiera habían oído del Instituto Nacional de Matemáticas Puras y Aplicadas (IMPA), mucho menos los conceptos que se estudian en su interior.

Enclavado en un camino que serpentea a través de las boscosas colinas, el complejo está rodeado por árboles adornados con orquídeas. Académicos en los corredores murmuran no solo en portugués, sino también en ruso, francés y persa. Guardas a la entrada, sorprendidos ante visitantes que logran abrirse paso hasta el campus, los fulminan con la mirada.

Pero, entonces, uno de los investigadores del instituto, Artur Ávila, de 35 años, quien viste como un surfista de las playas de Río de Janeiro, estalló sobre el escenario nacional al ganar la Medalla Fields, a menudo considerada el Premio Nobel de matemáticas.

Si bien Ávila está adquiriendo fama personal, mucha gente también está dirigiendo la mirada al instituto, granjeándole mayor reconocimiento como una gema oculta que ha florecido en un país en desarrollo con una escasez de instituciones educativas de renombre mundial.

Dos estudiantes del Instituto Nacional de Matemáticas Puras y Aplicadas.   | ANA CAROLINA FERNANDES/THE NEW YORK TIMES
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Dos estudiantes del Instituto Nacional de Matemáticas Puras y Aplicadas. | ANA CAROLINA FERNANDES/THE NEW YORK TIMES

“El lugar es como un castillo en la jungla, notable en que está administrado para estar bastante exento de restricciones gubernamentales”, dijo Stephen Smale, de 84 años, profesor emérito del instituto.

En una reflexión de los vínculos que el instituto ha forjado con importantes universidades por todo el mundo, Smale notó que sus estudiantes de doctorado en Berkeley incluían a Jacob Palis, alguna vez director del instituto, y César Camacho, su actual director.

Este complejo, construido a finales de 1970 y comienzos de 1980 con pesadas cantidades de concreto reforzado, en un asentimiento a los sombríos estilos arquitectónicos que prevalecieron durante la dictadura de Brasil, tiene un estilo que resulta un tanto relajado.

Los estudiantes que vienen a estudiar aquí, algunos de los cuales vagan por los corredores con shorts y pantuflas, exudan un estilo similar al nerd como el de los que escriben código en Silicon Valley , la serie de comedia de HBO. Buena parte del instituto, conocido como IMPA, está extrañamente callado, a medida que los académicos dentro de sus confines exploran las fronteras de las matemáticas y la razón pura, a menudo sin concentrarse en cómo puede su conocimiento emplearse en el mundo real.

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“El IMPA es un ambiente en verdad exigente”, dijo Inocencio Ortiz, de 29 años de edad, estudiante paraguayo de doctorado que llevaba una camiseta de Led Zeppelin.

En años recientes, el instituto, que recluta a prometedores estudiantes de matemáticas en sus programas mientras algunos aún siguen en el bachillerato (como hizo con Ávila, quien recibió la Fields), ha mantenido una tasa de publicación entre su facultad que se compara favorablemente con grandes universidades de Estados Unidos como Princeton y Stanford.

Al mismo tiempo, no cobra cuotas escolares y ha apuntalado su posición en el mundo de las matemáticas atrayendo a estudiantes de doctorado y otros investigadores con salarios relativamente altos. Un investigador contratado en fecha reciente recibe alrededor de $6.000 mensuales, cantidad que sube durante el transcurso de un contrato de varios años.

“Todos en matemáticas conocen sobre el IMPA”, dijo Damien Lejay, de 25 años, aspirante francés a doctorado en matemáticas por la Universidad Pierre y Marie Curie en París, quien estará haciendo una investigación aquí durante dos meses. “A Brasil le gusta invertir dinero en matemáticas, en tanto la historia en Europa es diferente, una de recorte de fondos”.

Fundado en Río en 1952, el instituto sigue siendo mucho más pequeño que muchas universidades; pero califica entre los mejores institutos de matemáticas en el mundo en desarrollo. Su estructura administrativa cambió en 2000, permitiéndole seguir obteniendo la mayoría de sus fondos de fuentes públicas.

Con un presupuesto anual de alrededor de $13 millones, el instituto no requiere que los investigadores sean brasileños o siquiera hablen portugués, el idioma nacional de Brasil, centrándose más bien en la capacidad del candidato para conducir investigaciones matemática de vanguardia.

“IMPA es una de las islas de excelencia de Brasil, realmente en su propio idioma”, dijo Arminio Fraga, un ex presidente del banco central de Brasil que actualmente dirige su propia empresa de inversión y está entre los mayores donadores del instituto, apoyando la silla que tiene Ávila, quien ganó la Medalla Fields por su trabajo en una rama de las matemáticas llamada sistemas dinámicos.

Brasil hace alarde de otras organizaciones de investigación bien vistas, incluida Embrapa, pionero tropical de la agricultura que ha ayudado a convertir a Brasil en uno de los principales exportadores de alimento, y el Instituto Aeronáutico de Tecnología, una facultad de ingeniería inspirada en MIT que ha apoyado el crecimiento de Embraer, el gigante de la aviación brasileña.

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Sin embargo, otras instituciones educativas de Brasil han sido presionadas por agudas demandas sobre sus recursos, ejemplificado hace poco por una prolongada huelga en la respetada Universidad de Sao Paulo efectuada por profesores y empleados en contra de lo que administradores llamaron recortes necesarios a una inflamada burocracia.

El instituto de matemáticas marca un contraste incluso más intenso con el vapuleado sistema de educación pública de Brasil. La nación tiene un desempeño lamentable en dominio de matemáticas, con base en el Programa Internacional de Evaluación Estudiantil, la prueba estandarizada aplicada a estudiantes de 15 años de edad por la Organización para Cooperación y Desarrollo Económicos.

Buscando zanjar esa brecha, el instituto de matemáticas ayuda a organizar la Olimpiada Brasileña de Matemáticas cada año, competencia a lo largo la nación para estudiantes que involucra una serie de pruebas y un largo proceso de selección. A Ávila le ofrecieron una beca para IMPA después de obtener muy buenos resultados en la Olimpiada como estudiante de bachillerato a mediados de los 90, poniéndolo en la senda a la Medalla Fields.

Ávila, actualmente ciudadano dual de Brasil y Francia, divide su tiempo entre Río y París, donde es un director de investigación en el Centro Nacional de Investigación Científica. Cuando está en Río, a menudo se le puede encontrar ponderando problemas matemáticos mientras serpentea por la playa cerca de Leblon, el vecindario junto al mar donde vive.

“En Irán, hay un proceso paso a paso para obtener un doctorado, mismo que puede ser bastante rígido”, dijo Yadolá Zare, de 27 años, estudiante iraní de doctorado que llegó hace poco al instituto de matemáticas para lo que se prevé sea una estadía de cuatro años. “Una de las primeras cosas que noté aquí fue cuán flexible es, cómo somos arrojados a este ambiente y nos dicen: 'Bien, ahora depende de ti’”.

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