Economía

Tradición impositiva en Estados Unidos

Actualizado el 31 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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Tradición impositiva en Estados Unidos

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Paul Krugman, economista.
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Paul Krugman, economista.

Conforme la desigualdad se ha convertido en un asunto cada vez más prominente en el discurso estadounidense, se ha producido una furiosa réplica de parte de la derecha. Algunos conservadores argumentan que centrarse en la desigualdad es insensato, que poner impuestos a los ingresos altos, lesionará el crecimiento económico. Otros alegan que es injusto, que se debe permitir a la gente quedarse con lo que se gana. Y hay quienes claman que es algo que va en contra del ser estadounidense, que siempre hemos reconocido a aquellos que logran riqueza y que sugerir que algunas personas controlan una porción demasiado grande de la riqueza, viola nuestra tradición nacional.

Y están en lo cierto. Ningún estadounidense verdadero diría esto: “La ausencia de efectiva restricción estatal y, especialmente, nacional a la obtención injusta de dinero ha tendido a crear una pequeña clase de hombres enormemente ricos y económicamente poderosos, cuyo principal objetivo es mantener y aumentar su poder”, y agregar a esa afirmación un pedido de “un impuesto gradual a las herencias de grandes fortunas que aumentará rápidamente en cantidad de acuerdo con el tamaño de la herencia”.

¿Quién fue ese izquierdista? Teodoro Roosevelt, en su famoso discurso sobre el “Nuevo nacionalismo”, en 1910.

La verdad es que, a principios del siglo XX, muchos destacados estadounidenses advirtieron acerca de los peligros de la concentración extrema de la riqueza e instaron a que la política tributaria se utilizara para limitar el crecimiento de grandes fortunas. Este es otro ejemplo: En 1919, el gran economista Irving Fisher –cuya teoría de la “deflación de la deuda”, dicho sea, es esencial para comprender nuestros problemas económicos de hoy– dedicó gran parte de su discurso inaugural como presidente de la Asociación Económica Estadounidense a advertir contra los efectos de “una distribución antidemocrática de la riqueza”. Y habló favorablemente de propuestas para limitar la riqueza heredada mediante altos impuestos a las herencias.

Tampoco se quedó en las palabras la idea de limitar la concentración de la riqueza, en especial la riqueza heredada. En el libro que marcó un hito, Capital en el siglo XXI, el economista Thomas Pikkety recalca que Estados Unidos –que introdujo un impuesto sobre la renta en 1913 y un impuesto sobre la herencia en 1916– abrió el camino hacia el surgimiento de la tributación progresiva, adelantándose por mucho a Europa. Piketty llega hasta el punto de decir que la “imposición tributaria confiscatoria de ingresos excesivos” –es decir, los impuestos cuya meta era reducir las disparidades en ingresos y riqueza, más que recaudar fondos– era un “invento estadounidense”.

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Y este invento tenía profundas raíces históricas en la visión que Jefferson tenía de una sociedad igualitaria de pequeños granjeros. Volviendo al momento en que Teodoro Roosevelt hizo su discurso, muchos considerados estadounidenses cayeron en la cuenta de que no solo la desigualdad extrema le quitaba sentido a esa visión, sino que Estados Unidos corría peligro de convertirse en una sociedad dominada por riqueza hereditaria, que el Nuevo Mundo corría el riesgo de convertirse en la Antigua Europa. Y fueron francos al argumentar que la política pública debería buscar límite a la desigualdad, por razones tanto políticas como económicas, que la gran riqueza representaba un peligro para la democracia.

Entonces, ¿cómo es que tales puntos de vista no solo fueron sacados de la principal corriente de pensamiento, sino que se llegaron a considerar carentes de legitimidad?

Se cree que   un tercio de los 50 más adinerados en Estados Unidos heredaron grandes fortunas y otro tercio más tiene 65 años o más  y     dejarán grandes fortunas. El país camina hacia  una aristocracia de riqueza heredada.  |  ARCHIVO
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Se cree que un tercio de los 50 más adinerados en Estados Unidos heredaron grandes fortunas y otro tercio más tiene 65 años o más y dejarán grandes fortunas. El país camina hacia una aristocracia de riqueza heredada. | ARCHIVO

Veamos la forma en que se trataron la desigualdad y los impuestos sobre los ingresos más altos en la elección del 2012. Los republicanos promovieron la idea de que el presidente Obama era hostil a los ricos. “Si la prioridad de uno consiste en castigar a la gente altamente exitosa, entonces vote por los demócratas”, decía Mitt Romney. Los demócratas de forma vehemente (y apegada a la verdad) negaban tal acusación. Sin embargo, lo que Romney hacía en efecto era acusar a Obama de pensar igual que Teodoro Roosevelt. ¿Cómo es que eso se convirtió en un pecado político imperdonable?

Uno a veces oye el argumento de que la riqueza concentrada ya no es un asunto importante, porque los grandes ganadores en la economía actual son personas que han alcanzado el éxito gracias a su propio esfuerzo, que deben su posición en la parte más alta de la escalera a ingresos ganados, no a herencias. Pero ese punto de vista ha estado desactualizado durante más de una generación. Trabajo reciente de los economistas Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman encuentra que la porción de la riqueza en poder de los que están en la cima –el 0,1% de la población– se ha duplicado desde la década de 1980 y es ahora tan grande como era cuando Teodoro Roosevelt e Irving Fisher dieron a conocer sus advertencias.

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No sabemos cuánta de esa riqueza es heredada. Pero resulta interesante ver la lista de Forbes de los estadounidenses más ricos. Según mis cálculos, alrededor de un tercio de los 50 más adinerados han heredado grandes fortunas. Otro tercio tiene 65 años o más, por lo que probablemente dejarán grandes fortunas a sus herederos. No somos todavía una sociedad con una aristocracia de riqueza heredada, pero, si nada cambia, nos convertiremos en ese tipo de sociedad en el transcurso del próximo par de décadas.

En pocas palabras, la satanización de cualquiera que hable acerca de los peligros de la riqueza concentrada se basa en una mala interpretación tanto del pasado como del presente. Tal tema no es poco estadounidense, se apega en mucho a la tradición de este país. Y no es en nada irrelevante para el mundo moderno. Así las cosas, ¿quién será el Teodoro Roosevelt de esta generación?

Traducción de Gerardo Chaves para La Nación

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía del 2008.

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